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L’ Apollonide” de Bertrand Bonello, la película francesa, éxito en el último festival de Cannes, de la que Intermedio DVD ha comprado los derechos de distribución, podrá verse en el Festival de Cine de Autor de Barcelona mañana domingo 29 de Abril a las 20:00h. Y la revista catalana TimeOut le dedica dos páginas centrales en un artículo de Josep Lambies para abrir su información sobre este festival. Gracias !

Time Out - L' Apollonide - Intermedio DVD

Time Out - L' Apollonide - Intermedio DVD

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L' Apollonide de Bertrand Bonello en Intermedio DVD

Fin de la cuenta atrás. Faltan pocas horas para que arranque la segunda edición del Festival Internacional de Cine de Autor de Barcelona. En pocas palabras: la mejor oportunidad del año –concentrada en diez atribulados días- de ver cine de toda clase y condición en la ciudad condal.

Algunas de estas películas quizás se acaben estrenando (recuérdese el año pasado el boca a boca que hubo con propuestas tan dispares y estimulantes como Pequeñas mentiras sin importancia, El extraño caso de Angélica, Le père de mes enfants o El hombre de al lado). Pero la mayoría –no lo dudéis- se perderán para siempre en el frágil imaginario colectivo de un par de pases… y no, no pienso acabar la frase con el “como lágrimas en la lluvia”. Hortera lo justo.

Si os parece inverosímil que lo sublime caiga igualmente en el olvido, basta con recordaros que nuestras favoritas del D’A 2011 (la laberíntica Bibliotèque Pascal, la turbadora How I ended this summer, el western reinterpretado de Kelly ReichardtMeek’s cutoff, sí- o ese apresurado abandono de la adolescencia mistificado en Julien) no tuvieron la menor oportunidad en salas del circuito comercial.

En época de líneas rojas, de numantismos, autoexclusiones y barricadas ideológicas (mentales, mayormente), la programación del D’A 2012 es un canto a la tolerancia y el espíritu de integración. Integración, digo, de una audiencia cinematográfica definitivamente atomizada, disgregada e infiel: porque aquí cada cuál es hijo de su padre y no hay patrón que valga. ¿Solución? Menú a la carta.

Hay platos para un regimiento y café para todos, repartido en generosas tazas. Siempre habrá espacio para el descontento, por supuesto. El fullero podrá decir que qué pinta Profesor Lazhar en todo esto. El amante del cine asiático maldecirá a la distribuidora –business is business- que nos escamoteó a Sion Sono y su Himizu. El temeroso de la autoría desatada pondrá kilómetros de distancia con una sección que parece un aviso para caminantes (Absolut risc). Incluso habrá algún tocacojones que se preguntará quienes son Herzog o Hansen-Love para repetir. Ahora en serio: la oferta es tan variada, que satisfará por igual al pescador de curiosidades, al amante de un cine más embelesado, al degustador de rarezas genialoides… al poeta, al diletante, al paseante, y a ti y a mí, cansados de repasar una cartelera que sólo da razones para quedarse en casa viendo series de televisión.

Si los japoneses aseguran que hay un manga para cada persona, los programadores del D’A aplican la misma premisa en su selección anual: no hay espectador que se haya quedado sin al menos una película apta para su paladar. La versión en celuloide y para adultos de ‘cap nen sense joguina’. ¿Aún así no sabéis con qué quedaros? ¿La bici, el monopatín o el patinete? Basta con rebuscar un poco, no mucho. ¿Os ayudamos?

Guía de campo para vagos, ‘poseros’ y despistados

Casi medio centenar de propuestas repartidas entre las dos sedes del festival. Por un lado, la dupla de salas que aporta el cine Aribau Club (sí, el que está en la Gran Vía 565… a tres minutos andando desde plaza Universitat) y la novísima sede de la Filmoteca. Agrupadas todas ellas en torno a cinco secciones con intención, dejando de banda las inevitables sesiones de inauguración y clausura, así como un par de pases especiales. A saber:

Direccions. Once cintas con voluntad representativa, selección egregia que aspira a ‘the very best’ visto (y no necesariamente premiado) en esta ‘festivalia’ globalizada. La oportunidad de sentirse como uno de esos críticos ojerosos saltando de sala en sala en el mismísimo Cannes, mirando con rencor la acreditación de sus colegas mientras degluten un croissant que les ha costado 8 euros. Ya lo decía Judy Garland: como en casa no se está en ningún sitio.

