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Lanzamientos

Amistad Estampa

 

“Me gustó lo que escribiste, Sam, de verdad que me gustó. Lo aprecié mucho». Lo decía un hombre que una y otra vez, a lo largo de los años, cuando acababa de leer una escena con la que yo me había deslomado, comentaba: «Sí claro, está bien. Pero bien no es suficiente, ya lo sabes. Para nosotros tiene que ser genial». Y esto le había «gustado», lo había «apreciado». Era siniestro. Era irónico. Este hombre me odiaba.”

 

Samson Raphaelson había escrito con Ernst Lubitsch ocho películas, sin embargo nunca había tenido la sensación de conocerlo realmente. ¿Eran amigos o tan sólo colegas de trabajo? No habría podido decirlo.

Hasta un día de 1943. Lubitsch sufrió un ataque al corazón y todo Hollywood creyó que había muerto. Conmocionado, Raphaelson dictó a su secretaria un elogio fúnebre. Y entonces surgieron todas las palabras que nunca le había dicho en vida. Sí, lo apreciaba. Sí, eran amigos.

Pero Lubitsch no había muerto. El manuscrito quedó oculto en un cajón.

Pasaron los años, las películas, las ocasiones de decir lo que nunca se habían dicho. Todo volvió a la normalidad. Pero cierta tarde de 1947 (habían terminado un guión, nunca volverían a verse), Lubtisch se dirigió a Raphaelson de modo más íntimo de los habitual. “Por cierto, Sam, he oído que escribiste algo hace unos años cuando estuve enfermo…Samson Raphaelson se quedó de una pieza. Empezaba la hora más extraña y embarazosa de su vida.

 

Samson Raphaelson: Escritor y guionista norteamericano nacido en Nueva York en 1896. En 1927 su obra de teatro El cantor de Jazz se convierte en la primera película sonora. En 1930 escribe su primer guión para Ernst Lubitsch, con quién volverá a trabajar en ocho ocasiones (entre otras Un ladrón en la alcoba,El bazar de las sorpresas El cielo puede esperar). También escribe Sospecha para Alfred Hitchcock. Profesor de escritura teatral y cinematográfica en las universidades de Illinois y de Columbia. Fallece en 1983 en Nueva York. 

 

94 páginas. Precio 9,95€

Ya disponible en librerías, Amazon…

 


3d_pack mekas

Jonas Mekas es uno de los grandes poetas del cine. Sus películas suponen registros sutiles de los sentimientos, las emociones y los gozos cotidianos de las personas tal y como se graban en sus voces, sus rostros y sus pequeñas actividades diarias. Para ello desarrolla, a lo largo de los años, un método de filmación personal, consistente en una intensificación de los momentos evanescentes y de lo inmediato. Sus películas ponen de relieve aspectos como el color, el movimiento, el ritmo y la estructura que nuestros sentidos captan al mismo tiempo que la cámara, pero de modo distinto. Subyace a este intento, como en los grandes poetas, la voluntad de preservar la inmediatez del mundo sin interferir en él, sin destruirlo, así como la creencia en la posibilidad de registrar experiencias y sentimientos sutiles, hechos presentes en nuestra vida de todos los días, pero casi invisibles.

“Diarios” presenta dos de las más importantes películas de Jonas Mekas, realizadas y montadas a casi treinta años de distancia.

Ambas películas suponen un peculiar autorretrato indirecto del autor a través del retrato extravertido de los seres queridos y los acontecimientos externos de la vida, que son celebrados en estas dos películas como en muy pocas obras de la historia del cine.

DVD_1 REMINISCENCIAS DE UN VIAJE A LITUANIA (Reminiscences of a Journey to Lithuania)
EE.UU. · 1972 · 16 mm · color y b/n · 88 min.

EXTRAS THIS IS A BOLEX · Alberto Cabrera Bernal · España · 2012 · vídeo · color · 9 min. · ENTREVISTA CON JONAS MEKAS · Revista Lumière · España · 2012 · vídeo · color · 22 min.

DVD_2 EN EL CAMINO, DE CUANDO EN CUANDO, VISLUMBRÉ BREVES MOMENTOS DE BELLEZA (Parte 1) (As I Was Moving Ahead Occasionally I Saw Brief Glimpses of Beauty)
EE.UU. · 2000 · 16 mm · color · 123 min.

DVD_3 EN EL CAMINO, DE CUANDO EN CUANDO, VISLUMBRÉ BREVES MOMENTOS DE BELLEZA (Parte 2) (As I Was Moving Ahead Occasionally I Saw Brief Glimpses of Beauty)
EE.UU. · 2000 · 16 mm · color · 162 min.

Incluye un libro de 64 págs. con escritos de Miguel García (“Poeta en Nueva York”), Peter Kubelka (“Una carta”), Jonas Mekas (“Yuri Zhukov. Pravda y un viaje a Lituania”), Adolpho Arrietta (“Cheers!”), P. Adams Sitney (“La retrospección de Mekas”) y Rubén García López (“Textos sobre una práctica (I): Cámara en mano”).

Jonas Mekas Diarios en Tienda Intermedio DVD. 

3d_pack level five

LEVEL FIVE 
Francia · 1997 · Betacam SP transferido a 35 mm · Color · 110 min.

