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Archivos Mensuales: noviembre 2012

Lubitsch autograph

Hoy, 30 de noviembre de 2012, se cumplen 65 años del fallecimiento en Hollywood de Ernst Lubitsch. Por aquel entonces se publicó un elogio fúnebre del guionista Samson Raphaelson, que había escrito con él ocho de sus películas. Un elogio que tenía una historia rocambolesca, que sólo se conocería en 1981, cuando Raphaelson escribiera Amistad, libro que en breve publicaremos. Una historia sobre la amistad entre dos hombres que durante años trabajaron juntos sin llegar a saber nunca si eran eran realmente amigos y cuya relación alcanzaría un punto culminante, extraño, embarazoso, y finalmente digno del “toque Lubitsch“, en torno a un pequeño texto, ese elogio fúnebre, escrito, oculto, descubierto, revisado por Lubitsch en vida y que a continuación reproducimos: 

Lubitsch amaba las ideas más que nada en este mundo, excepto su hija Nicola. No importaba qué tipo de ideas. Podía apasionarse lo mismo por el monólogo final de un personaje en el guión en curso, por los méritos relativos de Horowitz y de Heifetz, por la estética de la pintura moderna o por saber si era o no el momento oportuno para comprar una propiedad. Y su pasión era, por lo general, mucho más fuerte que la de cualquiera a su alrededor, con lo cual siempre acababa siendo la figura dominante en un grupo. Pero nunca conocí, ni siquiera en esta tierra de egoístas, a nadie que no se iluminara al disfrutar de su compañía. Este placer no lo causaban su brillantez ni su rectitud —distaba de ser infalible y su ingenio, siendo humano, tenía sus momentos flacos— sino la pureza y la alegría infantil de su larga historia de amor con las ideas.

Una idea le importaba más que, por ejemplo, en qué punto se encontraba el tenedor camino de su boca. Este director, que tenía un ojo infalible para el estilo, desde lo más superficial de las ropas y los modales hasta la más profunda y sutil entonación de un corazón aristocrático, tendía, en su vida diaria, a ponerse el pantalón y la chaqueta más a mano sin importarle si desentonaban, era capaz de gritar como un rey o como un campesino (pero en ningún caso como un caballero) e iba por la vida sin detenerse en matices ni exquisiteces, con esa torpeza que es el pasaporte de un hombre honesto. No tenía tiempo que perder con los buenos modales y, sin embargo, su gracia era incontestable y todos la reconocían, desde el chico de los recados hasta el magnate, el mecánico o el artista. De hecho, Garbo sonrió en su presencia, y también lo hicieron Sinclair Lewis y Thomas Mann. Nació con el don afortunado de desvelar su persona al momento y a cualquiera.

Como artista era sofisticado, como hombre era casi ingenuo. El artista era astuto, el hombre sencillo. El artista era económico, preciso, exacto; el hombre nunca encontraba sus gafas de leer, sus cigarros o sus manuscritos y la mitad de las veces ni siquiera recordaba su propio número de teléfono.

Por muy grande que lleguen a considerarlo los historiadores del cine, era aún más grande como persona.

Era genuinamente modesto. Nunca buscó la fama ni le importaron los premios. Era incapaz de practicar el arte de la publicidad personal. No se le podía herir criticando su trabajo. Y, de alguna manera, nunca ofendía a sus colaboradores con su franqueza inocente. Una vez que te había escogido, era porque creía en ti. Así que te podía decir: «¡Qué mal!», y al mismo tiempo sentías que eras apreciado y que esperaba mucho de tus virtudes secretas. Siendo un gran actor, era incapaz de fingir en sus relaciones con los demás. No tenía una actitud para los poderosos y otra para los humildes, un estilo para el salón y otro para el bar. Estaba tan libre de pretensiones y de segundas intenciones como se supone que lo están los niños y esto lo hacía infinitamente variado y encantador.

Lamento no haber sido capaz de decirle alguna de estas cosas mientras estaba vivo.

Liubitsch w. SR

Amistad, el último toque Lubitsch, de Samson Raphaelson, ya disponible en librerías. 

En 1968, gracias a la aportación del cineasta y filántropo Jerome Hill, surgió la posibilidad de crear en Nueva York un museo del cine. Tras largas discusiones sobre cual sería la función de dicho museo, se llegó a la conclusión de que una de ellas sería el servir como una herramienta crítica permanente para la investigación de las obras esenciales del cine.  Se crearía un repertorio de películas esenciales que se proyectarían a razón de tres sesiones diarias, de tal manera que al cabo de un mes se pudiese haber visto todo el repertorio y se pudiese revisar indefinidamente.

Se creó un comité de selección encargado de seleccionar dicho repertorio. Se sobreentendía que dicho comité sería parte permanente del Anthology Film Archives y que más allá de la primera selección seguiría revisando obras antiguas y nuevas, en todas sus manifestaciones, para seguir expandiendo la colección del Essential Cinema Repertory.

