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Archivos Mensuales: noviembre 2013

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Ayné, espejo, es el título de la película que hizo Jafar Panahi en 1997. Acusado de propaganda subversiva por sus films, Panahi fue condenado en 2011 a 6 años de cárcel y a la prohibición de ejercer su oficio y hacer declaraciones durante 20 años.

Mientras esperaba el resultado de la alegación presentada por su abogado, una mujer, Panahi llamó al documentalista Mojtaba Mirtahmasb para que le filmase mientras leía el guión de una película, prohibida por la censura, en la que una joven intenta escapar de su casa donde está recluida por su padre, que no le deja ir a la capital a estudiar Bellas Artes. Esta filmación de Mirtahmasb, con Panahi de actor, acaba de de ser editada en DVD en Francia e Inglaterra con el título de Ceci n’est pas un film, This is Not a Film.

 El guión que lee Panahi refleja, como un espejo, su propia situación: encerrado en su casa por el padre estado (pocos meses después, el tribunal confirmaría las penas, sustituyendo los 6 años de cárcel por 6 años de reclusión domiciliaria). La misma materia fílmica de This is Not a Film también es un espejo, que repite reflejados, a lado y lado, a Mirtahmasb filmando a Panahi, y a Panahi filmando a Mirtahmasb con su iPhone. El reflejo se vuelve a dar entre los otros dos actores, Igi, la iguana de la hija de Panahi, y Mickey, el perro de una vecina, espejo uno de la otra: la una, fea y desordenada pero finalmente seductora; el otro, inicialmente simpático pero histérico, insoportable, que se pone a ladrar cuando ve una cámara, como haría un policía. Y lo mismo pasa con el espacio: el interior de la casa, sobrexpuesto de iluminación; el exterior de la ciudad, oscuro, nocturno, tomado por la Fiesta del Fuego, celebración preislámica, zoroástrica, que ve cómo la noche revienta de fuegos artificiales y hogueras en la escena final, introducida por el sonido de gritos, truenos y sirenas, que hacen pensar, antes de que se vea el cielo iluminado, en enfrentamientos entre la población y la policía: en 2011 la fiesta se había prohibido.

 Espejo también entre This is Not a Film y Ayné, entre Panahi y Mina, la protagonista de Ayné; Panahi no puede dirigir y quiere hacer de actor. Mina no quiere hacer de actriz y quiere dirigirse a sí misma. Ayné cuenta el viaje y las aventuras de Mina, una niña de siete años que no encuentra a su madre al salir de la escuela, y decide volver sola a su casa, atravesando todo Teherán, como una moderna y pequeña Ulises. Ayné es un espejo que da la imagen de la metrópoli iraní; un espejo en cuyo interior se encuentran también los espectadores iraníes del film, que oyen en las radios la retransmisión del partido de fútbol Corea del Sur-Irán (2-6), en la Copa de Asia, jugado el 16 de diciembre del 96, un partido que todo el país vivió. Ayné es un espejo, sobre todo, porque la película tiene dos partes simétricas: la narración se interrumpe a la mitad y vuelve a empezar, hacia atrás, en la escena culminante en la que Mina se niega a seguir actuando, a decir lo que le obligan a decir, a vestir como le obligan a vestir, se quita el hiyab en plena calle (¡en plena calle!) y deja la película.

 El azar, o la necesidad, ha hecho que la editora francesa de Ceci n’est pas un film sea www.potemkine.fr. Porque, si hay dos obras hermanadas por un espejo, ésas son Acorazado Potemkin y Yahné. Se ha señalado que el Potemkin es, también, la revuelta de unos niños grandes que no quieren comer. No me alargo. Dominique Fernandés lo ha hecho en Eisenstein, l’arbre jusqu’aux racines (1975), mostrando la presencia de niños maltratados, en revuelta y finalmente redimidos a lo largo de todo el cine de Eisenstein.

El espejo ha sido un territorio privilegiado que ha acompañado la aparición de la sensibilidad moderna. Espejo físico y mental en la pintura de Diego Silva Velásques; espejo que sostiene Hamlet en la mano, con la calavera de Yorick, donde ve reflejada toda su vida, pasada y futura; espejo entre las dos partes del Quijote, donde los personajes del segundo libro han leído el primero, espejo entre los personajes y los lectores reales, que también lo han leído. El arte moderno no ha sido una ventana para mirar el mundo, sino un espejo que le hace al espectador verse mirar.

Espejo, máquina misteriosa: quien ante un espejo levanta el brazo izquierdo, ve al otro lado del espejo a alguien que levanta el brazo derecho. Quien ponga ante el espejo la huelga de los trabajadores madrileños de la limpieza urbana, verá aparecer al otro lado del espejo la huelga de los maestros mallorquines. Una victoria y una derrota. Una huelga llevada con pragmatismo, inteligencia y decisión, con sentido de clase; la otra con grandilocuencia, retórica y simbolismo. La huelga obrera ha sido un primer paso. La huelga escenografiada ha sido el límite máximo al que puede llegar la pequeña burguesía mallorquina.  

