archivo

Archivo de la etiqueta: Henri Langlois

 

Viene de aquí…

 

…pero siempre la necesito a ella, tengo que ver la nueva película de Chantal Akerman para saber cómo me sitúo con respecto a ella y ella con respecto al espectador que soy yo. A veces me he sentido más distanciado, otras más identificado, como en Toute une nuit. Es una de las películas que más me conmueven, con ese leit-motiv de los personajes que se pierden en la oscuridad de la noche, casi todas las historias acaban con esa imagen de una gravedad un poco terrorífica y constituyen el reverso de Charlot alejándose hacia el horizonte. Es también el final de J’ai faim, j’ai froid, la dos muchachas se pierden en la noche, y de los transeúntes de D’Est. Su soledad absoluta, casi su “status” de clochard, y que el tema de sus películas fuera verdaderamente el sustento, la comida –su relación casi patológica con la comida., como el hecho de que es errática y solitaria, son rasgos que hacen que le encuentre un lado chaplinesco.

Es una pena que no se programe ahora News from Home, porque abre muchas pistas de cómo relacionarse con las películas de Chantal Akerman; por ejemplo en ella crea algo que me fascina, y que yo llamo la “coreografía de la realidad”, que consigue mediante encuadres muy pensados de distintas calles y callejuelas de Nueva York, que tienen una belleza que enlaza con las mejores tomas de los Lumière, tal como comentaban Jean Renoir y Henri Langlois en la película sobre los Lumière que rodó Rohmer para al televisión. Y ver News from Home permitiría seguirle la pista hasta llegar ala coreografía de un musical como Golden Eighties. Si no, puede ser muy desconcertante que quién ha hecho Je, Tu , Il, Elle pase a hacer un musical. Y en J’ai faim, j’ai froid los diálogos tienen rimas y aliteraciones, y de ahí a que pasen a cantar no hay más que un paso. Los que no hayan seguido su trayectoria pueden creer que Golden Eighties es una concesión, que se ha “vendido”, cuando es un desarrollo de News from Home, porque Chantal es la mujer más libre que ha empuñado una cámara junto con Marguerite Duras. La verdad es que es asombroso que, partiendo de un cine doméstico e íntimo próximo al diario, al retrato y al autorretrato y a esta diversidad de géneros y registros, se haya abierto a una diversidad de géneros y registros, al documental, al musical, a la comedia, e incluso fuera del cine, la música, la danza, las instalaciones vídeo. Yo agradezco muchísimo los riesgos que ella ha asumido al abrirse, y me siento absolutamente solidario con sus traspiés, porque son fruto de un riesgo y una búsqueda, allí donde quizá Garrel se ha quedado más protegido. Su itinerario parte de la intimidad de una cocina y se abre a la Europa del Este, o la frontera de México y Estados Unidos, o el Sur, es curioso.

Es muy cineasta de cineastas. Una película como Toute une nuit, que apenas tiene diálogos, con un montaje de sonidos de los más expresivos que recuerdo, te muestra el máximo partir del mínimo: un encuadre, un pequeño gesto, la inmovilidad de una persona. A los cineastas nos gusta muchísimo inventar  historias, y una de las cosas que más me conmueven es esa capacidad para dar un simple esbozo, pero un pequeño trazo perfecto que deja un espacio de sugerencia a partir del cual yo proyecto toda al historia que no necesito que me cuenten entera y en detalle. Son películas que piden un espectador-cineasta, por así llamarlo, que deben ser completadas, que esperan que el espectador aporte su mirada y prolongue las pistas muy precisas que nos da. Todos los cineastas, cuando estamos haciendo una película, la cuestión que siempre nos planteamos es: ¿Cuándo estoy dando demasiado, y cuando demasiado poco? Siempre nos debatimos con esa cuestión. Chantal Akerman me da exactamente lo que necesito, y no me da más. Después de ver Toute une nuit, tengo la sensación de que podría escribir cuatro o cinco películas que están apuntadas, sugeridas; los espacios, tiempos, gestos, actitudes que me da son tan sugerentes que esas otras películas posibles están virtualmente latiendo en ella. Es, además, probablemente la película con más abrazos de toda la historia del cine, unos abrazos de una desesperación y una violencia que me remiten a la desesperación y una violencia que también había en otro cineasta de aquella época que para mí ha sido fundamental, Jean Eustache. Es curioso que el final de La Maman et la Putain pertenece a la misma familia que el de Je tu il elle, hay un eco que real, ambas acaban con el cansancio que produce toda esa desesperación, aunque Akerman ha conservado una candidez que hace posible que sus personajes, a veces, se echen a cantar.