Ese comité, formado por P.Adams Sitney, Peter Kubelka, James Broughton, Ken Kelman, Jonas Mekas y, durante un tiempo, Stan Brakhage, se reunió numerosas veces durante los cinco años siguiente, estableciendo una primera selección de alrededor de 330 títulos.
Pero en febrero de 1973 falleció , la financiación fue suprimida y la labor del Comité quedó suspendida indefinidamente, quedando así la selección:

James Agee:
In the Street, 1952 (with Levitt and Loeb)

Kenneth Anger:
Fireworks, 1947
Puce Moment, 1949-70
Eaux D’Artifice, 1953
Inauguration of the Pleasure Dome, 1954-66
Scorpio Rising, 1963
Kustom Kar Kommandos, 1965
Invocation of My Demon Brother, 1969
Rabbit’s Moon, 1950-70

Bruce Baillie:
Mass, 1963-64
Quixote, 1965
Castro Street, 1966
All My Life, 1966
Valentin de las Sierras, 1968
Quick Billy, 1971

Jordan Belson:
Allures, 1961
Re-entry, 1964
Phenomena, 1965
Samadhi, 1967
Momentum, 1968
Cosmos, 1969
World, 1970
Meditation, 1971

Stan Brakhage:
Desistfilm, 1954
Reflections on Black, 1955
The Wonder Ring, 1955
Flesh of Morning, 1956
Loving, 1956
Anticipation of the Night, 1958
Window Water Baby Moving, 1959
Cat’s Cradle, 1959
Sirius Remembered, 1959
The Dead, 1960
Thigh Line Lyre Triangular, 1961
Mothlight, 1963
Blue Moses, 1963
Dog Star Man, 1961-64
The Art of Vision, 1965
Pasht, 1965
Bluewhite, Blood’s Tone, Vein, 1965
Fire of Waters, 1965
The Horseman, The Woman, & The Moth, 1968
Lovemaking, 1968
Songs, 1-14, 1964-65
Songs 15-22, 1965-66
23rd Psalm Branch, 1966
Songs 24-27, 1967-68
Songs 28-30, 1968-69
Scenes From Under Childhood, I-IV, 1969-70
The Weir-Falcon Saga, 1970
Sexual Meditation No. 1: Motel, 1970
The Machine of Eden, 1970
The Animals of Eden and After, 1970
Angels’, 1971
Door, 1971
Western History, 1971
The Peaceable Kingdom, 1971
Eyes, 1971
Deus Ex, 1971
The Act of Seeing with One’s Own Eyes, 1972
Sexual Meditation: Room with View, 1971

Robert Breer:
Form Phases 1, 1952
Form Phases 2, 1953
Recreation, 1956
Motion Pictures No. 1, 1956
Jamestown Baloos, 1957
Eyewash, 1959
Blazes, 1961
Pat’s Birthday, 1962
Breating, 1963
Fist Fight, 1964
66, 1966
69, 1969
70, 1971

Robert Bresson:
Les Dames du Bois de Boulogne, 1944 (The Ladies of the Bois de Boulogne)
Le Journal d’un Curé de Campagne, 1950 (Diary of A Country Priest)
Un Condamné à Mort s’est Echappé, 1956 (A Man Escaped)
Pickpocket, 1959
Au Hasard, Balthazar, 1966
Mouchette, 1966
Une Femme Douce, 1969 (A Gentle Creature)

James Broughton:
The Potted Psalm, 1946 (with Sidney Peterson)
Mother’s Day, 1948
Four in the Afternoon, 1951
Loony Tom, the Happy Lover, 1951
The Pleasure Garden, 1953
The Bed, 1968
Nuptiae, 1969
The Golden Positions, 1970
This Is It, 1971
Dreamwood, 1972

Luis Buñuel:
Un Chien Andalou, 1928 (An Andalusian Dog) (with Salvador Dali)
L’Age D’Or, 1930 (The Golden Age)
Land Without Bread, 1932
Los Olvidados, 1950 (The Forgotten)

Alberto Cavalcanti:
Rine que les Heures, 1927 (Nothing but the Hours)

Charles Chaplin:
A Woman, 1915
A Night at the Show, 1915
Easy Street, 1917
Cure, 1917
Payday, 1922
The Gold Rush, 1925
Selected Features (One Program per Cycle)
Selected Shorts (One Program per Cycle)

René Clair:
Entr’acte, 1924 (with Francis Picabia)

Jean Cocteau:
La Sang d’un Poete, 1930 (The Blood of a Poet)
La Belle et la Bete, 1946 (Beauty and the Beast)
Orphée, 1950
Le Testament D’Orphée, 1960 (The Testament of Orpheus)

Bruce Conner:
A Movie, 1958
Cosmic Ray, 1961
Report, 1965

Tony Conrad:
The Flicker, 1966

Joseph Cornell:
Rose Hobart, 1939
Cotillion (finished by Larry Jordan, 1969)
The Midnight Party (finished by Larry Jordan, 1969)
The Children’s Party (finished by Larry Jordan, 1969)
Centuries of June, 1955
Aviary, 1955
Ginr Rednow, 1955
Nymphlight, ca. 1957
A Legend for Fountains (photographed ca. 1957; completed in 1970)
Angel, ca. 1957