Sinopsis: Navegando día y noche por la red, Laura (Catherine Belkhodja) trata de acabar la programación de un videojuego sobre la Batalla de Okinawa que su antiguo amante ha dejado inacabado. Para ello recurre a su amigo Chris Marker, experto conocedor de la historia de Japón y del modo en el que las imágenes pueden llegar a asociarse. A través del viaje interior, virtual, de Laura, así como de los repetidos viajes de Marker a Japón y el encuentro con testigos presenciales de la tragedia, empezaremos a conocer «uno de los episodios más dementes y mortales de toda la Segunda Guerra Mundial, eludido por la historia, borrado de nuestra consciencia colectiva». Level Five es un cruce entre varios duelos, el de lo real y lo virtual, el de la Historia y las mentiras sobre la Historia, el de la memoria y el olvido, el de la manipulación de las imágenes y su resistencia a ésta, el de la vida y el amor contra la muerte. Level Five es un film-ensayo sobre los territorios no explorados de la Historia, pues, como explica Marker, «memorizar el pasado para no revivirlo es la ilusión del siglo XX».

La edición incluye un desplegable de 6 páginas con un montaje de declaraciones de Chris Marker acerca de Level Five y dos textos cedidos en exclusiva a Intermedio por Catherine Belkhodja (protagonista de la película y amiga íntima de Marker) que detallan su experiencia personal de la preparación del film y un sentido homenaje escrito en verso a Marker tras su muerte.

Características técnicas del Digipack
Duración: 110 min. — Tipo de DVD: DVD 5 — Formato: 1.33:1 / 4:3 — Zona: 2 — Sonido: Mono 2.0 / Dolby Digital (AC3) — Idioma: V.O. Francés — Subtítulos: Castellano.

Level Five en Tienda Intermedio DVD. 

Lubitsch autograph

Hoy, 30 de noviembre de 2012, se cumplen 65 años del fallecimiento en Hollywood de Ernst Lubitsch. Por aquel entonces se publicó un elogio fúnebre del guionista Samson Raphaelson, que había escrito con él ocho de sus películas. Un elogio que tenía una historia rocambolesca, que sólo se conocería en 1981, cuando Raphaelson escribiera Amistad, libro que en breve publicaremos. Una historia sobre la amistad entre dos hombres que durante años trabajaron juntos sin llegar a saber nunca si eran eran realmente amigos y cuya relación alcanzaría un punto culminante, extraño, embarazoso, y finalmente digno del “toque Lubitsch“, en torno a un pequeño texto, ese elogio fúnebre, escrito, oculto, descubierto, revisado por Lubitsch en vida y que a continuación reproducimos: 

Lubitsch amaba las ideas más que nada en este mundo, excepto su hija Nicola. No importaba qué tipo de ideas. Podía apasionarse lo mismo por el monólogo final de un personaje en el guión en curso, por los méritos relativos de Horowitz y de Heifetz, por la estética de la pintura moderna o por saber si era o no el momento oportuno para comprar una propiedad. Y su pasión era, por lo general, mucho más fuerte que la de cualquiera a su alrededor, con lo cual siempre acababa siendo la figura dominante en un grupo. Pero nunca conocí, ni siquiera en esta tierra de egoístas, a nadie que no se iluminara al disfrutar de su compañía. Este placer no lo causaban su brillantez ni su rectitud —distaba de ser infalible y su ingenio, siendo humano, tenía sus momentos flacos— sino la pureza y la alegría infantil de su larga historia de amor con las ideas.

Una idea le importaba más que, por ejemplo, en qué punto se encontraba el tenedor camino de su boca. Este director, que tenía un ojo infalible para el estilo, desde lo más superficial de las ropas y los modales hasta la más profunda y sutil entonación de un corazón aristocrático, tendía, en su vida diaria, a ponerse el pantalón y la chaqueta más a mano sin importarle si desentonaban, era capaz de gritar como un rey o como un campesino (pero en ningún caso como un caballero) e iba por la vida sin detenerse en matices ni exquisiteces, con esa torpeza que es el pasaporte de un hombre honesto. No tenía tiempo que perder con los buenos modales y, sin embargo, su gracia era incontestable y todos la reconocían, desde el chico de los recados hasta el magnate, el mecánico o el artista. De hecho, Garbo sonrió en su presencia, y también lo hicieron Sinclair Lewis y Thomas Mann. Nació con el don afortunado de desvelar su persona al momento y a cualquiera.

Como artista era sofisticado, como hombre era casi ingenuo. El artista era astuto, el hombre sencillo. El artista era económico, preciso, exacto; el hombre nunca encontraba sus gafas de leer, sus cigarros o sus manuscritos y la mitad de las veces ni siquiera recordaba su propio número de teléfono.

Por muy grande que lleguen a considerarlo los historiadores del cine, era aún más grande como persona.

Era genuinamente modesto. Nunca buscó la fama ni le importaron los premios. Era incapaz de practicar el arte de la publicidad personal. No se le podía herir criticando su trabajo. Y, de alguna manera, nunca ofendía a sus colaboradores con su franqueza inocente. Una vez que te había escogido, era porque creía en ti. Así que te podía decir: «¡Qué mal!», y al mismo tiempo sentías que eras apreciado y que esperaba mucho de tus virtudes secretas. Siendo un gran actor, era incapaz de fingir en sus relaciones con los demás. No tenía una actitud para los poderosos y otra para los humildes, un estilo para el salón y otro para el bar. Estaba tan libre de pretensiones y de segundas intenciones como se supone que lo están los niños y esto lo hacía infinitamente variado y encantador.