Fin de la primera parte…

 

 

José Luis Guerín, Miguel Marías, 17 de enero de 2005.

Chantal Akerman, Philippe Garrel, Marguerite Duras y Jose Luis Guerín (Correspondecias) en Tienda Intermedio DVD

.

Acontece a veces, en el curso de la proyección de un filme antiguo, que una risa irresistible actúa sobre tí como un conmutador. Te hace súbitamente ver la imagen con ojos de otro y, a pesar de toda tu admiración por el trabajo de un realizador, de toda tu admiración ante el arte de un intérprete, una risa loca se apodera de ti porque comprendes que lo que te parece sublime es tan insólito como una aparición de carnaval a la salida de la fábrica Renault.

Acontece también que el azar coloca cara a cara, en la esquina de una calle, a un canapé Duquesa en el escaparate de un anticuario y a un joven obrero. El obrero se ríe del canapé por parecerle grotesco con sus rotundidades, sus entrelazados, sus conchas, y extraño al universo que es nuestro y el suyo.

Su ojo es virgen.

Es esta ingenuidad del ojo, junto a una honestidad total en lo que reside la fuerza de Franju.

Le basta con mirar y captar lo que ve.

Todos los cineastas interpretan, él se contenta con desnudar al objeto, arrancarle el barniz del hábito y revelárnoslo.

Así es como, revolucionario a su pesar, panfletario sin saberlo, descubriendo una realidad que, con todo candor y en todas las ocasiones se esfuerza por restituir a su objetividad, Georges Franju se pasea con la inocencia del pillastre del cuento de Andersen, que veía que el rey estaba desnudo y no se inquietaba por decirlo.

Por eso es el único director insólito de este tiempo.

El único también, después de Vigo, en someter el objetivo a su visión, en quitarle toda participación involuntaria.

La obra de Franju no puede sino entusiasmar a quienes les encanta el poder que da ver a los seres y las cosas tal como son, despojados del blanqueo de la tradiciones y de las convenciones.

No puede sino espantar a los espíritus convencionales que atribuyen a Franju todas las malas intenciones del mundo, que él no tiene. Su obra tiene una profunda realidad, un lirismo, una grandeza y una serenidad hasta en la violencia: porque ve claro, porque su mirar es virgen, porque ninguna influencia exterior, ninguna incertidumbre exterior, alteran nunca el rigor de su maestría, la permanencia de su estilo.

.

.

Recogido en Georges Franju Cuadernos Semanautor en colaboración con Filmoteca Española, 1988,

Era el “viejo” de los Cahiers. Tartamudeaba, amaba los animales y murió con cuarenta años. Sabía compartir su pasión por el cine. Se llamaba André Bazin, crítico francés, y un americano de Iowa ha contado su vida. 

Los malos cineastas (es triste para ellos) no tienen ideas. Los buenos cineastas (es su límite) tienen más bien demasiadas. Los grandes cineastas (sobre todo los inventores) no tienen más que una. Fija, les permite mantener la ruta y hacerla pasar por un paisaje siempre nuevo e interesante. El precio a pagar es conocido: una cierta soledad. ¿Y los grandes críticos? Es lo mismo, salvo que no los hay. Pasan (de largo, de moda, tras la cámara), arrasan y, para terminar, cansan. Todos, salvo uno. Entre 1943 y 1958 (año de su muerte: no tenía más que cuarenta años), André Bazin fue ese único. Junto con Henri Langlois fue el otro gran cineasta “bis” de su época. Langlois tenía una idea fija: mostrar que todo el cine merecía ser conservado. Bazin tuvo la misma idea, pero al revés: mostrar que el cine conservaba lo real y que antes de significarlo o de parecérsele, lo embalsamaba. No faltaron metáforas lo suficientemente bellas ni macabras para decirlo: máscara mortuoria, molde, momia, huella, fósil, espejo. Era un espejo singular “cuyo azogue retendría la imagen”. André Bazin es un poco “en busca del azogue perdido”.

Algo corría el riesgo de desaparecer en esta búsqueda de toda una vida: el buscador mismo. Citado, estudiado, traducido, refutado, beatificado, es cierto, pero cada vez menos situado, como se dice vulgarmente, “en su contexto”: André Bazin, el hombre. Con el libro de Dudley Andrew, responsable del departamento de cine de la Universidad de Iowa, es cosa hecha. Debidamente prologado (por Truffaut) y epilogado (por Tachella) se trata de una biografía intelectual de Bazin y de una tentativa (americana, plena de seriedad universitaria) de trazar un panorama más útil que nunca: el de la vida de las ideas (sección: crítica de cine) en la Francia de la posguerra. Un momento en el que Bazin fue al mismo tiempo heredero y precursor, figura de proa y transmisor.