Talents. Otras once historias con algo en común: el bagaje de sus autores no supera el par de filmes. Y es que la veteranía es un grado… o no. El D’A realiza su inversión a medio plazo, unos futuribles con los que poder sacar pecho de aquí a unos años (“yo descubrí a menganito”, esa frase-manifiesto que todos hemos querido soltar alguna vez).

Retrospectiva Claire Denis. Oportunidad única de ver –en condiciones- todos los largometrajes de otra de esas directoras francesas consideradas imprescindibles… e ignoradas vilmente por la distribución patria. Tras sumergirnos el año pasado en los universos silentes y barrocos de Guy Maddin, toca conocer un cine de contacto, de roce, goce, sospecha, felicidad líquida… y rock and roll.

Absolut risc. Seis propuestas para osados, para espectadores desprejuiciados que no le tienen miedo a nada. ¿Cine difícil, paranoias de las buenas? El off D’A se da cita acá, así que átense los machos. En comparación, hasta El árbol de la vida les parecerá cine facilón, lineal y sobreexplicado.

Autoría catalana. Y cinco cintas más producidas aquí mismo a lo largo del año pasado. Accidentados rodajes de westerns, propuestas museísticas que se convierten en película o conversaciones alrededor de una sociedad en retirada.

Todo ello a seis euros por barba blandiendo, por ejemplo, el carnet de bibliotecas, estudiante, parado o jubilado. Hay abonos para cinco sesiones por 25 euros, así que si os va compartir, incluso os puede salir por cinco euros. Las pelis de la Denis se verán en la Filmoteca entre el 3 y el 17 de mayo (4 pavos, la mitad presentando los carnets habituales). Vamos, que no hay excusa.

¿Nos metemos ahora con las películas?

Dime qué te gusta y te diré qué ver: quince propuestas, quince desvíos

Para estetas, voyeurs y onanistas en general: L’apollonide, de Bertrand Bonello. Sentíos como el bueno de Toulouse-Lautrec vagando por las sifilíticas estancias de un lupanar. Pero no os relajéis mucho, porque aquí no hay ninguna Catherine Deneuve ociosa y casquivana a lo Belle de tour. Jornaleras del sexo a tiempo completo. Así que la sonrisa de delectación lo mismo se troca en asco hacia ellos y conmiseración por ellas. Un único pase: el domingo 29 de abril a las 20h.

Para animalistas concienciados: Bestiaire, de Denis Côté. Todos tenemos más o menos claro que los zoológicos no son precisamente un paraíso para los animales, por muy bien que estén atendidos. Este director canadiense se fue al Parc Safari de Québec, planto la cámara y esperó a que las miradas tristes y los andares en círculo de esta ronda de presos le dieran la razón. Dos oportunidades: el lunes 30 de abril a las 18h o el domingo 6 de mayo a las 22:30h, cerrando festival.

Para amantes del musical y los gorgoritos en francés: Les bien-aimés, de Christophe Honoré. Prepárense para el síndrome Jacques Demy. On connaït la chanson? Seguro que alguna os suena… y aquí si que sale la Deneuve, mira tú por dónde. Dos sesiones pasa salir trinando y subirse a la primera farola que veáis (¡cuidado! Ahora son capaces de confundir felicidad con vandalismo): el domingo 29 de abril a las 17:30h o el sábado 5 de mayo a las 20h.

Para los agraviados de antes, para los indignados de ahora: El estudiante, de Santiago Mitre. ¿Os cuestionáis el sistema? ¿Dudáis todavía más de quién entra en política asegurando que va a cambiarlo todo? Sin necesidad de asamblea ni votación a mano alzada te digo que esta es tu película, compañero. Dos convocatorias: miércoles 2 de mayo a las 20h o domingo 6 de mayo a las 18h.

Para quienes reniegan de las superproducciones: Donoma, de Djinn Carrénard. Ya está bien de despotricar. Sí, se puede. Se puede hacer una película con lo que cuesta un vuelo low cost. ¿Cómo? Apelando a constantes universales, de esas que nunca fallan: un buen guión y unos actores entregados. Atrápala el martes 1 de mayo a las 16h o el día siguiente a las 18h.

Para los amantes del mal rollo crónico: L, de Babis Makridis. No sabemos qué les ha cogido últimamente a los griegos. Ignoramos si la culpa fue del FMI, la música de Mikis Theodorakis o los anuncios de yogures. Pero desde Canino, cuando uno entra a ver una ‘peli’ del país heleno sabe que saldrá cuestionándose la salud mental del director… y la propia. Dos días para visitar este manicomio: el domingo 29 de abril a las 22:30h o el martes 1 de mayo a las 20:15h.