Douglas Crockwell:
Glens Falls Sequence, 1946
The Long Bodies, 1949

Maya Deren:
Meshes of the Afternoon, 1943 (with Alexander Hammid)
A Study in Choreography for Camera, 1945
Ritual in Transfigured Time, 1946

Alexandr Dovzhenko:
Zvenigora, 1928
Arsenal, 1929
Zemlya, 1930 (Earth)
Ivan, 1932
Aerograd, 1935 (Frontier)

Carl Th. Dreyer:
Prastankan, 1921 (The Parson’s Widow)
Michael, 1924
La Passion de Jeanne D’Arc, 1928 (The Passion of Joan of Arc)
Vampyr, 1932
Vredens Dag, 1943 (Day of Wrath)
Ordet, 1955 (The Word)
Gertrud, 1965

Marcel Duchamp:
Anemic Cinema, 1926 (with Man Ray)

Viking Eggeling:
Symphonie Diagonale, 1924

Sergei Eisenstein:
Stachka, 1925 (Strike)
Bronenosets Potyomkin, 1925 (Battleship Potemkin)
Oktyabr, 1928 (October)
Ivan Grozny, I, II, 1944, 1946 (Ivan the Terrible)

Jean Epstein:
La Glace à Trois Faces, 1927 (The Three-Sided Mirror)
La Chute de la Maison Usher, 1928 (The Fall of the House of Usher)

Louis Feuillade:
Fantomas, 1913-14
Les Vampires, 1915
Tih Minh, 1919

Robert Flaherty:
Nanook of the North, 1922
Man of Aran, 1934

Bob Fleischner:
Blonde Cobra, 1962 (with Ken Jacobs)

Hollis Frampton:
Zorns Lemma, 1970
Hapax Legomena I: (nostalgia), 1971

Georges Franji:
Le Sang des Betes, 1949 (Blood of the Beasts)

Robert Frank:
Pull My Daisy, 1959 (with Alfred Leslie)

Jean Genet:
Un Chant D’Amour, 1950 (The Song of Love)

D. W. Griffith:
The Birth of a Nation, 1915
Intolerance, 1916

Alexander Hammid:
Meshes of the Afternoon, 1943 (with Maya Deren)

Marcel Hanoum:
Une Simple Histoire, 1958 (A Simple Story)
L’Hiver, 1959 (Winter)
Le Printemps, 1970 (Spring)

Jerome Hill:
Death in the Forenoon, 1955
Canaries, 1968
Film Portrait, 1971

Ian Hugo:
Bells of Atlantis, 1952

Ken Jacobs:
Little Stabs at Happiness, 1961
Blonde Cobra, 1962 (with Bob Fleischner)
Tom, Tom, The Piper’s Son, 1969

Humphrey Jennings:
Listen to Britain, 1941

Larry Jordan:
Hamfat Asar, 1965
Duo Concertantes, 1962-64
Gymnopedies, 1968
The Old House, Passing, 1966
Out Lady of the Sphere, 1968

Buster Keaton:
Neighbors, 1920
The General, 1926
Selected Films (One Program per Cycle)

Dimitri Kirsanoff:
Menilmontant, 1924-25

Peter Kubelka:
Mosaik im Vertauen, 1955 (Mosaic in Confidence)
Adebar, 1957
Schwechater, 1958
Arnulf Rainer, 1960
Unsere Afrikareise, 1966 (Our Trip to Africa)

Mike & George Kuchar:
Pussy on a Hot Tin Roof, 1961
Tootsies in Autumn, 1962

George Landow:
Fleming Faloon, 1964
Film in which there Appear, Sprocket Holes, Edge Lettering, Dirt Particles, etc., 1966
Dipoteratology or Bardo Follies, 1967
The Film that Rises to the Surface of Clarified Butter, 1968
Institutional Quality, 1969
Remedial Reading Comprehension, 1971

Laurel and Hardy:
Selected Films (One Program per Cycle)

Fernand Léger:
Ballet Mécanique, 1924 (with Dudley Murphy)

Alfred Leslie:
Pull My Daisy, 1959 (with Robert Frank)

Helen Levitt:
In the Street, 1952 (with Agee & Loeb)

Janice Loeb:
In the Street, 1952 (with Agee & Levitt)

Louis & Auguste Lumière:
Selected Films (One Program per Cycle)

Len Lye:
Tusalava, 1928
Trade Tatoo, 1937
Rhythm, 1953
Free Radicals, 1958

Willard Maas:
Geography of the Body, 1943

Christopher MacLaine:
The End, 1953

Gregory Markopoulos:
Psyche, 1948
Swain, 1950
Twice a Man, 1963
Himself as Herself, 1966
Ming Green, 1966
Eros, O Basileus, 1966
The Illiac Passion, 1967
Gammelion, 1968

Jonas Mekas:
Diaries, Notes and Sketches, 1964-69
Reminiscences of a Journey to Lithuania, 1971

Georges Méliès:
Selected Films (Four Programs)
Selected Films (Five Programs)
Selected Films (Four Programs)

Marie Menken:
Glimpse of the Garden, 1957
Arabesque for Kenneth Anger, 1961
Notebook, 1962-63
Go! Go! Go!, 1963
Andy Warhol, 1965
Lights, 1965