ImagenTraducción: Manuel Asín

 

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Al amparo de una festividad festivalera que discurre entre entre los flancos del Casino de Estoril y la capital, y bajo la batuta del incansable emprendedor Paulo Branco, las comillas del “cine” se han aliado a las de la “literatura” y demás residuos de las “animaciones culturales”, para promover una “lectura de poemas” de João César Monteiro (sin avisar al hijo del mismo que es quien detenta los derechos de autor del poeta-cineasta).
El expolio, consumado furtivamente, tiene su razón de ser: de haber solicitado autorización para tal “momento de arte” la respuesta habría consistido apenas en una palabra: No. Y así es, o fue, como la desfachatez ganó por derecho a la decencia y al derecho.
Pero lo peor está por llegar. Y es que en la lista de los “eventos” que completan el ostentoso barullo de las luces “cinematográficas”, se insiste en el ítem João César Monteiro al hilo del “homenaje” por los 10 años transcurridos desde su fallecimiento, ahora a cargo de un ministro, rodeado por numeroso séquito hemicíclico, que leerá una carta de César ante un organismo estatal y quién sabe sabe ante quién más del mismo jaez y aviesa intención. Que “ellos” se lo comen todo está en la canción y en la sabiduría popular por (forzada) experiencia propia. Pero “que no dejen nada” ya es discutible. Porque dejan: dejan un rastro repulsivo que suma al abuso puro y duro el objetivo subyacente de blanquear, neutralizar, festivalizar el furor de intervención, manifiestamente antisistema, del cineasta, puesto así a merced de homenajeadores caníbales.
A tiempo, habría que apelar a la cara a la vergüenza de los responsables de la cosa, obligándoles a cancelar el vilipendio y a que se queden quietitos y vean las películas.
Pero abandonemos toda esperanza. Como el concurso de un ministro lo es todo, el evento se llevará a cabo, sin que el viento se levante.
Que entretanto quede expreso, por este medio, aparte de la elemental indignación, nuestro más firme repudio a una acción “política” a todo título repugnante.

Manoel de Oliveira, Herberto Helder, Manuel Gusmão, Pedro Tamen, Maria Velho da Costa, Armando Silva Carvalho, Manuela de Freitas, José Mário Branco, Alberto Seixas Santos, Pedro Costa, João Queiroz, Rui Chafes, João Fernandes, Vitor Silva Tavares, Margarida Gil, João Pedro Monteiro Gil.

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Maya Deren 0

El mayor obstáculo para los cineastas amateurs es su propio sentimiento de inferioridad vis-à-vis con las producciones profesionales. La propia clasificación “amateur” tiene un timbre apologético. Pero la propia palabra –del latín “amateur”– “amante” significa alguien que hace algo por amor a la cosa más bien que por razones económicas o por necesidad. Y este es el significado por el cual el cineasta amateur debe tomar su camino. En lugar de envidiar el guión y los escritores de diálogos, los actores entrenados, los equipos elaborados y los sets, los enormes presupuestos de producción de los films profesionales, el amateur debe hacer uso de la gran ventaja que todos los profesionales le envidian, llámese libertad –tanto artística como física.

Libertad artística significa que el cineasta amateur nunca es forzado a sacrificar el drama visual y la belleza a una corriente de palabras, palabras, palabras, palabras, a la incesante actividad y explicaciones de un plot, o al despliegue de una estrella o del producto de un patrocinador; de la producción amateur no se espera que retorne utilidades sobre una gran inversión manteniendo la atención de una audiencia masiva y variopinta por 90 minutos. Como el fotógrafo amateur el cineasta amateur puede dedicarse a la belleza y la poesía de lugares y eventos y, desde que usa una cámara de cine, puede explorar el vasto mundo de la belleza y el movimiento… En vez de tratar de inventar un plot que mueva, usa el movimiento del viento o del agua, los niños, la gente, elevadores, pelotas, etc., como un poeta las celebraría. Y usa su libertad para experimentar con ideas visuales; sus errores no harán que lo despidan.

Libertad física incluye libertad de tiempo –libertad de los plazos impuestos por un presupuesto. Pero sobre todo, el cineasta amateur, con su pequeño, ligero equipo, tiene una inconspicuidad, y una movilidad física que es la envidia de la mayoría de los profesionales, cargados como están por sus monstruos de muchas toneladas, cables y equipos. No olvides que no hay trípode construido que sea tan milagrosamente versátil en movimiento como el complejo sistema de soportes, articulaciones, músculos y nervios que es el cuerpo humano, el cual, con un poco de práctica hace posible una enorme variedad de ángulos de cámara y acción visual. Tú tienes todo esto y un cerebro también, en un solo, compacto, empaque móvil.

Las cámaras no hacen films. Los cineastas hacen films. Mejora tus films no añadiendo más equipo y personal sino usando lo que tienes a su total capacidad. La parte más importante de tu equipo eres tú mismo. Tu cuerpo móvil, tu mente imaginativa, y tu libertad para usar ambos. Asegúrate de usarlos.

Maya Deren, Film Culture, Invierno de 1965.

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