Lamento no haber sido capaz de decirle alguna de estas cosas mientras estaba vivo.

Liubitsch w. SR

Amistad, el último toque Lubitsch, de Samson Raphaelson, ya disponible en librerías. 

 

DVD_1 REMINISCENCIAS DE UN VIAJE A LITUANIA (Reminiscences of a Journey to Lithuania)
EE.UU. · 1972 · 16 mm · color y b/n · 88 min.

EXTRAS THIS IS A BOLEX · Alberto Cabrera Bernal · España · 2012 · vídeo · color · 9 min. · ENTREVISTA CON JONAS MEKAS · Revista Lumière · España · 2012 · vídeo · color · 22 min.

DVD_2 EN EL CAMINO, DE CUANDO EN CUANDO, VISLUMBRÉ BREVES MOMENTOS DE BELLEZA (Parte 1) (As I Was Moving Ahead Occasionally I Saw Brief Glimpses of Beauty)
EE.UU. · 2000 · 16 mm · color · 123 min.

DVD_3 EN EL CAMINO, DE CUANDO EN CUANDO, VISLUMBRÉ BREVES MOMENTOS DE BELLEZA (Parte 2) (As I Was Moving Ahead Occasionally I Saw Brief Glimpses of Beauty)
EE.UU. · 2000 · 16 mm · color · 162 min.

Incluye un libro de 64 págs. con escritos de Miguel García (“Poeta en Nueva York”), Peter Kubelka (“Una carta”), Jonas Mekas (“Yuri Zhukov. Pravda y un viaje a Lituania”), Adolpho Arrietta (“Cheers!”), P. Adams Sitney (“La retrospección de Mekas”) y Rubén García López (“Textos sobre una práctica (I): Cámara en mano”).

 

Disponible en Tienda Intermedio DVD a partir del 3 de diciembre. 

Chris Marker. Mosaico 1968-2004” recoge algunas piezas clave de la filmografía de uno de los autores más importantes del cine contemporáneo, aquel cuyo trabajo se define con más propiedad desde hace cincuenta años como “cine-ensayo”. La selección abarca la mayor parte de la carrera de Marker, arrancando con su famoso reportaje del año 68 sobre la marcha contra el Pentágono de Washington (LA SEXTA CARA DEL PENTÁGONO) y llegando hasta 2004 con la que por el momento es su última obra larga, la extraordinaria GATOS ENCARAMADOS: un vibrante fresco popular sobre las intensa oleada de manifestaciones que tuvo lugar en la Francia post 11-S, realizado al paso y a pie de calle, al modo característico de Marker: iluminando los hechos políticos indirectamente para hacer emeger el dibujo de una pesquisa secundaria en torno a los misteriosos graffiti de gatos sonrientes que en esas fechas iban apareciendo en las alturas de algunos inmuebles de París y el resto del Hexágono. De manera que el mosaico que presentamos tendría dos centros que son también persistentes centros temáticos en la obra del cineasta. Como el propio Chris Marker ha explicado: “me hubiera gustado vivir en una época pacífica para poderme dedicar a filmar lo que de verdad prefiero, chicas y gatos”. Por ello el primer disco se articula en torno al eje implícito y no mencionado en esa frase, la política, recogiendo obras de militancia directa como LA SEXTA CARA DEL PENTÁGONO o CASCO AZUL (un austero testimonio sobre los desastres de la Guerra de Bosnia-Herzegovina), mientras que el segundo contrasta mostrando apuntes de la serie de caprichos animalístico-musicales tan característicos en la obra Marker, como SLON TANGOOWL GETS IN YOUR EYES, perteneciente a los TRES VÍDEOS HAIKUS. Entre los dos extremos de este arco, algunas de las cimas de la filmografia de Marker y destacadamente LA EMBAJADA, una película que en fecha tan temprana como 1973 amalgamaba documental con ficción de modo extremado y sutil, subvirtiendo algunos de los procedimientos hoy habituales en el cine de “metraje encontrado”. En un emocionante texto publicado en el libro de 64 páginas que acompaña a la edición, Jean-André Fieschi incluye LA EMBAJADA dentro del selecto círculo de esas “películas marginales, descentradas, alucinatorias…” entre las que el autor también cuenta Los maestros locos de Jean Rouch, La región central de Michael Snow o Las fotos de Alix de Jean Eustache, y que él llama “talismanes”.
Características técnicas del digipack

Duración total: DVD_1: 73 min. · DVD_2: 85 min. — Tipo de DVD: DVD 5 x 2 — Formato: DVD_1: 1.33:1/ 4:3 — Zona: 2 — Sonido: Mono / Stereo 2.0 / Dolby Digital (AC3) — Idiomas: V.O. Inglés y francés — Subtítulos: Castellano — Menús: Castellano

Incluye libreto de 64 págs. con escritos de José Ángel Alcalde (“No hay utopía sin poesía”), François Maspero (“Los gatos de la libertad”), Rubén García López (“Gatos encaramados: una conspiración benévola”) y Jean-André Fieschi (“La embajada” y “¡Pulpo de mirada de seda!”).

Ilustración de cubierta del digipack: Guillaume-en-Êgypte (Chris Marker, 2007).