F. W. Murnau:
Sunrise, 1927

Dudley Murphy:
Ballet Méchanique, 1924 (with Fernand Léger)

Robert Nelson:
The Great Blondino, 1967
Bleu Shut, 1970

Yasujiro Ozu:
Umarete Wa Mita Keredo, 1932 (I Was Born, … But)
Chichi Ariki, 1942 (There Was a Father)

Sidney Peterson:
The Potted Psalm, 1946 (with James Broughton)
The Petrified Dog, 1948
Mr. Frenhofer and the Minotaur, 1949
The Lead Shoes, 1949

Francis Picabia:
Entr’acte, 1924 (with René Clair)

Vsevolod Pudovkin:
Mat, 1926 (Mother)

Man Ray:
Le Retour à la Raison, 1923 (Return to Reason)
Emak Bakia, 1927
Etoile de Mer, 1928
Anemic Cinema, 1926 (with Marcel Duchamp)

Jean Renoir:
La Règle du Jeu, 1939 (Rules of the Game)

Ron Rice:
Chumlum, 1964

Hans Richter:
Rhythmus 21, 1921
Alles Dreht Sich, Alles Bewegt Sich, 1929 (Everything Revolves, Everything Turns)

Leni Riefenstahl:
Triumph des Willens, 1934-35 (Triumph of the Will)
Olympia, 1938

Roberto Rossellini:
Francesco, Giullare di Dio, 1949 (The Flowers of St. Francis)
La Prise de Pouvoir par Louis XIV, 1966 (The Rise to Power of Louis XIV)

Walther Ruttmann:
Berlin, die Symphonie der Grosstadt, 1927

Paul Sharits:
N:O:T:H:I:N:G, 1968
T,O,U,C,H,I,N,G, 1969
S:TREAM:S:S:ECTION:S:ECTION:S:S:ECTIONED, 1968-70

Harry Smith:
No. 1-5, 7, 10, 194?-1957 (Early Abstractions)
No. 11, 1957 (Mirror Animations)
No. 12, 1958-61 (Heaven and Earth Magic, The Magic Feature)
No. 3, No. 16, 1962, 1967 (Oz, Kaleidoscope, The Tin Woodman’s Dream)
No. 14, 1964 (Late Superimpositions)

Jack Smith:
Scotch Tape, 1962
Flaming Creatures, 1963
No President, 1969

Michael Snow:
Wavelength, 1967
<—->, 1969
La Region Centrale, 1970-71 (The Central Region)

Frank Stauffacher:
Sausalito, 1948

Erich von Stroheim:
Greed, 1924

Karl Valentin:
Der Firmling, 1934 (Confirmation Day)

Dziga Vertov:
Newsreel Material (Kinonedelia, 1918-19; Kinopravda, 1922, etc.)
Kinoglaz, 1925
Odinnadtsati, 1928 (The Eleventh Year)
Chelovek s Kinoapparatom, 1929 (Man With a Movie Camera)
Entuziasm, 1931 (Enthusiasm)
Tri Pesni O Leninye, 1934 (Three Songs About Lenin)

Jean Vigo:
A Propos de Nice, 1929-30
Taris, 1931
Zéro de Conduite, 1933 (Zero for Conduct)
L’Atalante, 1934

Andy Warhol:
Eat, 1963
The Chelsea Girls, 1966
(Two Other Programs per Cycle Including: Kiss, 1963; Blow Job, 1963; Harlot, 1964; My Hustler, 1965;Sausalito, 1967)

John Sibley Watson & Melville Webber:
Fall of the House of Usher, 1928

Orson Welles:
Citizen Kane, 1941

James Whitney:
Lapis, 1963-66

John & James Whitney:
Film Exercises 1-5, 1943-45

Lista encontrada aquí. 

Cofre Jonas Mekas disponible en Tienda Intermedio DVD a partir del 3 de diciembre. 

 

Al final de Reminiscencias de un viaje a Lituania Jonas Mekas visita a su amigo Peter Kubelka. “El cine de Kubelka es como una pieza de cristal, o como otro objeto de la naturaleza: no parece que esté hecho por el hombre; uno podría fácilmente imaginar que fue recogido de entre los tesoros orgánicos de la naturaleza.” Y Peter Kubelka, entrevistado por Mekas, decía: 

Ayer oí esta expresión: to hit the screen; es fantástica en inglés. Hit the screen, golpear la pantalla; es lo que hacen realmente las imágenes. Por ejemplo, si se hace funcionar el proyector vacío se oye el ritmo. Es un ritmo de base del cine. Creo que muy pocos cineastas -si alguna vez ha habido alguno- han pensado en hacer películas partiendo de este ritmo de base, esos veinticuatro impulsos por segundo –brrhumm-, que es un tirmo muy métrico. El otro día pensaba que soy el único que ha hecho películas métricas, con elementos métricos. Estas tres películas, Adebar, Schwechater y Arnulf Rainer son películas métricas. Entiéndase bien lo que quiero decir por métrica. Es la expresión alemana “Metrisches System“. La música clásica, por ejemplo, posee notas enteras, seminotas y cuartos de notas. No las imágenes como notas, sino las secciones de tiempo que hay en mis películas. Quiero decir que yo no tengo una décimo séptima o una décimo tercera, sino que tengo dieciséis imágenes, y ocho imágenes, y cuatro imágenes, y seis imágenes; es un ritmo métrico. Por ejemplo, la gente tiene siempre la impresión de que mis películas están muy equilibradas, que no son como dientes de sierra, que parten en todos los sentidos y tienen la misma intensidad al principio y al final. Y ello porque la armonía se despliega a partir de la unidad de la imagen, del 1/24avo de segundo, y yo parto de este ritmo de fondo, de las 24 imágenes, que se notan, que se notas siempre. Incluso cuando se ve una película de De Mille, se siente hacer trrrrr en la pantalla.