¿De qué heredaba exactamente? De una infancia estudiosa (nacido en Angers, primeros estudios con los religiosos, en La Rochelle), de un gusto precoz por la lectura y por los animales, de una carrera aparentemente trazada de maestro (Ecole Normale de St-Cloud) y de influencias entonces inevitables: un Bergson en final de carrera, Du Bos, Péguy, Béguin y Mounier (Fundador de Esprit en 1932). Todo esto es muy católico, sí. Pero muy “social” también. Son Mounier y la idea de la “orientación propia” o del “otro desconocido” los que retienen la atención de Bazin estudiante. Es el ejemplo radical de militantismo cristiano de Marcel Legaut el que le impresiona. Son los textos de Roger Leenhardt sobre el cine (en Esprit) los que le impresionan en un momento en el que todavía no ha optado por el cine. Eléctrico, parlanchín, bohemio, no sabe todavía para qué grandes cosas ha nacido. Dicho esto, no le gusta la mediocridad.

Continuará… 

Original en Ciné journal, volume II / 1983-1986, Serge Daney

Traducción Pablo García Canga

 

Viene de aquí.

 

En uno de los episodios Serge Daney le dice que su generación, la de la Nouvelle Vague, estaba destinada a hacer una historia del cine.

Estábamos en la mitad del siglo y en la mitad del cine. Por lo tanto, podíamos mirar al mismo tiempo hacia atrás y hacia adelante. Hoy más bien avanzo retrocediendo hacia el futuro, pero avanzo hacia atrás de buena gana. Hice una ecografía de la Historia a través del cine. Gracias a su materia, que es a la vez el tiempo, la proyección y el recuerdo, el cine puede hacer una ecografía de la Historia haciendo su propia ecografía. Y dar una vaga idea del tiempo y de la historia del tiempo. Porque el cine es tiempo que pasa. Si empleáramos los medios del cine -que está hecho para eso-, obtendríamos un pensamiento que permitiría ver las cosas. Pero no queremos hacerlo, preferimos hablar y tener sorpresas desagradables. El hombre es un animal particular al que le encanta vivir en la desgracia, que se llena de chocolate para estar enfermo cuando se siente bien. Así como el psicoanálisis -que nació al mismo tiempo- es un modo de decir , el cine es un modo de ver. Y ninguno de los dos han sido tenidos en cuenta por el pensamiento moderno. Se dice que están pasados de moda. En el cine el documental fue muy pronto abandonado en provecho de la ficción, ¡y de qué ficción! Y así se empobreció. El cine debería ser una herramienta visual, para mirar en vez de hablar. Pero la gente no quiere eso… Todo esto conduce necesariamente a una catástrofe.

 

¿Cuándo empezó el proyecto de las Histoire(s) du cinéma?

Es una idea que el 75-76 le propuse a Langlois, director de la Cinemateca. Al mismo tiempo le propuse dinamitar la Cinemateca, conservando dos o tres películas, para que quedara como elq ue as salvó del desastre. Bajo una forma imaginara eso se transformó en los programas y los libros: Hay que quemar las películas -con el fuego interior, por supuesto. Langlois iba a dar cursos en Montreal y cuando murió los canadienses me propusieron reemplazarlo. Así nació el primer libro, Introduction à une veritable histoire du cinéma: la transcripción de los cursos que di frente a dos o tres desgraciados. Después traté varias veces de poner los ocho programas en marcha. Ya tenían los mismos títulos, sin que supiera qué iba adentro. Pero los títulos quedaron y me ayudaron con la clasificación: ocho carpetas para ocho programas.

 

¿Considera que el proyecto está definitivamente terminado?

Podría durar eternamente…Pero en algún momento hay que poner el punto final, si no puede durar treinta años. Además, mi material se volvió obsoleto, son películas artesanales, con imágenes que ya tienen varias generaciones y que apenas se reconocen. No son malas reproducciones, sólo recuerdos de emociones respetuosos frente a la obra. La comparación y la metáfora son los medios científicos y sencillos, adecuados tanto tanto para los programas como para los libros. Porque toda imagen es una metáfora. Y el cine, incluso hoy, es profético, predice y anuncia las cosas -más allá de que la película sea buena o mala.

 

¿Qué status jurídico tienen para usted las películas, los textos o las pinturas que utiliza?