DVD_1                

LA SEXTA CARA DEL PENTÁGONO (La sixième face du Pentagone)

Francia · 1968 · 16 mm · color y b/n · 27 min. · Codirigida con François Reichenbach.

LA EMBAJADA (L’Ambassade)

Francia · 1973 · Super8 a 16mm · color y b/n · 20 min.

CASCO AZUL (Casque bleu)

Francia · 1995 · vídeo · color · 26 min.

DVD 2     

GATOS ENCARAMADOS (Chats perchés)

Francia · 2004 · video · color y b/n · 59 min.

TEORÍA DE CONJUNTOS (Théorie des ensembles)

Francia · 1990 · video · color · 11 min.

SLON TANGO (Slon Tango)

Francia · 1990 · video · color · 4 min.

TRES VÍDEOS HAIKUS (Trois vidéos haïku)

Petite ceinture · 1min

Chaika · 1min

Owl Gets in Your Eyes · 1min

Francia · 1994 · video · color y b/n · 3 min

E-CLIP-SE

Francia · 1999 · video · color · 8 min.

Chris Marker Mosaico en Tienda Intermedio DVD. 

Imaginad por un momento que en España conociéramos el oficio de la producción televisiva gracias a los nombres de Thierry Garrel, Alain Jaubert o André Labarthe. Por desgracia todavía no hemos superado aquella fabulosa historia –legada de padres a hijos al calor de una mesa camilla con hule-, de cómo cierto visionario de origen rumano nos enseñó un mecanismo prodigioso por el cual la imagen convulsionaba con ritmo infernal. Fue una experiencia demasiado intensa para nuestro acervo audiovisual. Un suceso memorable que ha pervivido dentro de la mejor tradición del esoterismo y del show business castizo. Esa mezcla épica y esencialmente española capaz de reunir a las brujas de Zugarramurdi y a las caras de Bélmez, a Tejero y a Tojeiro, el ¡Te pego leche! y ¡El Chanquete ha muerto!, a Uri Geller doblando cucharas y a Sabrina Salerno desbordando Marbú dorada, el gol de Señor y el Quién maneja mi barca.

Raymond Depardon en Contactos de Intermedio DVD

I. LET’S MAKE MONEY

A los tecnócratas, ahora que son lo más cool, ni siquiera les daré el vulnerable argumento de la cuestión cultural. Tomemos el objeto de esta reseña, la serie Contactos, como ejemplo para fijarnos en aspectos de pura logística. Duración mínima ajustable a cualquier franja horaria, ideal para ocupar espacios muertos o publicitarios; valga la redundancia. Redifusión amigable, algo que no muchas producciones y espectadores aguantan. Coste de producción bajísimo. Algunos de los autores que consientan lo verán como un gran espacio promocional, otros como una oportunidad para explicar su obra con libertad y sin interpretaciones de segundos o terceros. La selección de los participantes será complicada por exceso, nunca por defecto. Posibilidad de patrocinios de industrias relacionadas. Facilidad para editar y explotar la serie en diferentes soportes. Opciones reales de extender la fórmula a otros sectores artísticos y de vender derechos de marca y emisión. Apertura para organizar eventos derivados como exposiciones.

No hablo de mecenazgo ni de amortización, sino de beneficios. Ganancias entre las que también se encuentra la del prestigio cultural, otra coartada si se quiere gravar el producto.
Entonces, ¿por qué no realizar en la actualidad series como Contactos en este país? Sencillo, porque o no tenemos ese tipo de productor o lo tenemos en paro. Y si lo tenemos y tiene la suerte de trabajar, lo hará para un canal sin el más mínimo interés en realizarlas. Entre otros motivos porque ya solo se nutren de un público con evidentes trazas de analfabetismo. El sistema de prioridades está equivocado, seguimos fabricando falsas necesidades, no hay predisposición, los canales temáticos carecen de producción propia o son meras franquicias que sufren males parecidos a los generalistas y además hay desidia, incluso maldad. Y, repito, un nulo olfato para el negocio. Las únicas series de divulgación artística interesantes y logradas, duermen el sueño de los justos en los archivos de RTVE o son arrojadas a la programación de manera espectral.
Que algunos elementos de la vida cultural sigan transpirando mala baba hacia lo francés como si estuviéramos en 1808, como si manifestar odio al gabacho les otorgara puntos extra en el carné de españolidad, dice bien poco de nosotros. Y que los franceses saquen pecho cuando les venga en gana, qué quieren que les diga, motivos tienen de sobra. Tantos como nosotros complejos, el de aldeanos en primer lugar. Al menos yo no les voy a echar en cara a los tres señores citados al comienzo, haber producido algunas de las mejores series divulgativas de la historia de la televisión. Que Thierry Garrel, entre otros muchos méritos que van más allá de ser el hermano de Philippe, esté implicado en Contactos desde el comienzo de la serie y que casi al tiempo produjera un hito como L’héritage de la chouette (Chris Marker, 1989), no creo que sea casualidad. Que André Labarthe y Alain Jaubert hicieran algo similar iniciando apenas un año antes Cinéastes de notre temps (1988) y la magnífica Palettes (idea que presentó a Garrel en 1984 pero que no fue producida hasta 1988), tampoco debe ser razón para enfadarse con ellos.