El cine no es movimiento. Esto es lo primero. El cine es una proyección de imágenes fijas -que quiere decir imágenes que no se mueven- a un ritmo muy rápido. Y se puede, por supuesto, provocar la ilusión del movimiento  pero es un caso particular, y en su origen el cine se inventó para este caso particular. Pero como a menudo ocurre, la gente inventa algo y luego crea algo muy distinto. La gente creó otra cosa. El cine no es movimiento. Puede dar la ilusión del movimiento. El cine es la proyección rápida de impulsos luminosos. Estos impulsos luminosos pueden modelarse cuando se coloca la película delante de la lámpara; se puede modelar la luz en la pantalla. Hablo del cine mudo. Existe la posibilidad de dar a la luz una dimensión en el tiempo. Es la primera vez desde el advenimiento del género humano que se puede realmente hacer esto. Hablar de la esencia del cine es algo muy complejo. Por supuesto, cuando uno se pregunta qué es la esencia de la música se puede responder una cosa u otra; hay muchas cosas en el cine. Una de ellas es la gran fascinación que la luz ejerce sobre el hombre. Ciertamente, el cine es todavía muy frágil, débil, pasa rápidamente, etc; sin embargo, por débil que sea, es una cosa muy fuerte y ejerce siempre una gran fascinación precisamente porque se puede hacer algo con la luz. Luego, esto ocurre en el tiempo. Se puede conservar, preservar. se puede trabajar durante años y producir -como yo- un minuto de un concentrado en el tiempo y, desde que el hombre existe, jamás se había podido hacer algo semejante. Y luego, el sonido. El encuentro de la imagen y el sonido. Y se llega a este problema: ¿Cuando empieza a estar articulada la película? ¿Cuándo se convierte en articulado un lenguaje? Un lenguaje se convierte en articulación cuando se coloca una palabra y luego otra palabra. Una palabra sola es una palabra sola pero, cuando se colocan dos palabras, es entre las dos palabras, por así decir, donde se halla la articulación. y cuando se colocan tres palabras, es entre la primera y la segunda y entra la segunda y la tercera, aparte de la relación entre la primera y la tercera, en la que, sin embargo, la segunda está en medio.

Puede ser una colisión o una sucesión muy suave. Hay muchas, muchas posibilidades. Es precisamente esta colisión lo que quería producir Eisenstein, era lo que le gustaba. Pero he aquí lo que yo quería decir: ¿Dónde reside, pues, la articulación del cine? Eisenstein, por ejemplo, decía que era la colisión entre dos planos. Pero es muy raro que nadie haya dicho jamás que NO ES ENTRE LOS PLANOS SINO ENTRE LOS FOTOGRAMAS. Es entre los fotogramas donde habla el cine. Y luego, cuando se tiene una serie de pequeñísimas colisiones entre los fotogramas- que es lo que yo llamaría un plano, cuando un fotograma es muy parecido al siguiente, y al siguiente, y al siguiente-, lo que se obtiene cuando se toma una escena real y se filma…, sería un plano. Pero, en realidad, se puede trabajar con cada fotograma.

 

 

Peter Kubelka, fragmento de una entrevista con Jonas Mekas en 1966 utilizado como prefacio a The Theory of Metrical Film. (Leído en una vieja ficha de la Fimoteca Española.)

Cofre Jonas Mekas disponible en Tienda Intermedio DVD a partir del 3 de diciembre. 

 

DVD_1 REMINISCENCIAS DE UN VIAJE A LITUANIA (Reminiscences of a Journey to Lithuania)
EE.UU. · 1972 · 16 mm · color y b/n · 88 min.

EXTRAS THIS IS A BOLEX · Alberto Cabrera Bernal · España · 2012 · vídeo · color · 9 min. · ENTREVISTA CON JONAS MEKAS · Revista Lumière · España · 2012 · vídeo · color · 22 min.

DVD_2 EN EL CAMINO, DE CUANDO EN CUANDO, VISLUMBRÉ BREVES MOMENTOS DE BELLEZA (Parte 1) (As I Was Moving Ahead Occasionally I Saw Brief Glimpses of Beauty)
EE.UU. · 2000 · 16 mm · color · 123 min.

DVD_3 EN EL CAMINO, DE CUANDO EN CUANDO, VISLUMBRÉ BREVES MOMENTOS DE BELLEZA (Parte 2) (As I Was Moving Ahead Occasionally I Saw Brief Glimpses of Beauty)
EE.UU. · 2000 · 16 mm · color · 162 min.

Incluye un libro de 64 págs. con escritos de Miguel García (“Poeta en Nueva York”), Peter Kubelka (“Una carta”), Jonas Mekas (“Yuri Zhukov. Pravda y un viaje a Lituania”), Adolpho Arrietta (“Cheers!”), P. Adams Sitney (“La retrospección de Mekas”) y Rubén García López (“Textos sobre una práctica (I): Cámara en mano”).

 

Disponible en Tienda Intermedio DVD a partir del 3 de diciembre. 

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CUADRADO MÁGICO
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Difícil para un cineasta ser (también) un hombre feliz. En efecto, le hace falta existir en cuatro campos diferentes. Jugar al juego de las cuatro esquinas. La primera, por supuesto, está ocupada por el público. Por debajo de cierto umbral de visibilidad, será necesariamente triste, marginado, incluso se le impedirá seguir haciendo cine. Supongamos que el público está con él, queda entonces (es la segunda esquina) que el cineasta tenga también ganas de reconocimiento cultural, de cotizar en la bolsa de los autores, de tener sus fans y sus exégetas. Supongamos que los tiene. Pasa entonces a la tercera esquina, la esquina americana. Porque salir del Hexágono sólo tiene sentido hacia los Estados Unidos, hacia el lejano público  del país del cine. Supongamos que nuestro cineasta es reconocido también al otro lado del Atlántico, le falta entonces la última esquina, la esquina de la televisión. La tele recicla, erosiona y trabaja el séptimo arte, y un cineasta cuyas películas no pierden nada al pasar en la tele (como si fueran también buena televisión) es decididamente muy fuerte. Rohmer debe ser uno de los escasos cineastas que cumplen las cuatro condiciones. Autor indiscutido, acompañado por un público cada vez menos reducido, regularmente distribuido en las grandes ciudades americanas, pionero del estreno en televisión de películas de cine, existe en todos los campos. Modestamente, pero con seguridad. Supongo, por lo tanto, que es un hombre feliz.
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Libération, 3 septiembre 1986. Traducción Manuel Peláez.

 

Viene de aquí.

Dicho esto, el lenguaje cinematográfico tiene cuatro cualidades: primera, la claridad con la cual se conoce, gracias al esfuerzo de los investigadores, ha permitido establecer la lista de todas sus figuras, es decir, de todo lo que hay que evitar hacer. Es muy cómodo. Ciertas películas hacen así la crítica del lenguaje cinematográfico, que toman a contrapié para producir efectos sorprendentes. Es el caso de ciertas escenas de Godard, de Hitchcock, que dependen de la mediocridad del lenguaje cinematográfico.

Segunda –se trata de la excepción de la que yo hablaba antes–, los cineastas pueden respetar hipócritamente el lenguaje para hacer que el espectador se confíe y hacen pasar más fácilmente un pensamiento revolucionario, incluso acusando el conformismo social y psicológico de cuyo mismo principio el lenguaje cinematográfico no es más que uno de los reflejos, ofreciendo en ocasiones la propia película como holocausto. Es la línea de los cineastas más o menos anarquistas como Buñuel, Chabrol, Franju. Es la destrucción del lenguaje desde el interior.

Tercera, los cineastas pueden respetar las reglas del lenguaje y crear una obra original pese al lenguaje, por razones exteriores al lenguaje, que ni les añade ni les quita nada. Creo que casi todas las buenas películas guardan reminiscencias del lenguaje cinematográfico. Si les concedemos un valor, es porque presentan menos reminiscencias que las otras, porque éstas tienen poca importancia, porque se hacen olvidar y, sobre todo, porque hay algo más en la película. Nuestra apreciación se sitúa entonces en el dominio de lo relativo y no de lo absoluto: nos gusta porque no hay nada mejor. Esta tercera alternativa tiene una gran ventaja financiera, como parcialmente sucede con la precedente alternativa: asegura la carrera comercial de las películas.

Puesto que, cuarta, el lenguaje cinematográfico tiene sobre todo una ventaja monetaria: como es de fácil acceso para todos, es el principal elemento motor de la industria cinematográfica, que condiciona en parte el arte fílmico. Es por lo que los políticos y los tenderos del cine, los tenderos-políticos y los políticos-tenderos, adoran el lenguaje cinematográfico. Será pues imposible hacer desaparecer el lenguaje cinematográfico e incluso poco deseable: dado que el valor de las películas se establece con respecto a otras películas, es imposible que sobre cien películas haya menos de setenta y cinco malas películas. Más vale que esos setenta y cinco bodrios respeten el lenguaje cinematográfico, que aporta dinero, y no que estén orientadas hacia la mala vanguardia, que no. Esto evita el paro. Lo único que hay que evitar es que se pase lo que pasó en el mundo hace diez años, y que todavía pasa en Alemania, a saber que el noventa y nueve por ciento de las películas sean cine de lenguaje. Porque, en ese caso, el público es llevado al rechazo de todo arte, y de toda nueva forma de cine de lenguaje por lo tanto. La abolición de cualquier renovación, produce la quiebra tanto del arte como de la industria que, de cuando en cuando, tiene necesidad de esta pequeña dosis de novedad que constituye el nuevo escalón del cine de lenguaje, introducido por el arte.