Cuando usan mis imágenes de Brigitte Bardot desnuda en el desprecio para hacer una publicidad sin mi autorización, les hago juicio, porque están explotando las imágenes y por lo tanto tienen que pagar. Si uno extrae algún provecho artístico o comercial hay que pagar. Si Baudelaire estuviera vivo hubiera tenido que pagarle el fragmento de el viaje que usé: hubiera sido normal y moral. Como con Belhaj Kacem, que es pobre: le pagamos su fragmento casi diría demasiado caro, pero normal. El límite es difícil de determinar. En cada caso hay que interrogar la honestidad moral del artista en relación con eso, ver lo que saca de ahí, si cita porque es incapaz de escribir algo propio. Yo tomé un fragmento de Elie Faure, cambiando la palabra “Rembrandt” por la palabra “cine”, pero no siento que lo haya explotado, sino que lo incorporé a una historia de la que forma parte, le devolví los intereses de lo que recibí de él. En literatura el derecho de citar permite citar x cantidad de líneas; en música tantos compases. Pero en el cine está el copyright y listo, no hay  ningún derecho de cita. Pienso que Gaumont se equivoca cuando pone un ejército de abogados a negociar los derechos de los fragmentos que usé. Tienen miedo de dar un paso en falso, que apliquen el mismo razonamiento con sus propios archivos. No es Hitchcock pensando en pedirme plata por el plano de una niña tirada en el suelo de Los pájaros, porque forma parte de mi familia y en un momento lo reconocí… Lo que tengo en común con los pintores es que siempre vendí mis pinturas para seguir haciendo otras o para pagar este cuarto. No pude conservar ninguno de mis derechos. Esta vez Gaumont compró mis telas. lo único que puedo lamentar es que no las muestren de vez en cuando.

 

Continuará…

 

 

Entrevista Frédéric Bonnaud y Arnaud Viviant. Recogida en Los Inrockuptibles edición argentina, noviembre 1998.

Jean-Luc Godard en Tienda Intermedio DVD. 

Viene de aquí.

Harry Fischbach: Porque se oye a menudo: “Godard ha dejado de hacer cine, se he retirado sólo.”

Henri Langlois: Nunca ha dejado de hacer cine. Sólo se las han arreglado para que sus películas sean invisibles. Es muy diferente. Se las han arreglado… para cortarle -si queréis- de las posibilidades. Nunca ha dejado de hacer cine. Ha trabajado sin cesar.

Vive en una especie de laboratorio comparable -bajo otra forma, con otras concepciones- al laboratorio que tenía Andy Warhol, ¿comprendéis? Es lo mismo, son gente que vive perpetuamente, Andy no sólo en el cine, y Andy, esto… Godard total y permanentemente en la imagen animada.

Son verdaderamente dos laboratorios experimentales fabulosos, salvo que el de Godard está enteramente orientado al cine. Y con la diferencia de que, como Godard es un personaje que ha rechazado a todo el sistema, pero no el sistema, si queréis… Hay dos maneras de rechazar el sistema: llegáis y decís: “Rechazo el sistema”  y llegáis introducido por el sistema, invitado por el sistema, con los hoteles, las habitaciones pagadas por el sistema, y decís: “estamos contra el sistema”, bueno…

Y Godard está de verdad contra el sistema. Es por eso que está reducido a tal estado de… que decís, supuestamente, que no es accesible. No está fuera del sistema. Está dentro del verdadero sistema, esa es la diferencia, al igual que Warhol está en el verdadero sistema. El sistema, es la vida.

Hay que estar vivo. Encerrarse en el sistema es dejar de estar vivo. Conozco a gente que pretende estar fuera del sistema. ¿De qué manera se ha puesto fuero del sistema? Como los magos, ¿sabéis? Ha hecho… Se han puesto en el centro, han trazado un círculo alrededor suyo y han dicho… han invocado al demonio. Y entonces ya no pueden salir de ese círculo, están prisioneros de ese círculo, y están rodeados por el demonio y dicen, “¡Somos nosotros!” ¿Nosotros qué?”

Porque la vida, está fuera del círculo. La vida son los árboles, son las plantas, son los seres humanos, es esto. Y si veis bien a Godard, si veis bien a Warhol, están de lleno en la vida, los dos. Es lo que llamo el cine en libertad. Es un cine que no tiene miedo de fallar en algo y aún así mostrarlo.

Si una imagen vira como en una película de Warhol porque llegamos al final y queda… Lo que importa, es lo que es.