Para los que creen en el amor impúber: Puzzled love, de VVAA. Ays, los veinte, quién los pillase… imaginaos una película rodada a 26 manos (sin exagerar) y que aún así parezca salida de una sola cabeza. Fresca, desenfadada, divertida y sentida. ¡Fuera prejuicios! Si queréis pasar un buen rato (que sí, que se puede ser autor y no estar deprimido), tenéis una oportunidad el miércoles 2 de mayo a las 20:30h.

Para los incondicionales del fantastique: Trouble every day, de Claire Denis. Media docena larga serían las posibles recomendaciones de la retrospectiva de este año. Nos quedamos con la muy sitgera Trouble every day, una incursión perversa en el París de los necesitados de cariño y… sangre. La podréis ver en la Filmoteca de Catalunya el sábado 5 de mayo a las 19h.

¿Harto de ver películas sobre psicokillers sofisticados? Pues déjate caer por Snowtown, de Justin Kurzel. Rozando los usos y costumbres del divino marqués de Sade, descubriréis cómo se las gastaban un grupo salvaje de catetos australianos. Con una cerveza en la mano y convencidos de estar haciendo justicia. Más chungo que una cita con el dentista. Abstenerse almas sensibles (francamente impactante). Dos sesiones de tortura: el sábado 28 de abril a las 22:30h y el jueves 3 de mayo a las 22:00h.

Para los que siempre andan con la cantinela de que ya no se hace cine como el de antes: The deep blue sea, de Terence Davies. Y ojo, porque la propuesta del veterano director inglés es de las más estimulantes de este D’A 2012: pasión, decepción y angustia en el mejor triángulo amoroso de la temporada. Dos días para sufrir junto a la oscarizable Rachel Weisz: el sábado 28 de abril a las 20h y el siguiente sábado 5 de mayo a las 22:30h.

Para los que hacen de la propia existencia su mejor película: Walk away Renee, de Jonathan Caouette. Muy recomendable visionar previamente la magnífica Tarnation (2003), prólogo a este reencuentro con la madre… y la terrible enfermedad. Si creéis que la vida os ha tratado mal, esperad a ver la odisea vital del castigadísimo Caouette. Cita con Renee el domingo 29 de abril a las 20:30h y a la misma hora el martes 1 de mayo.

Para los que veneran a los grandes: Life without principle, de Johnnie To. Hasta en sus películas más funcionales el director de Hong Kong nos regala algún momento memorable. En esta ocasión vuelve con una cuestión de principios, uno de sus temas favoritos. Dos pases: el lunes 30 de abril a las 22:00h y al día siguiente a las 18:30h.

Para los que todavía defienden la pena de muerte: Into the abyss, de Werner Herzog. Conciso, directo, a veces incluso un poquito sensacionalista. El último documental de Herzog es una batería de razones en contra del homicidio despachado por el Estado, por muy a sangre fría que se cometieran los crímenes juzgados. Dos días para adentrarse en ese corredor sin retorno: el viernes 4 de mayo a las 20h o al día siguiente a las 18h.

Para los auténticamente radicales: Diamond flash, de Carlos Vermut. Si esto no os parece diferente, es que estáis muertos. Siete metros por debajo del underground se sitúa la propuesta de Vermut, dibujante de cómics y azote de espectadores acomodaticios. Que Billy Wilder os pille confesados el viernes 4 de mayo a las 22:15h.

Para los que necesitan un director de culto en sus vidas: Once upon a time in Anatolia, de Nuri Bilge Ceylan. Nuri es un director turco que trata con especial mimo la fotografía de sus películas. Sólo por Kasaba, Lejano y Tres monos se merecería un ciclo en cualquier Filmoteca decente. Ahora nos llega su particular Stalker, viaje a ninguna parte en dos actos. Los billetes para este periplo: el sábado 28 de abril a las 22h o el domingo 6 de mayo a las 17h.

Consejo final. Dejaos de lecturas en diagonal hechas por otros y escoged cualquiera de los 49 títulos atendiendo a vuestras propias corazonadas. Más que nada porque hay pocos placeres comparables a acertar (o equivocarse) uno mismo. Cine de autor, audiencia de autor.