Cada uno de los presentes en esta sala, crítico o cineasta, debe pues emprender una lucha contra el lenguaje cinematográfico, que deberá investir, para mayor eficacia, de una apariencia ofensiva, pero que de hecho es una defensa, puesto que el arte es y será siempre minoritario con respecto al lenguaje.

Los cineastas, en la medida en que no estén constreñidos por las necesidades materiales, deberán rechazar hacer cine de lenguaje; deberán incluso rechazar el doble juego que he evocado, creación desde el interior o desde el exterior del lenguaje, puesto que, al respetar las reglas del lenguaje sin aceptar su espíritu, serán siempre vencidos por aquellos que sí respetan su espíritu, es decir, por los comerciantes, que les machacarán. Los críticos deben estudiar la historia del cine, aprender por ellos mismos y hacer aprender que con el lenguaje cinematográfico pasa como con las religiones: que el lenguaje cinematográfico conocido no es el único que existe o que ha existido, que pertenece a un tiempo y a un lugar determinados, que no se debería privilegiar un lenguaje cinematográfico por lo tanto ni exigir el mismo a la proyección de cada película, que el lenguaje cinematográfico no es más que el fruto de la pereza y de la falta de imaginación. Cada uno de nosotros debe poder gritar bien alto: “¡Abajo el lenguaje cinematográfico, viva el cine!”

 

 

Traducción Manuel Asín.

Jean-Luc Godard en Tienda Intermedio DVD. 

 

Viene de aquí.

 

El lenguaje literario, menos absorbente, es indiferente al arte: se mantiene como un simple y modesto vehículo tanto del arte como de la información. El lenguaje cinematográfico, en cambio, condiciona el arte. Puede decirse que el buen cine comienza allí donde acaba el lenguaje y muere donde el lenguaje renace. Y si bien no siempre todas las peores películas son representantes del lenguaje cinematográfico, puesto que hay películas malas de vanguardia, es cierto que el lenguaje cinematográfico no puede dar lugar más que a cosas malas, con escasas excepciones. Si bien el bodrio no siempre es lenguaje, el lenguaje siempre es bodrioso; la prueba es que en todos los libros sobre el lenguaje cinematográfico los mejores ejemplos salen siempre de bodrios, y la lista de películas citadas incluye muchos bodrios y olvida muchas obras maestras.

¿Por qué este estado de cosas? Sencillo: el espectador recibe la obra creada por el artista. Ese es el primer estadio, el de la comunicación. Pero, ay, puede haber un segundo estadio: el espectador, convirtiéndose en realizador, rehace lo que que el artista ha hecho. Se trata de una respuesta en el mismo tono, de una intercomunicación. Es a eso a lo que se llama lenguaje, volver a hacer lo que alguien ya ha hecho, volver a hacer lo que no nos pertenece. El lenguaje es robar. El arte es individual, comunicación de un solo instante, es aquello que no puede existir más que una sola vez. El lenguaje es aquello que no puede existir más que a partir de la segunda vez, cuando un comparsa ha transformado el arte en signos. Ya no hay creación, sino reproducción mecánica. El arte jamás “vuelve a funcionar”. El lenguaje no puede más que “volver a funcionar”, porque es volviendo a funcionar como prueba que es lenguaje. Es el vano intento de eternización del éxito artístico con el que el ser humano sueña siempre. Es la negación misma de la originalidad artística. Percibimos el arte cinematográfico gracias a un esfuerzo personal, reflexión o intuición. Percibimos el cine de lenguaje sin esfuerzo –y además es por eso por lo que nos cuesta tanto tomar conciencia de este lenguaje: está hecho para nuestra pereza, y es muy difícil para nosotros sacudirnos esta pereza. En el lenguaje cinematográfico la cosa expresada no es más que un símbolo vulgar, un signo que emplean los robots-cineastas y que comprenden los robots-espectadores.

El peligro mayor del lenguaje cinematográfico, en el plano artístico, es que quien lo emplea destruye su propia personalidad. Los franceses que imitan el cine americano no hacen más que retomar los medios concebidos por Griffith y DeMille para expresar de la mejor manera posible su universo personal, marcado por una mentalidad sudista y un puritanismo que no tienen absolutamente nada que ver con el universo de los realizadores franceses. Cuando Lelouch imita el lenguaje de Godard copiando las ideas estilísticas de Godard fracasa irremediablemente porque la expresión estilística de Godard parte del hecho de que Godard es suizo y protestante y es Godard. Pero Lelouch no es nada de todo eso, expresa temas personales distintos de los de Godard o, más frecuentemente, no expresa temas. El lenguaje, pues, es la alienación.

Lo que es más, los peldaños sucesivos y separados de los lenguajes cinematográficos –lenguaje-Griffith, lenguaje-Godard, por ejemplo– son a la fuerza contrarios al arte que avanza sin jamás detenerse en ningún peldaño. Si se detiene, es que ya no es arte.

Vemos pues cuán grande es la nocividad del lenguaje cinematográfico: el espectador no debe hacer ningún trabajo para comprender la película. Los signos del lenguaje le hacen comprender todo sin esfuerzo. Se vuelve pasivo, se deja adormecer por la ficción de la película. El cine pierde su papel de formador para la vida, ante la cual el hombre mantendrá idéntica pasividad. Hacia los años 1945-1955, el lenguaje había aplastado el cine con tal fuerza que los espectadores, que no tenía por lo general experiencia cinematográfica del pasado, creyeron que el cine se confundía con el lenguaje cinematográfico, y que todo lo que no era cine de lenguaje carecía de interés y era malo. Hicieron falta diez años para que el público comenzara a comprender que el cine de lenguaje al que había sido habituado no era más que un episodio de la historia del cine, que muy bien podía desarrollarse sin él. Puede decirse que la puesta a punto del lenguaje cinematográfico retrasó considerablemente el desarrollo del arte cinematográfico y de la civilización de masas.

Continuará…

 

 

Jean Luc Godard en Tienda Intermedio DVD.

Intervención de Luc Moullet en la mesa redonda sobre el tema “Por una nueva conciencia crítica del lenguaje cinematográfico“, en la Mostra de Pesaro, 4 de junio de 1966.

*Esta intervención indignó a Metz, Barthes y Pasolini (que sin embargo era fan de mi primera película). Pero entusiasmó a Godard[Nota del autor, 2009]

La lentitud y la dificultad con la que hemos tomado conciencia de los componentes del lenguaje cinematográfico (de “los” lenguajes cinematográficos, puesto que existen, junto al lenguaje hollywoodo-europeo, el lenguaje japonés, indio, egipcio) han hecho que consideremos una gran victoria esta toma de conciencia. Pienso que había motivos para estar orgullosos, porque no era algo fácil de descubrir. Pero en lo que nos equivocamos fue en creer que nuestro magnífico esfuerzo nos había hecho entender algo magnífico. Nos equivocamos al confundir nuestro esfuerzo con su resultado. Porque el resultado, el conocimiento de los lenguajes cinematográficos, no revela más que una cosa y esa cosa es la mediocridad artística congénita de los lenguajes cinematográficos pasados, presentes y futuros.

Christian Metz dice que el lenguaje cinematográfico no se puede criticar ya que codifica formas puras. No estoy de acuerdo: a partir del momento en que un ser humano inventa esas formas que otros transformarán en código, esas formas son impuras, están marcadas –y felizmente marcadas– por su personalidad. Metz dice que la alternancia de las imágenes significa la simultaneidad de los hechos. En ese caso se trata de una codificación personal inaugurada por el autor del primer montaje alterno, que puede ser también, entre diversas posibilidades, alternancia de hechos y de pensamientos del héroe (La guerra ha terminado, Resnais), comparación entre épocas (No reconciliados, Straub y Huillet), alternancia entre el pensamiento del autor y el de los héroes (Marienbad, Resnais). Aunque estas tres significaciones sean contrarias al sentido original, no por ello son menos comprensibles: no es necesario que las figuras estén codificadas para que se entiendan. De hecho la primera película en la que aparecía el montaje alterno pudo entenderse pese a que el código no existía todavía.

Metz dice también que no sería posible elevar un juicio de orden artístico sobre el lenguaje, que es necesario y neutro. Sin embargo la instancia vehicular es siempre también al principio una instancia estética. Sólo cuando aparece por segunda vez se convierte únicamente en instancia vehicular. La primera vez que percibimos esta instancia, experimentamos en efecto una emoción de orden artístico fundada sobre todo en la sorpresa. Incluso la instancia estética es siempre susceptible de ser una instancia vehicular, a veces incluso de manera exclusiva. Así por ejemplo el valor dramático de los colores. Definir el arte únicamente como un modo de explotar un vehículo común me parece una concepción burguesa del arte: ochenta por ciento de fondo estable, veinte por ciento de salsa al gusto. Es una concepción que no puede ser defendida más que si se atribuye al arte cinematográfico un papel secundario, un papel de entretenimiento, un interés puramente decorativo. Y en ese caso creo que nuestra presencia, este coloquio y la Mostra serían inútiles. El interés del arte es sobre todo que puede, que debe destruir y reconstruir sus propios cimientos y bajar a lo más profundo de sí mismo. Por supuesto, reconozco que el arte puede insertarse en el lenguaje si el creador le superpone otra instancia estético-vehicular –o más bien, lo prefiero, es más bonito: vehiculo-estética– susceptible de transformarse también en lenguaje. Es algo muy corriente en el cine. Pero que esta instancia se inserte o no en el lenguaje no tiene ninguna influencia sobre su valor, y por lo tanto no tiene ninguna importancia.

Hay completa oposición entre el lenguaje cinematográfico y el arte cinematográfico, puesto que el lenguaje cinematográfico anega el arte, lo invade, lo aplasta. Es una relación de oposición, no una relación de indiferencia: el lenguaje y al arte son lo bajo y lo alto de una misma cosa; el lenguaje es el arte que fracasa.

Continuará…

 

 

Traducción Manuel Asín.

Straub y Huillet y Jean-Luc Godard en Tienda Intermedio DVD. 

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