Primero como La Sept, más tarde como Sept-Arte y finalmente solo como Arte, la cadena matriz puede estar orgullosa de haber sido la responsable de unos proyectos que en los casos de Contacts, Cinéastes y Palettes, son variaciones sencillas sobre un mismo tema: el arte de la imagen. Aquella explosión cultural de cierta televisión europea a finales de los ochenta (aprovechando la incipiente estructura de los satélites de telecomunicaciones) solo encuentra precedente en el esplendor de la BBC durante los años sesenta, con Peter Watkins realizando obras incontestables como Culloden (1964) y The war game (1965). ¡Ah, pérfida Albión!
¿Alguien se imagina el dinero que puede haber ganado y que ganará Arte por vender sus productos? ¿Y la BBC por vender solamente las series de David Attenborough?

Raymond Depardon en Contactos de Intermedio DVD

II. CUANDO ESCUCHO LA PALABRA CULTURA, SACO MI BROWNING

Con esta introducción lo que intento decir es que Intermedio acierta editando Contactos. No porque lo podamos considerar una labor cultural valiosa o un signo de buen gusto y coherencia editorial, sino porque intuyo que se venderá bien, muy bien. Desde hace mucho tiempo –creo que desde siempre- sabemos que a la gente corriente no nos importa pagar por aquello que consideramos un buena compra, o una compra simple que cubra una necesidad real. Lo que nunca haremos será pagar (al menos una segunda vez) por productos deficientes, por servicios chapuceros o por estafas culturales. España, la ñapa.

No podemos pedirle cuentas sobre la cultura a Intermedio, ni a ninguna entidad privada del sector aunque editaran material infame de manera hórrida. Es inútil no porque vivamos en una economía de mercado, sino por puro sentido común. De la misma manera que nunca se vuelve a un restaurante que te ponga un tenedor con rastros de fósiles cámbricos. De hecho, parece haber pasado el momento de seguir pidiendo idéntica responsabilidad al Estado. Nos hemos cansado de hacerlo y las respuestas han sido trileras y desvergonzadas. A estas alturas los concejales/secretarios/ministros/delegados de cultura, inspiran idéntica confianza que los de urbanismo. Eso sí, no podemos dejar de denunciar cualquier acto de terrorismo cultural en el que se haya invertido medio céntimo de dinero público.

De todas maneras y aceptando nuestra parte de responsabilidad en el asunto, quizá sea el momento de que la capacidad de creación y organización demostrada desde la normalización de Internet, traspase los dos únicos géneros que han hecho fortuna (el humor y el porno) para extenderla con confianza y de manera definitiva a otros terrenos.

Raymond Depardon en Contactos de Intermedio DVD

III. ARS GRATIA ARTIS

Regresando a Contactos, podemos preguntarnos por la división de la serie en tres partes diferentes. La primera titulada La gran tradición del foto-reportaje, la segunda La renovación de la fotografía contemporánea, y la tercera La fotografía conceptual. Los criterios para la separación son más discutibles en los dos últimos casos, donde no parecen quedar nada claras las diferencias (si es que las hay), ni donde empieza o acaban los bloques desde un punto de vista estético e histórico. Uno tiene la sensación que la razón del corte atiende menos a lo temporal o a lo analítico –incluso a lo puramente funcional o metodológico- que a un vano intento de mímesis con la política cinematográfica de autores. Que todo arranque con Henri Cartier-Bresson diciendo que ser fotógrafo es un oficio menor, un asunto de artesanos, y que alguno de sus compañeros de episodio expresen un pensamiento similar, no debe confundirnos.

Una estructura más científica habría sido de agradecer. El aséptico orden alfabético es una opción nada descabellada, más bien todo lo contrario. Igual que un criterio cronológico que, haciendo constar la fecha, se adaptara al orden real de las emisiones originales. Habiendo elegido una estructura literaria, al menos debería haberse apoyado en unas consideraciones y orientaciones mínimas que explicaran tal desarrollo. Bien en forma de libreto, bien de texto en pantalla como extensión de las introducciones que acompañan a cada una de las treinta y tres piezas. No es necesario comentar que la incorporación de textos no implica necesariamente un aumento de calidad y de claridad. Más conociendo algunos de los folletos deprimentes y wikipédicos que circulan por ahí.

Ese primer DVD es de largo el mejor de los tres. La mayor (no total) claridad en la definición y limitación del género, tiene parte de culpa. Siempre se echará de menos a alguien, pero lo existente sobra para disfrutar de lecciones impagables sobre la imagen y la historia del siglo XX sin necesidad de (im)posturas intelectuales. Lecciones que se extienden al segundo y tercer volumen adoptando puntos de vista más inclinados hacia las reflexiones sobre el medio, sobre los géneros heredados de la pintura (retrato, paisaje, etc.), sobre la figura del autor y sobre la ficción, que hacia la relación de la imagen y el hombre con los hechos.

Raymond Depardon en Contactos de Intermedio DVD

IV. STANDARD OPERATING PROCEDURE

Miramos atrás y todo ha desaparecido fruto de su frivolidad: los noticiarios sesgados, las tipografías mastodónticas, las narraciones sensacionalistas. En el mejor de los casos son materiales sedentarios, cuando no putrefactos. Volvemos a mirar con más cuidado y quedan las imágenes, las fotografías, luchando contra la afasia y la ausencia de movimiento. Desmintiendo su hipotética incapacidad para la narración, nos lo terminan contando todo. Como decía Barthes (¡hombre! cómo no citar a Barthes en una reseña sobre fotografía), la imagen se convierte en subversiva no cuando “asusta, trastorna o incluso estigmatiza, sino cuando es pensativa” (1).
Pero ya sabemos que pensar duele y que en determinadas ocasiones puede dejar esas “cicatrices en la mente” de las que habla Don McCullin en una de las cumbres del primer DVD. Con todo, el principal valor de esta serie no lo encuentro en su extraordinario poder didáctico y emocional. Contactos ayudará a construir un mundo mejor y visualmente más apacible si, después de ver la serie completa, el 98% de los fotógrafos que existen hoy –pongamos unos cuatro mil millones- dejan de apretar el botón. O si al menos, víctimas del pudor, las recluyen al ámbito privado. Facilitándonos así el angustioso trabajo de escrutar la belleza en esa galería de los horrores que es Flickr.

Somos conscientes que por tener un teléfono o una cámara compacta, no somos fotógrafos. Ahora también tenemos que hacérselo saber a los que se han dejado los ahorros en una réflex. Ni de suerte, ni apelando al azar, a los tutoriales, a la geometría y al misterio al que aluden tantos de los participantes en Contactos, hemos conseguido sacar ni una sola fotografía. Nos hemos dedicado a hacer millones de las no-fotos de las que habla William Klein, el ideólogo de este proyecto. Sigue pues vigente el aforismo de Nadar: “la teoría fotográfica se aprende en una hora, las primeras nociones de práctica en un día. Lo que no se aprende es la inteligencia moral de lo que se va a fotografiar”.

No todos podemos sacar buenas fotografías. En cambio, tenemos mayor destreza y seguridad para reconocerlas. Entre otros motivos porque la fotografía, a pesar de su capacidad para la polisemia, es gran amiga de la pregnancia y de los universales formales y narrativos. Cabría la posibilidad de hacer un experimento realmente atractivo: a partir de las mismas hojas de contactos, comparar la elección final del fotógrafo con la de un público más o menos ilustrado. Sin la necesidad de ser estudiosos del tema (Contactos es un campo base confortable para iniciar la exploración), una buena fotografía despierta menos dudas en el espectador que una buena película. Si bien esto último es culpa de los cinéfilos, siempre apostando a la trola más gorda.
El sintagma “inteligencia moral” es mucho más denso de lo que parece. No es intercambiable con “inteligencia” o “moral” a secas, tampoco con “talento” o “sensibilidad”. Implica diferentes niveles que terminan desembocando en la necesidad de ampliar o repensar el análisis de la fotografía como acto indicial de la realidad. Es decir, la fiabilidad fotográfica respecto del referente podrá verse alterada no solo por cuestiones de postproducción, sino por múltiples decisiones humanas anteriores o simultáneas al acto. A saber: el ángulo de encuadre, lo que se deja fuera y lo que se incluye, la relación entre ambos, el uso de una lente o de otra, etc. La fotografía no ha dejado de ser aquel testigo insobornable por culpa del advenimiento digital. Siempre le ha costado serlo, igual que al hombre.

Porque esa inteligencia moral, en contra de lo que podríamos pensar, tiene un enlace más directo con nuestra evolución biológica que con la cultural. Quiero decir, la reiteración infinita con la que nos hemos dedicado a registrar hechos moralmente reprobables o directamente delictivos, es una extensión de la naturaleza humana. Cuando Pinker (2) nos explica el declive de la violencia, deberíamos preguntarnos por qué su iconografía –por repulsiva que sea- ha seguido el camino opuesto. La explicación más sencilla es la asociada al posibilismo tecnológico: abundancia, ubicuidad y facilidad de las herramientas.

Pero no nos engañemos, la violencia gráfica ha crecido con la multiplicación de los medios, pero también por nuestra demanda, sin la cual no habría reporte alguno de beneficios. Nuestra elaboración cultural la ve execrable al tiempo que la explota materialmente. Nuestra base biológica la percibe como experiencia vicaria del dolor (3). En la intersección: acto liberado –con las excepciones que todos conocemos, o tal vez no- de las responsabilidades morales y de los controles penales que los hechos retratados sí acarrean.

Hay menos actos violentos o de intensidad inferior a los de siglos o milenios anteriores, pero nuestra capacidad para captarlos y difundirlos hasta la náusea es infinitamente mayor. Por supuesto siempre que interese. Podemos ver el linchamiento o la ejecución de un dictador árabe o a tribus africanas sacándose las tripas a machetazos, pero no pidáis el mismo trato para los sacros cadáveres del 11S. Podemos ver a caribeños despellejándose por un saco de arroz en Haití, pero no podemos ver a la mafia organizando los repartos en L’Aquila.

Raymond Depardon en Contactos de Intermedio DVD

V. ZOOM OUT

Aquella historia –ya lejana- del zoom y el rumano parecía gratuita, pero no lo era. La recordé porque uno de los muchos temas para el debate teórico-práctico que contiene Contactos, es la manera en la que se realiza cada una de las piezas. La prolongación hacia el audiovisual cinético de la fotografía, estática y silente. Una vuelta de tuerca interesante a la eterna relación entre cine y pintura.

Sin ánimo de exhaustividad y sin espacio para desarrollar, citaré un par de ideas que considero importantes:

1) La implicación de algunos de los fotógrafos (William Klein, Raymond Depardon o Sara Moon) en la realización –más allá del texto o de la voz- de su propia pieza. La colaboración ocasional de cineastas: Angela Ricci Lucchi y Yervant Gianikian elaboran el segmento de Mario Giacomelli.

2) El empleo de las diferentes técnicas de imagen y sonido a lo largo de la serie. El zoom frente a la ampliación por corte directo, el travelling horizontal y el vertical, enseñar o esconder bordes y nervios de las fotografías y de las hojas contacto, duración de la exposición en pantalla, el ritmo de corte, el uso del montaje como simple ilustración o como dialéctica que atiende a la vecindad entre imágenes y entre palabras, la importancia de mostrar detalles ampliados de la imagen antes o después de haberla visto completa, cine documental o relación eventual con el cine de material reciclado y similares, la voz off, la justificación y la función de sonidos añadidos. Contactos, así, ofrece más estímulos a los interesados en la jungla del audiovisual que los estrictamente –e inagotables de por sí- fotográficos.

Raymond Depardon en Contactos de Intermedio DVD


(1) Barthes, Roland: La cámara lúcida. Paidós, Barcelona, 1995, p. 81.
(2) Pinker, Steven: The better angels of our nature: Why violence has declined. Viking, Nueva York, 2011.
(3) Sontag, Susan: Ante el dolor de los demás. Círculo de Lectores, Madrid, 2003.

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· Artículo original de Roberto Amaba en Blogs & Docs

"Contactos" en Intermedio DVD

La mítica serie Contactos, impulsada durante años por el Centro Nacional de la Fotografía de Francia y la cadena televisiva Arte, aparece ahora en el mercado español en una excelente edición íntegra de tres DVD. Entre 1989 y 2004 se realizaron los 33 episodios que componen la serie completa, cada uno de ellos de 13 minutos de duración y dedicado a un fotógrafo. La idea original partió de William Klein: cada fotógrafo elegido presentaría y comentaría personalmente sus hojas de contactos. Se trataba inicialmente de mostrar un material de uso interno desconocido para el público: las impresiones en papel de un rollo o de una secuencia de negativos que sirven al fotógrafo para revisar su trabajo y seleccionar las imágenes. El atractivo de la propuesta consistía en que estas hojas de contactos mostrarían tanto los aciertos como los errores, tanto las fotografías seleccionadas para ser mostradas como las desechadas, permitiendo a través de los comentarios del fotógrafo vislumbrar su método de trabajo y sobre todo el proceso de selección definitiva de las imágenes. Aunque algunos de los episodios siguen fielmente esta idea de partida, muy pronto el marco de análisis, o quizás sería más adecuado denominarlo autoanálisis, desbordó la idea original para convertirse en un exacto autorretrato, a través de su obra, de cada uno de los artistas seleccionados. La fórmula se mantiene inalterable a lo largo de los 33 episodios: el único motor de la narración es la voz en off del fotógrafo mientras vemos en pantalla sus obras, construyéndose un íntimo y fluido diálogo entre lo que vemos y lo que oímos. La efectividad y versatilidad de tan sencillo método se revela extraordinario teniendo en cuenta la extrema variedad de autores y estilos incluidos en la serie. De hecho el conjunto de los 33 autores prácticamente recorre el conjunto de concepciones, prácticas y sensibilidades que encontramos en el medio fotográfico durante las últimas décadas. La simple relación de fotógrafos ya lo pone de manifiesto: desde Cartier-Bresson a Jeff Wall, pasando por Nan Goldin, Araki, William Klein, Raymond Depardon, Doisneau, Elliot Erwitt, Giacomelli, Helmut Newton, Don McCullin, Sophie Calle, Andreas Gursky, Sugimoto, Lewis Baltz, Thomas Ruff, John Baldessari, Bernd y Hilla Becher, Boltanski, Roni Horn, Thomas Struth o Wolfgang Tillmans.

Seguro que se puede echar de menos algún nombre, pero lo que es incuestionable es que la nómina de fotógrafos es indiscutible en calidad y representatividad. En un intento por definir, agrupar y clasificar a los diversos autores, cada uno de los tres DVD que componen la serie tiene un título que correspondería a un momento u orientación del medio fotográfico: La gran tradición del foto-reportaje, La renovación de la fotografía contemporánea y La fotografía conceptual. Es aquí donde aparece el único defecto que podría objetarse a un magnífico proyecto, la adscripción errónea o un tanto arbitraria de algunos nombres a una u otra categoría: por ejemplo, la adscripción de Helmut Newton al reportaje, o la de Martin Parr a la fotografía conceptual. Una cuestión menor que no enturbia en absoluto la densa perspectiva que ofrece el visionado de los 33 episodios no sólo sobre el trabajo de cada uno de los fotógrafos sino también acerca de los enormes cambios y transformaciones ocurridos en el campo fotográfico durante las últimas décadas: la incorporación de la fotografía al ámbito de las artes plásticas, el abandono de la hoja de contactos que simboliza con claridad un cambio de método y concepción, la preocupación por el formato de las imágenes, la aparición de las herramientas digitales, el cuestionamiento y problematización de la objetividad, la hibridación del medio con otros soportes, etcétera.

Los diferentes episodios de la serie van dejando clara constancia de estos cambios: las imágenes de las hojas de contactos que protagonizan los primeros capítulos van dando paso a la visión de las obras en el espacio expositivo o a la presentación de borradores, preparativos o esquemas de trabajo previos a la toma. El azar, como elemento fundamental en la construcción de la imagen al que aluden muchos de los fotógrafos del primer DVD dedicado al foto-reportaje, es sustituido por la relación o la vinculación entre concepto y visión o idea e imagen.

El trabajo de edición de los diferentes registros que se desarrolla a partir de las hojas de contacto se contrapone claramente a la previsualización de la imagen en otros autores. El término artesano que reclaman para definirse a sí mismos algunos fotógrafos, como por ejemplo Cartier-Bresson, deja paso al estatuto de artista. El fotógrafo William Klein compara la hoja de contactos con el diván del psicoanalista, y realmente podría decirse que la serie viene a ser efectivamente como sentar al fotógrafo en el diván. Las reflexiones de unos y otros son lógicamente muy diferentes, y en cierto modo revelan algo de la personalidad de cada uno. Algunos son emotivos, casi confesionales, otros se sitúan muy adecuadamente en una posición de distanciamiento crítico con la propia obra, y otros se acercan también con coherencia al magisterio y cierto didactismo. Es destacable, por ejemplo, el ejercicio testimonial que llevan a cabo Raymond Depardon y Mario Giacomelli, en dos de los episodios más interesantes de esta serie. El primero, centrándose en sus conocidas imágenes del asilo de San Clemente en Venecia, realiza un sólido ejercicio de desmitificación y un autorretrato sobre el dolor a partir de la angustia y el desconcierto del fotógrafo ante lo que ve. Giacomelli, con una alta dosis de espontaneidad, expone sugerentes ideas sobre el uso de la luz, con sus característicos blancos quemados y sus siluetas negras, y sobre el tránsito en sus imágenes desde la realidad hacia el ensueño. William Klein convierte la lectura y explicación de sus hojas de contacto en una especie de diario. Cartier-Bresson, por su parte, condensa en unos minutos su conocido pensamiento sobre la fotografía y revisa especialmente su práctica del retrato. Doisneau, que se define no como “cazador” sino como “pescador” de imágenes, expone la vertiente más irónica y maliciosa de su trabajo, y explica bien el tránsito en su trayectoria desde una cierta mordacidad en sus inicios hacia un lado más tierno y emotivo, algo que resume en buena medida la deriva en general de la fotografía humanista que él mismo representa. Es interesante también la autocrítica que explicita el reportero de guerra Don McCullin al poner de manifiesto las contradicciones que le asaltan en el desarrollo de su oficio y el riesgo de hipocresía ante el teatro del dolor. En el episodio de Nan Goldin, que equivale a revisar con ella su álbum de familia (“utilizaba la cámara como si fuera mi memoria“), la fotógrafa aprovecha para rechazar las convencionales interpretaciones de su trabajo y reivindicar su obra como una mirada hacia la condición humana, el dolor y la dificultad de sobrevivir. Sophie Calle, por su parte, dota a su relato de la misma condición, simultáneamente ficticia y autobiográfica, que desprenden sus proyectos. Araki, para quien sus fotos son su diario y la cámara su memoria, se muestra tan sentimental como tormentoso en su suntuoso acercamiento al sexo y la muerte. Hiroshi Sugimoto, para quien la “visión interior” es lo primero que se impone en su trabajo fotográfico, revisa y sintetiza su obra como una reflexión sobre el tiempo que le permite sondear la historia de la conciencia humana. Martin Parr, divertido y mordaz, aplica toda su ironía para explicar su acercamiento a la vertiente más desgarradora, disfuncional y desordenada de nuestra sociedad. Mientras Andreas Gursky dice sentirse como un aparato que deja constancia y expresa el espíritu del tiempo con imágenes universalmente válidas, Thomas Ruff y Lewis Baltz se muestran, por el contrario, sorprendentemente cercanos en su escepticismo sobre la accesibilidad de la verdad y el papel que en ello puede jugar la fotografía. Jeff Wall explica pormenorizadamente su relación con la pintura y el fotomontaje, la relación que hay en sus imágenes entre fragmento y microcosmos, la verdad de lo real como idea de referencia de todo su trabajo y la importancia de la fealdad y lo grotesco. Boltanski habla del álbum familiar y de “la pequeña memoria” y Roni Horn reflexiona sobre su interés por recolectar acontecimientos circulares y cíclicos. Bernd y Hilla Becher explican con tanta exactitud como didactismo su influyente obra y la metodología de su trabajo. Y Thomas Struth cierra abruptamente su relato con una rotunda y provocadora afirmación: “Tengo la impresión de que la facultad para leer fotografías no está muy desarrollada actualmente, por ello es importante hablar un lenguaje preciso en las imágenes para evitar malentendidos“. Quizás una de las mayores virtudes de la serie Contactos sea, finalmente, contribuir a mejorar nuestra capacidad para leer fotografías y comprender el medio fotográfico.

· El artículo original de Alberto Martín en Babelia

"Contactos" en Intermedio DVD

Contactos. Los mejores fotógrafos del mundo revisan los secretos de su profesión. Intermedio. Barcelona, 2012. 3 DVD 9. 29,95 euros.

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