Diez días para tratar de compaginar la vida (“¿saldré a tiempo para llegar a la de las siete?”) y la pasión cinematográfica. Qué poético. No, quizás lo nuestro sea simple y llanamente hacer el friki, tío. Tanto da: a disfrutar y recomendar a discreción. Haced doblete o triplete, aunque eso implique mal cenar en la cafetería de la esquina. Recuerda: no somos lo que comemos, sino lo que vemos (así que mejor no veas lo que te han vendido como un bikini). “Y termina rápido, que empieza a haber cola… cochina ciudad… ¿de dónde salen todos estos? ¡¿No estrenaban hoy ‘Los vengadores’?!

L' Apollonide de Bertrand Bonello en Intermedio DVD

Los márgenes quedan al borde, a la orilla, en las afueras. Delimitan el espacio principal, el que debería contener la sustancia. En los libros, por ejemplo, cumplen una función gregaria. Facilitan la lectura y están reservados para las notas a pie de página o para anotaciones manuscritas por parte de posibles lectores ¿Qué sucedería si la parte más relevante de un texto estuviera contenida precisamente en los márgenes, si el texto principal no fuera más que una archiconocida repetición de viejas fórmulas preestablecidas carentes por completo de riesgo, de innovación y de significado? Estaríamos, cuando menos, ante una situación paradójica, ante una distorsión, deliberada o no, de lo que supone que es un texto al uso. Eso es precisamente lo que está sucediendo desde hace algunos años en nuestro país en el mundo de la creación cinematográfica. La vieja tensión entre arte e industria se ha roto, como no podía ser de otro modo, por la parte más débil. La mayoría de las producciones, incluso aquellas que cuentan con el beneplácito de las grandes audiencias (especialmente esas) transitan por caminos demasiado trillados. Han claudicado definitivamente en favor de las fórmulas inocuas, de las convenciones repetidas hasta la saciedad. Parece que ya no queda nada por inventar. ¿Pero cómo es posible que esté todo inventado en una manifestación artística y cultural que cuenta apenas con cien años de vida?

Afortunadamente, en paralelo a este proceso, ha ido surgiendo una estirpe de creadores que se rebelan cada día contra esta dictadura de lo convencional, del no se puede. Son autores que se arriesgan y desarrollan su obra precisamente en los márgenes. En las afueras de la industria, en la periferia de los sistemas convencionales de producción, distribución y exhibición. Ajenos a las convenciones. Mentes inquietas que todavía osan sacudir los supuestos principios del lenguaje cinematográfico, que se atreven con nuevas formas de narrar, que rehúyen de las fórmulas preestablecidas y juegan con las difusas fronteras que se supone separan los géneros.

Por supuesto, existen muchas personas que no reparan en los márgenes, no disponen de tiempo o de curiosidad suficiente para prestarles atención, quizás simplemente sea la rutina, la fuerza de la costumbre, la que les lleva a despreciar la fecundidad de las orillas. La obra de estos directores que apuestan por un cine diferente pasa prácticamente inadvertida para el gran público. Ni siquiera aquellos títulos que logran el reconocimiento unánime de la crítica y son premiados en festivales internacionales consiguen saltar ese abismo. Se pierden en la marea de los innumerables estrenos semanales y de las monstruosas campañas promocionales de las grandes producciones. En la mayoría de los casos, ni siquiera llegan a estrenarse o tienen un paso muy fugaz por las salas comerciales restringido a unas pocas pantallas en los grandes núcleos urbanos.

El Festival MÁRGENES pretende dar cabida a todas esas obras que por contenido, sistema de producción y ambición se sitúan en las afueras de la industria cinematográfica española convencional. MÁRGENES nace para reflejar el carácter poliédrico y ecléctico de esta nueva práctica cinematográfica y está abierto a obras de diferentes géneros y formatos. MÁRGENES es un festival online que apuesta de forma decidida por todas aquella obras que hacen de la innovación, la experimentación con el lenguaje cinematográfico y de la indagación en géneros y temas su consigna. Una ventana para dar a conocer y promocionar la parte más inquieta, ignota, precaria y atractiva de la creación audiovisual española actual. Un espacio virtual de encuentro entre creadores y público.

El camino principal puede ser el más cómodo, el más aséptico, el mejor señalizado, pero muchas veces no resulta el más interesante.

El futuro está en los márgenes.

Margen

(Del lat. margo, -ĭnis).

1. amb. Extremidad y orilla de una cosa. Margen del río, del campo.

2. amb. Espacio que queda en blanco a cada uno de los cuatro lados de una página manuscrita, impresa, grabada, etc., y más particularmente el de la derecha o el de la izquierda. U. m. en m.

3. amb. apostilla.

4. amb. Ocasión, oportunidad, holgura, espacio para un acto o suceso. U. m. en m.

5. amb. Com. Cuantía del beneficio que se puede obtener en un negocio teniendo en cuenta el precio de coste y el de venta.

* El festival de cine online “Márgenes” se celebrará del 20 al 29 de Febrero y ofrecerá en visionado gratuito 10 películas:

Diagonal es un periódico quincenal de información crítica con más de 5000 suscriptores, 15.000 ejemplares de tirada y 7 millones de visitas anuales a su web. Este proyecto contrainformativo viene informando de la actualidad de los festivales de toda España desde una perspectiva comprometida y solidaria. En esta ocasión os traemos un artículo de opinión sobre el intento de eliminación de algunos de ellos, como el de Cine Político de Ronda y el Festival PUNTO DE VISTA de Navarra.

http://www.diagonalperiodico.net/La-Cultura-por-otros-medios.html

“Cuanto más importante y de mayor entidad sean los motivos de la guerra, cuanto más afectan a los intereses vitales de los pueblos, con mayor empeño se tratará de derribar al adversario, entonces tienden a confundirse objetivo guerrero y fin político y la guerra aparece menos política y más puramente guerrera”

Clausewitz, al que cada día acuden directivos de fondos de inversión privados, sus empleados en los departamentos de democracia y elecciones en las sucursales locales y la morralla del pensamiento filosófico, o sea, los escritores de manuales sobre cómo triunfar pisando a los semejantes, guarda frases como ésta que revelan el mecanismo interno de la ofensiva de la que hoy día es víctima el pueblo como entelequia, como idea, como ideal, y verdugo como cómplice, como cooperador necesario en la construcción de la legitimidad social de su destrucción como sujeto histórico. La excusa para decir esto no es el minado y dinamitado diario de la educación y salud públicas, tampoco ninguno de los signos involutivos de la desparcelación de los cinco poderes o el exterminio silencioso y blando de la tenue luz de los últimos 200 años, sino una noticia prosaica, casi banal para la mayoría silenciosa, oscura como las salas de cine donde también se forma la conciencia colectiva.

La noticia es que al capital también le empieza a sobrar su propia cultura subvencionada. Le sobra la que regala los oídos y le sobra la que le siega la hierba sin cortarle los pies. Al capital si le sobra gente es que le sobra todo, es como el desapego budista o los votos de monasterio, pero al revés. Le sobra gente civilizada, le sobran años en la esperanza de vida de los del montón, los casi todos, le sobran hasta las frases con las que vendérselo a la chusma, y si a alguien le falta algo, a ellos les sobran las balas. Como entiende Clausewitz, a propósito de la guerra, en la crisis económica, cuanto de mayor entidad son los motivos, cuanto más afectan a los intereses vitales de la gente, más se incidirá en que los motivos son económicos y menos en que son políticos.

El Festival de Cine Político de Ronda y el Festival “Punto de Vista” de Cine Documental y de No Ficción de Navarra, entre otros muchos, han sido puestos en el brete de su desmantelamiento en los últimos días. En el caso navarro era el único signo de modernidad en las instituciones desde los tiempos de la república. En el caso de la ciudad malagueña era un OVNI que nadie se atrevía a definir al pronunciar en voz alta una palabra que se inscribía como la carta robada del relato de Poe. La palabra ’política’, detrás de la palabra ’cine’, la palabra que todos temen si quieren comer de esto. Ronda, con sólo una edición, era un oasis de ilustración socialdemócrata, es posible, no seamos malos, homenajes a Saramago, a Ken Loach, podemos decir mejor ilustración para socialdemócratas o las primeras 20 clases del teórico gratis. Navarra era punto de encuentro de modernos estetas y punto de salida para unos pocos de la ética en el cine en el siglo XXI. A los dos festivales los han ido a liquidar con esa excusa que conocen bien los funcionarios de la cultura de que “no hay dinero”.

Y los dos festivales han arrancado el compromiso de una celebración bianual. Ronda porque tiene un convenio. Navarra porque ha sido apoyada por todo el mundo ligado al cine de creación en España, más de 5000 firmas en Actuable. El poder ha llegado a un punto en que cualquier manifestación cultural le resulta incómoda o le parece “innecesaria”, así que hay que preguntarse por dónde continuar. Veremos dentro de dos años cómo están las cosas a ese respecto, al fin y al cabo estamos en crisis y un espectador es sólo una persona que se sienta en una butaca a ver una película ¿o no?

Portada - Diagonal - 158

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