Fragmento de una serie de entrevistas a Henri Langlois realizadas por Harry Fischbach para TV Ontario y tituladas “Hablemos de cine o las anti-clases de Henri Langlois“. Recogida en Jean-Luc Godard, Documents, editado por el Centre Pompidou

Godard en Tienda Intermedio DVD.

Henri Langlois: Tenéis a dos hombres, actualmente, que representan lo que llamo la libertad del cine. De la Nouvelle Vague han quedado autores. Todos los movimientos terminan con autores, con individuos.

Hay algo completamente nuevo, comprendéis. La Nouvelle Vague fue, como ya lo he dicho, el regreso de la juventud, de acuerdo. Pero no sólo en Francia, es el mundo entero. En América tenéis un movimiento paralelo, diferente, que se ha refugiado en el 16mm, en el super 8.

Pero tenéis, si queréis, dos hombres, en mi opinión, que dominan no el futuro, porque el futuro… Piensan ya en el presente, así que toda persona que piensa en el presente vive también en el futuro. No es gente que está por llegar, no voy a deciros: “Eh, ahí, en un sótano, hay un señor de tal que en uno o dos años ya veréis…”. No, hablemos de cosas que todo el mundo sabe.

Un día oí a Picasso decirle a alguien, hablando de Van Gogh: “El hombre que nos enseñó a pintar mal.” Pues bien, el hombre que nos he enseñado a hacer mal las películas se llama Andy Warhol.

Andy Warhol pasa. Lo que importa es lo que hay en la película. Que de pronto, cuando llegamos al final de la película, haya habido de pronto cuatro cosillas…

Si queréis ha comprendido que en una época que es sobre todo…-Ya sea en Hollywood, ya sea en Francia o en cualquier otro lugar- una época dominada por una especie de perfección puramente… cómo decir… formal: una perfección sin travellings temblorosos, cosas así… A él le da igual. Lo que cuenta, es lo que se dice, no es, no es… Por lo tanto, si hay manchas de tinta en la página, lo que cuenta… es lo que cuenta. Por lo tanto esa es la primera libertad.

Harry Fischbach: Bueno, ese es Andy Warhol, el americano.

Henri Langlois: Americano. Y luego tenéis a otro hombre que nos enseñó otra forma de libertad. Godard fue primero, en el pasado, el hombre que tuvo el valor….

(Continuará…)

Fragmento de una serie de entrevistas a Henri Langlois realizadas por Harry Fischbach para TV Ontario y tituladas “Hablemos de cine o las anti-clases de Henri Langlois“. Recogida en Jean-Luc Godard, Documents, editado por el Centre Pompidou

Godard en Tienda Intermedio DVD.

 

En otoño de 2009 la Tate Modern le dedicó una retrospectiva a Pedro Costa. Para la ocasión, aparte de sus películas, este programó una pequeña carta blanca. (Que tiene un punto en común con la que ya habíamos publicado de Carax, y otro con la de Marker. ¿Pasajes secretos?)

 

Itinéraire de Jean Bricard

Jean-Marie Straub y Danièle Huillet, France 2008, 40 min

Sicilia!

Jean-Marie Straub y Danièle Huillet, Italy/France 1999, 66 min

¿Qué se puede decir de las películas de Jean Marie y Danièle. Nos hacen sentir que el cine todavía merece la pena.

Pedro Costa

 

The Struggle

DW Griffith, USA 1931, 84 min

En estos tiempos difíciles debería de ser una obligación: 90 minutos más de Griffith en una sala de cine es igual a noventa minutos menos de mierda abstracta en la pantalla.

Pedro Costa

 

Puissance de la Parole

Jean-Luc Godard, France 1988, 25 min

Beauty #2

Andy Warhol, USA 1965, 66 min

Recuerdo a Langlois diciendo que Godard y Warhol nos habían enseñado a no hacer películas. Estos dos nos dan luz, sin duda.

Pedro Costa

 

Le Cochon

Jean Eustache, France 1970, 50 min

Routine Pleasures

Jean-Pierre Gorin, USA/UK/France 1986, 81 min

Como un caramelo en una tienda, como un paseo por el campo el domingo, como una buena novela de misterio, dos maravillosos regalos de Eustache y de Gorin para disfrutar y estar agradecido.

Pedro Costa

 

(Nota: la película Le cochon suele figurar como codirigida con Jean-Michel Barjol y el propio Eustache así lo señalaba.)

 

 

Pedro Costa en Tienda Intermedio DVD

Godard y Gorin en Tienda Intermedio DVD

Straub/Huillet en Tienda Intermedio DVD

A %d blogueros les gusta esto: