archivo

Archivo de la etiqueta: Bertrand Bonello

 

Garras humanas (Todd Browning, 1927)

El hombre que ríe (Paul Leni, 1928)

La calle de la vergüenza(Kenji Mizoguchi, 1956)

La muerte de Maria Malibran (Werner Schroeter, 1971)

La Paloma  (Daniel Schmid, 1974)

Lola una mujer alemana (Rainer Werner Fassbinder, 1981)

Faubourg Saint-Martin (Jean-Claude Guiguet, 1986)

Las flores de Shangai (Hou Hsiao-Hsien, 1998)

Death Proof (Quentin Tarantino, 2007)

 

Muchos cineastas se resisten a confesar sus influencias. Al organizar para el Festival de La Roche-sur-Yon una programación alrededor de L’Apollonide dotas a la película de un auténtico árbol genealógico. ¿Qué te decidió a hacelo?

No todas las películas elegidas sirvieron de referencia para L’Apollonide, es por eso que la programación se titula Recuerdos de otras películas. Para algunas de ellas incluso me costó encontrar relaciones. Están ahí porque tenía ganas de mostrarlos. Cuando Emmanuel Burdeau me propuso hacer una programación alrededor de L’Apollonide mi intención no era desvelar mis influencias, sino enriquecer la película. Eso es lo atractivo. Siempre se hace la promoción para hablar de uno mismo, así que llega un momento en que sienta bien hablar de los otros

Al ver la programación a posteriori, ¿crees haber olvidado películas?

¡He olvidado cincuenta! Me limité a diez películas, intentando no hacer una programación demasiado unilateral, es decir no demasiado americana, ni demasiado 1900, etc. El resultado es un espectro, limitado temporalmente por Garras humanas y por Death Proof. Hay una parte muy alemana, para permitirme así incluir a Ingrid Caven, presidenta del jurado este año y asociar mi carta blanca al homenaje en su presencia.Hay también una parte asiática. Al final se obtiene una cartografía bastante amplia.

Presentaste Las flores de Shangai junto a Jia Zangke e hiciste tres observaciones importantes. La primera trataba de tu descubrimiento de la película de Hou Hsiao Hsien. Fuiste a verla varias veces cuando se estrenó y cuando fue editada en DVD viste una y otra vez el plano secuencia que abre la película. ¿Eres un cinéfilo compulsivo?

Para nada, pero ciertas películas incitan a ello. Mucha gente me ha dicho no haber comprendido todo de Las flores de Shangai. Es normal, pero la intención no es comprender la historia. Nuestro instinto de espectador es agarrarnos a los personajes y querer saber quién es quién, cuando ese no es el asunto de la película. Simplemente hay que dejarse llevar. No está ni siquiera prohibido quedarse dormido, porque dormir es soñar y la película es precisamente una especie de largo sueño. Volví a ver Las flores de Shangai porque formalmente es muy fuerte y tiene además un lado trip, pero no soy un cinéfilo compulsivo. De hecho soy mucho menos cinéfilo que muchos de mis colegas. Pero como mis películas aluden a menudo al fetichismo el espectador o el crítico van a buscar referencias a otras obras , planos objetos, momentos, pero es bastante menos voluntario de lo que se cree.

El reflejo crítico de encontrar una filiación a una película parece haber sido aún más fuerte que se costumbre en el caso de L’Apollonide.

Me pasó lo mismo con De la guerre y Tiresia. Mis películas inspiran una relación con el fetichismo, probablemente yo debo de serlo un poco. Para L’Apollonide muchos se han lanzado, citando películas, cineastas o cuadros que yo no conocía para nada.

Volvamos a la segunda observación. Para L’Apollonide dices haberle dado como indicación a la directora de fotografía el encontrar la justa mezcla entre Las flores de Shangai y Death Proof. Es imposible pero, ¿qué pretendías al señalar estas dos películas?

Era una broma por mi parte, pero a veces hay que empezar así para fijarse una meta. Esas dos películas me interesan porque muestran mujeres entre ellas, que hablan mucho. Son dos películas en las que no sucede gran cosa, incluida la de Tarantino, si uno excluye las dos secuencias con el coche, y que me alejaban del folclore franco-francés que temía, el de París 1900. La  intención era ir a buscar a otro sitio. Tenía ganas de recobrar el hipnotismo, la ligereza y los sonidos de Las flores de Shangai, por ejemplo, pero esos elementos están finalmente menos presentes en el guión definitivo de L’Apollonide que en la primera versión, que era mucho más larga.

Respecto a la tercera y última observación: hablaste de una película opiácea respecto a Las flores de Shangai. Ese adjetivo caracteriza perfectamente L’Apollonide. La estructura compleja del inicio de la película, con esa confusión entre pasado y presente, sueño y realidad, ¿es una forma de dar cuenta del poder del opio? La pregunta se planta porque puede recordar al principio que aplica Sergio Leone a la narración de Érase una vez en América.

No es por eso por lo que elegí esa construcción. En huis-clos y en ausencia de un espacio visual tenía que encontrar una forma de espacio en el tiempo, luego jugar con las temporalidad a fin de encontrar una apertura que la geografía no me ofrecía. Todo esto estaba escrito en el guión, de manera precisa. Luego, durante el rodaje, busqué la atmósfera de los salones y ese tono opiáceo me convenció. Me permitía preservar la suavidad y la sensualidad, y evitar el lado titi parisino.

 

 

Original en Accreds.

Casa de tolerancia, L’Apollonide. Distribuida por Intermedio. En salas en Barcelona, Vigo y San Sebastián. 

Anuncios

 

Cine Divergente:

No solo en ella resuena el cine de terror de los inicios del cine, fácil es pensar en el poeta de la deformidad física, Tod Browning, sino que su personaje adquiere un significado polisémico donde las ramificaciones simbólicas no parecen acabarse, algo que es extensible a todo el conjunto del largometraje. Porque L’Apollonide no parece agotarse nunca y resulta harto complicado estrecharle un lazo que le haga justicia.

Manu Argüelles

 

Cinemanía

De planificación y ambientación exquisitas y rompedoras, a la manera de un Peter Watkins o Raoul Ruiz (¡palabras mayores!), con la referencia obvia de los tableaux vivants, de una sensibilidad más epidérmica que carnal, las relaciones entre sexos finiseculares revelan una realidad turbadora: compren una revista erótica; mejor aún: compren una revista femenina. Descubrirán, descorazonadoramente, que aunque haya derribado las puertas de Casa de tolerancia, la mujer sigue siendo considerada un maniquí sin alma ni sentimientos. Nada ha cambiado.

Rubén Romero

 

Cineuá

Si el cine es el arte por excelencia de la memoria y el recuerdo, L’Apollonide es, antes que nada, una reivindicación del medio fílmico, de sus posibilidades temporales, de edificar universos alternos al nuestro, que coexisten pero no se interrelacionan. En parte, esta enclaustrada cinta francesa también trata sobre como una idea puede devenir en un nuevo sistema de relaciones y códigos, de moralidad y vicios, de deseos y pulsiones, nacido exclusivamente de un recuerdo o, aún más, de una abstracción del recuerdo. Es por lo tanto ciencia-ficción.

Sergi Fabregat, Vicente Rodrigo Carmena, Déborah García

 

El País

L’Apollonide parece nacer en la inesperada encrucijada entre una melancolía de textura casi proustiana y la anticipación de las claves de una sexualidad futura, desligada del deseo: la película es, por un lado, un paseo casi opiáceo a través de un limbo perdido —una casa de tolerancia entendida como entorno ambiguo, conflictivo— y, por otro, una ensoñación que detecta en ese mismo entorno las claves del materialismo lúbrico que define la contemporaneidad.

Jordi Costa

 

Fotogramas:

El prostíbulo como cloaca de la Historia, el lugar donde se sentaron las bases de este capitalismo que nos estrangula, el lugar donde la fuerza del trabajo y el principio del (des)placer quedaron sujetos a la lógica de la dominación masculina y la sumisión femenina. El lugar, en fin, que funciona como marco simbólico de la alegoría de Bertrand Bonello. ¿Alegoría sobre qué? ¿Sobre los cuerpos como mercancía, sobre el asfixiante peso de una Historia que tiende a repetirse como un ritual?

Sergi Sánchez

En su quietismo e inspiración pictórica, bordea el esteticismo, tontea con el morbo. Pero si la película salva estas dos amenazas es porque detrás de cada imagen hay un hondo y terrible componente de humanidad. Porque en el horror intuido de las vidas de todas las prostitutas que moran por este film se revela la poesía. La poesía de los sentidos.

Joan Pons

 

Go Mag

Se encienden las luces, y se apaga la magia del cine, un poco como cuando cerrábamos las discotecas después de una noche química. En realidad no es más que eso, podemos perdonarle a Bonello esa última bbofetada de realidad, amortiguada eso sí por el temazo de soul de Lee Moses (“Bad girl”) que cierra el film y nos acompaña para siempre. “L’Apollonide” es un regalo, una experiencia única, que apela a los sentidos y no necesita de coartadas intelectuales, ni mucho menos de la carga insufrible de un mensaje socio político moralizante sobre el oficio más viejo del mundo.

Philipp Engel

 

La Vanguardia

Bertrand Bonello nos invita a contemplar el día a día del lugar: las tareas de higiene de las prostitutas, con detalle de las cremas, perfumes y jabones; las muy cordiales relaciones entre ellas, ayudándose a vestir o charlando durante las comidas, y naturalmente sus obligaciones laborales con los clientes, ya sea distendidamente en grupo, entre licores, tabaco y juegos de mesa, o en la intimidad de la habitación, donde los caprichos de los caballeros pueden resultar inofensivos (bañarse en champán, disfrazarse de geisha, representar el papel de muñeca de cuerda…) o puntualmente trágicos (el desalmado que desfigura a una prostituta convirtiéndolo en un Joker avant la lettre).
Jordi Batlle

 

Lumière (1 y 2):

Las películas de Bertrand Bonello son siempre películas suicidas, poseen una atracción hacia la autodestrucción que las convierte en experiencias desiguales. Fascinantes y equívocas, reconocemos nuestras rarezas en sus imperfecciones. Aquí, por primera vez, todo encaja, incluso esa voluntad suicida. Parece una película dotada de un equilibrio capaz de albergarlo todo, como si ese tiempo condensado, ese espacio cerrado, fuera el lugar que inspirase a Bonello la elección del ingrediente perfecto para cada momento: la música, sea soul, ópera o electrónica, mucho menos presente en la película de lo que luego lo es en nuestro recuerdo, o incluso esa preciosa partida de campo en la parte central de la película, de cuerpos desnudos entre árboles, el sol, y el río.

Fernando Ganzo

En cierto sentido, la película funciona como una piedra que tocamos con los ojos cerrados: hay momentos y sensaciones que parece que volvemos a vivir. La narrativa debería funcionar así. Las caras, en su magnificencia absoluta, en su detalle, se suceden, nuestra mirada salta de un volumen a otro. De acuerdo, puede que sean sólo fragmentos de un fresco más amplio. Un auténtico cuadro, algo barroco, en el que se dan cita el colonialismo y la necesidad de ser colonizado. En resumen, el erotismo, incluso en su cara más macabra, más sadiana. Por lo demás, la luz se deposita sobre los cuerpos desnudos.

Alfredo Aracil

 

Miradas de Cine:

“Dentro de ella, un lugar aislado del mundo cual castillo de Selliny, confortablemente atrincherados —pues tiene algo de fortaleza: en el fondo es también un lugar de resistencia— ante un mundo exterior que se nos antoja hostil, estremecedor, temible, asistimos al cambio de siglo sin estruendo alguno; acolchados. Es como si, sin darnos cuenta, nos acostáramos en el XIX y despertásemos ya en el XX, un tránsito casi festivo que tiene un no sé qué —el champagne, la música, la excitación— de Nochevieja. Y es que en L’Apollonide todas las noches parecen Nochevieja… La misma extraña mezcla de alegría y desconsuelo, idéntica sensación de despreocupación y de abandono.”

Santiago Rubín de Celis

 

Número cero:

La película, en su conjunto, parece sumergida en un caldo onírico donde las fantasías conviven con la cruda realidad. Es la fiesta de la heterodoxia, rematada por el uso majestuoso y anacrónico de los temas musicales ‘The Right to Love You’ (The Mighty Hannibal) y ‘Nights in White Satin’ (The Moody Blues), que hacen bailar y llorar a unas mujeres embarcadas en la lucha por la supervivencia, así como en la defensa de una dignidad personal en peligro de extinción.

Manu Yáñez Murillo

 

Punt Avui:

Veient les belles imatges de L’Apollonide –la millor pel·lícula presentada al Festival de Canes del 2011– la reacció no és tant pensar en la llarga tradició de films sobre prostitució –amb l’excepció dels rodats per Kenji Mizouguchi– com endinsar-se en les pel·lícules que tracten sobre la vida de noies tancades en convents, des de La religiosa de Rivette fins aThérèse d’Alain Cavalier. Malgrat que els rituals de la pregària i els del sexe tenen poc a veure, els universos de les dones tancades acaben explicant relats de remordiments, còlera i avorriment. Un luxe a la cartellera.

Ángel Quintana

 

Sensacine

He aquí una película que podemos habitar. Una película que abre sus puertas –las de un prostíbulo en el cambio del siglo XIX al XX– y nos invita a vivir dentro de ella, recorrer sus espacios, relacionarnos con los cuerpos y las miradas que los habitan. Una película, por tanto, que no podemos si no frecuentar una y otra vez, atrapados por la hipnótica experiencia que propone, por los paraísos artificiales que atesora y los fragmentos de vida (de placer y de dolor) retratados y que, gracias al poder de seducción artística de Bertrand Bonello y sus extraordinarias actrices, no querremos abandonar por un minuto.”

Carlos Reviriego

 

Transit:

El cine de Bonello aparece atravesado diagonalmente por la pornografía y la prostitución,  sintetizadas como una imagen común en la que se difuminan cada uno de sus límites. Esta imagen, pese a su condición de marginalidad, bien podría ser el paradigma de todas las que nos rodean, ya que dentro de un panorama de hipervisibilidad muestran lo que, paradójicamente, ocultan las demás; su carácter de zona de intensificación del deseo.

Ricardo Adalia Martín

 

Casa de tolerancia. L’Apollonide. Estreno en España el 24 de agosto de 2012. Distribuida por Intermedio. 

Viene de aquí.

La historia de L’Apollonide transcurre al final del siglo XIX, sin embargo dices que no es una película de época…

Durante la preparación Bertrand decía: No intentemos reconstruir, de todas maneras no estábamos allí. Una película de época siempre representará más la época en la que fue rodada que aquella que quiere representar. Viendo por ejemplo La Petite, de Louis Malle, que transcurre a principios del siglo XX en un burdel, uno se dice que es una película de 1970 de A a Z. L’Apollonide es una película de época en cuanto a los vestidos, los peinados, los accesorios, pero las actrices son muy modernas, el material el muy actual también. ¿Cómo podría hacerse hoy una película de época que fuese realmente una película de época? Haría falta una cámara de la época, celuloide de la época, pero ahí tenemos una imagen muy picada, en diez años se notará que es una película de 2010. Hay por ejemplo anacronismos: la música es de los años sesenta, es soul, que habla también de la esclavitud…

 

En cierto modo ¿es una película comprometida?

Sí, en la forma y el fondo. Es una película que alterna lo novelesco y la crónica pero que no es una película coral, el director ha intentado realmente hacer una película sobre varias chicas, con una verdadera noción de conjunto. Le gustan los huis-clos y creo que eso viene de una de sus películas, De la guerre, que transcurre también en parte en un lugar cerrado, y ese principio le gustó mucho.

A partir del momento en que se cierran las puertas, todo puede suceder y el espectador acepta puesto que se le lleva a un lugar que está fuera del mundo. En los burdeles había realmente decorados muy teatrales: la habitación inglesa, la habitación japonesa, una gruta, una tienda de tuareg sobre un fondo de desierto… Nosotros hemos sido más sobrios porque todo eso puede parecer inimaginable hoy en día, pero en cambio hemos conservado la idea del teatro, de la fantasía.

La casa está realmente cerrada, con verjas en las ventanas. Pero sobre todo: ¡las chicas no salen nunca! La película está cortada en dos por una única escena en exteriores cuando la madre las lleva al campo. Cuando volvemos a la casa es aún más cruel. Uno se da cuenta entonces de que realmente están presas. Bertrand eligió mostrar chica bellas, fuertes, inteligentes…

Para terminar y volviendo a un aspecto técnico: etalonaste de manera tradicional (¡pronto hablaremos de etalonaje de época!)

Sí, todo está hecho de manera tradicional, aparte de los créditos y de algunos planos trucados. Fue un poco delicado, porque trabajé con temperaturas muy bajas y hubo que evitar los negros cerrados o muy cálidos. Estaba subexpuesta todo el tiempo, a menudo dos diafragmas. En aquel entonces no se veía nada en esos lugares y quise recrear ese ambiente un poco misterioso. Me gusta también jugar con los dimmers durante el plano, me gusta la luz viva. Para volver al tema del etalonaje, probamos primero varias cámaras digitales (de la 5D a la D21, parando por la RED) teniendo siempre como referencia el 35mm. Pronto comprendimos que el celuloide nos llenaba de una emoción que es quizás una forma de nostalgia, pero que correspondía perfectamente al tema de la película.

Fue sobre todo en el momento de comparar  el etalonaje 35mm 3 perfs digital con el etalonaje en argéntico cuando vimos que no había que dejar caer la cadena tradicional porque al final la película está centrada en los rostros y, aún a riesgo de repetir lo que se ha dicho muchas veces, en las pieles hay una forma de sutileza que no se tiene en el digital. Ahora que Éclair anuncia que quizás cierre su rama en celuloide dan ganas de echarse llorar. Es también lo que cuenta la película: ¡el fin de una época!

Palabras recogidas por Brigitte Barbier para la AFC

Casa de tolerancia. L’Apollonide. Estreno en España el 24 de agosto de 2012. Distribuida por Intermedio. 

Da la casualidad (o no) de que de las cuatro películas que Intermedio ha distribuido en salas tres de ellas, Casa de tolerancia, Yuki y Nina y La question humaine tienen un inesperado punto en común: Josée Deshaies, directora de fotografía. Por ello, y por explorar la fabricación de la película en lo que tiene de más artesanal, nos ha parecido interesante recuperar esta entrevista que le hicieran a propósito del rodaje de Casa det tolerancia.

Este decorado de burdel ha sido una ocasión para ti de instalar un dispositivo de luz un poco complejo. ¿Puedes explicarnos por qué?

Josée Deshaies: Es una película que transcurre casi exclusivamente en interiores, en un hotel particular. La cuestión fue para mí saber cómo iluminar con, en principio, las cortinas y las persianas cerradas, sabiendo que no podía acercar un proyector a menos de un metro del techo. Esta limitación venía de un problema en un rodaje anterior: ¡el techo se había caído a causa del calor! Con Marianne Lamour, la jefa de eléctricos, y con Gaston Grandin, el jefe de maquinistas, tuvimos que inventar un sistema de enganche, como una tela de araña, con mantas térmicas para aislar el techo del calor provocado por los proyectores. ¡Y había un termómetro en permanencia!

Era por otra parte un decorado interesante porque podíamos rodar en él los salones, las habitaciones de los clientes y las habitaciones de las chicas. Así que con Marianne nos pasamos mucho tiempo pensando para encontrar la solución correcta.

¿Por qué no rodasteis en estudio ?

Por una cuestión de presupuesto, pero también por a Bertrand le gustan las paredes de verdad, sentir que una puerta se cierra de verdad y que la pared de decorado no se va a mover. Y además las limitaciones obligan a ser inventivo.

Me pregunté cómo iba a iluminar un lugar que iba a ser como un teatro. En los tres pisos imaginamos ambientes diferentes: los salones, las habitaciones de los clientes (la habitación negra, la habitación de los espejos sin azogue, la habitación japonesa, a mora), y las habitaciones de las chicas. Nos dijimos que en 1899 la electricidad quizás hubiese llegado, pero no hasta los últimos pisos. Así que jugamos con lámparas de petróleo, velas: a cada piso que subimos la luz es más cálida. Ese es el dispositivo que imaginé.

¿Instalaste toda la luz antes del rodaje ?

Sí, en los dos salones, hubo una semana de pre-iluminación. Todos los poyectores estaban conectados a una consola, para los planos y contraplanos, que fuese muy rápido, que no hubiese tiempo de espera. Ademas Bertrand quería utilizar el zoom en ciertos momentos. Probé el zoom Angénieux Optimo 17-80 mm y decidí utilizarlo como único objetivo. Tuvimos 37 días de rodaje para una película de época, con vestidos, con los corsés que anudar, los peinados sofisticados, los maquillajes a veces largos de hacer. Las doce chicas estaban a menudo todas en escena. Imaginamos paredes oscuras para que las chicas fuesen como una joya sobre un estuche, verdes oscuros, negros, materias bastante mates, y, en cambio, vestidos bastante brillantes, chicas muy arregladas. Era a ellas a las que había que ver. Los hombres pasan, a veces no se les ve, están de espaldas. Con Bertrand decidimos que la luz tenía que emanar de ellas.
¿Investigaste sobre los tipos de luz de la época ?

JD : Sí, para las lámparas de petróleo y también para una secuencia que transcurre en un salón mundano donde se exhibe a una chica como un monstruo de feria. Investigué y encontré esa luz que se llama luz oxhídrica, lo que los ingleses llaman limeligt. Se utilizaban en el siglo XIX en el teatro, las famosas candilejas. Cuando la mujer es expuesta, como en un “freak show”, recreamos ese tipo de luz que es al mismo tiempo furtiva y blanca. En realidad en esta película lo hemos medido todo con el termocolorímetro. Las lámparas de petróleo, las velas… Las temperaturas son muy bajas, así que partí del principio de que 3200K sería mi referencia de blanco, de neutro. Si quería tener una luz más cálida, ponía Full CTS es las ventanas, utilizaba los HMI corregidos con +/- green, ¼ CTS o CTB para corresponder al sol que entraba y así tenía las entradas de luz del día a 3200K. El resultado es más justo que si hubiese conservado los HMI a 5600K, la diferencia con las lámparas de petróleo era así menor. Tenía HMI para las escenas de día sin las lámparas de petróleo y en ese caso filtraba la cámara con un 85 o un 85C, como se hace habitualmente. Utilicé espejos con 12Kw que reflejaba en ellos. Así conseguíamos llegar a lugares de acceso difícil. Marianne fabricó Softlight casero, yo los llamaba de hecho los « Marianne », con telas. El resultado es una mezcla de Luciole, de lámparas de papel chinas y de reflectores con cobertura térmica dorada.

Continuará…

Palabras recogidas por Brigitte Barbier para la AFC

Casa de tolerancia. L’Apollonide. Estreno en España el 24 de agosto de 2012. Distribuida por Intermedio. 

Como decíamos, llegó a nuestras manos la lista de canciones de la fiesta de Casa de tolerancia, L’Apollonide, en Cannes, y por parecernos que la música ocupa un lugar esencial en la película (como una fiesta desesperada describe Bonello su película), y por  las canciones en sí, la compartimos con vosotros. Tras la primera parte (aquí), he aquí la segunda, apogeo y fin de la fiesta…

I Need You Tonight Punkin’ Machine
Sea, Sex & Sun (Mirror People ‘Cosmic’ Rework) Serge Gainsbourg
Beggin’ (pilooski edit) Frankie Valli
White Horse (Mike Monday Mix) Wonderland Avenue
Gimme! Gimme! Gimme! (A Man After Midnight) ABBA
See You All Koudlam
Just Can’t Get Enough Depeche Mode
Go Outside Cults
Bad Girl (Extended) Lee Moses
Harlem Shuffle Bob & Earl
This Boots Are Nade For Walking – Nancy Sinatra
Amoureux Solitaires Etienne Daho – (Siskid’s Sunset Version)
Superstar (The Krays Remix) Aeroplane
Technologic Satisfaction Eg0maniac
So Hungry, So Angry Medium Medium
brand new bag James Brown
Somebody’s Watching Me Rockwell
Rabbits In A Hurry Superpitcher
Banquet (Boyz Noize Vox Mix) Bloc Party
This is not a love song PIL
Sweet Dreams (Are Made Of This) Eurythmics
Calypso Round Table Knights
Somebody To Love Me Mark Ronson & The Business Intl
A 5th of Beethoven (soulwax edit) Walter Murphy
Whole Lotta Love Led Zeppelin
Since I Found my Baby The Metros
Nothing but a heartache The Filtrations
Toxic Ft. Tiggers & Ol’ Dirty Bastard Mark Ronson
Movin Too Slow The Exciters
Respect Aretha Franklin
Beyond The Sea Bobby Darin
Heart Of Glass Blondie
Ready Or Not (Here I Come) Jackson 5
Planet Claire The B-52’s
Jet Boy Jet Girl Elton Motello
Brand New Cadillac Vince Taylor & His Playboys
Je Danse Donc Je Suis Brigitte Bardot
PrettyYoungThing Michael Jackson
From Ritz To The Rubble Arctic Monkeys
Ofterschwang Jurgen Paape
If I Ever Feel Better Phoenix
The Look Metronomy
Are you lonesome tonight (laughing version) Elvis Presley
Sexe Line Renaud
Flashing Lights Kanye West feat R Kelly
Woman To Woman Joe Cocker
Bad Girl (Part 2) Lee Moses

Casa de tolerancia. L’Apollonide. Estreno en España el 24 de agosto de 2012. Distribuida por Intermedio. 

Por medios más o menos oscuros llegó a nuestras manos la playlist de la fiesta de L’Apollonide en Cannes. Como la música juega un papel importante en la película, y sobre todo porque hay canciones que merece la pena descubrir o redescubrir, (muchas de ellas de Northern Soul) ahí va la lista, primera parte:

(A Case of) Too Much Lovemaking Gloria Scott
It Didn’t Take Much (For Me To Fall In Love) Percy Wiggins
Hymn no 5 The Mighty Hannibal
A Mighty Good Lover Vashonettes
Gotta Get Myself Together Kenny Carter
Go Outside Cults
Last Night Changed It All Esther Williams
If I Could Only Be Sure Nolan Porter
ride me high (joakim edit) JJ Cale
Le fermeture éclair Delphine
Cuz it’s You Girl  James Walsh Gypsy Band
Moonlight, Music and You Laura Greene
Tell Him The Exciters
The Night Frankie Valli & The Four Seasons
Nothing but a heartache The Filtrations
Could it be You Sharon Scott
Lucky To Be Loved By You Willie Hutch
I Got To Find Me Somebody The Vel-Vets
Since I Found my Baby The Metros
Movin Too Slow The Exciters
Tainted Love Dave Phillips
I Need Your Love The Dynamics
Bad Girl (Extended) Lee Moses
Jukebox Babe Alan Vega
Nobody But You Dolly Parton & The Merry Melody Singers
96 Tears Big Maybelle
Kiss With A Fist Florence And The Machine
Les filles c’est fait Charlotte Leslie
Modern love David Bowie
Last Night The Strokes
Blister in the Sun Violent Femmes
Relator Pete Yorn & Scarlett Johansson
Lisztomania Phoenix
Runaround Sue Dion & The Belmonts
Chick Habit April March
Dancin With Myself Billy Idol
Get Ur Freak On Missy Elliot
I Need A Dollar Aloe Blacc
The Next Episode Dr. Dre
You Can’t Hurry Love The Supremes
Empire State Of Mind Jay-Z Feat. Alicia Keys
Sexy kiss machine (dmc 229) james brown vs prince
Are You Gonna Be My Girl Jet
Take Me Out Franz Ferdinand
J’Ai Tout Lu, Tout Vu, Tout Bu Jacques Dutronc
Habit Of You Arthur Russell
Bette Davis Eyes Kim Carnes
LEAVE! VV Brown
Damaged Goods Gang Of Four
Like a Virgin Madonna
The Breaks Kurtis Blow
Da funk Daft punk
Heavy Cross Gossip
Yes Sir I Can Boogie Baccara

Sigue aquí…

 

Casa de tolerancia. L’Apollonide. Estreno en España el 24 de agosto de 2012. Distribuida por Intermedio. 

VESTUARIO E ILUMINACIÓN:

Laure Adler : Los vestidos son sublimes, ¿cómo los encontró usted?

Bertrand Bonello: He trabajado con una encargada de vestuario, Anaïs Romand, que conoce bien la época. No teníamos mucho dinero, por lo que me aconsejó privilegiar la ropa interior y los corsés. Mandó bordar cada corsé a medida. Los decorados, al final, son bastante simples. Era lo que me decía mi directora de fotografía: «Un diamante sobre un terciopelo negro». Así que pusimos terciopelo negro en las paredes para que las chicas brillasen mucho más.

L. A.: La iluminación en su película es la del fantasma, del deseo, una iluminación neobuñuelesca.

B. B.: He dividido toda la película en dos, atendiendo a la dirección de actores y a la iluminación: el día y la noche. Fue muy duro para la directora de fotografía porque no había ventanas. Partió de una idea que me gusta mucho: la llegada de la electricidad. Así, en la lujosa planta baja hay lámparas, mientras que en la planta superior, aún no hay electricidad, por lo cual hay velas. Lo que ella quiso –se trata de una idea un poco onírica– fue que las chicas fuesen su propia luz.

CREACIÓN DEL ESPACIO-TIEMPO:

B. B.: En la construcción narrativa, las partes primera y tercera actúan como espejo la una de la otra. Por el contrario, la parte central es casi una crónica. Por otro lado, no existe espacio para las chicas. Puesto que no podíamos salir, creamos un espacio en el tiempo. Jugamos con el tiempo, la simultaneidad, los flash-backs, los espejos de dos caras, las pantallas divididas. La película avanza un poco como un corro, es una película de ajustes de planos, de encadenamientos, una idea que llega al final de una escena y que pone en marcha la siguiente. Las chicas se toman el relevo para contar sus historias, así es como rodamos. Y después, de vez en cuando, vamos un poco hacia atrás para enriquecer y ofrecer otro punto de vista.

L. A.: Hay una discontinuidad narrativa, pero de hecho, una sola temporalidad y un único tempo, en el sentido jazzístico.

LA MÚSICA DE LAS ALMAS, UNA PELÍCULA DE HOY:

L. A.: Inserta usted música contemporánea en medio y al final de la película. ¿Lo hace para demostrar la contemporaneidad del tema? ¿O para demostrar que en absoluto se trata de una película de época?

B. B.: Lo que me da miedo de una película de época es la reconstrucción. Cuando escribía la película, escuchaba esta música soul de los años sesenta y el alma de esas voces de cantantes negros americanos me volvía a llevar hasta las chicas. Cuando una de ellas muere, el resto de ellas entona a su alrededor un canto de esclavas. No hace falta poner a un cuarteto de cuerda por el hecho de estar en 1900. No se trataba de darle un toque moderno. Simplemente, esas mujeres me recordaron esta música, quizás por la relación con el esclavismo.

 L. A.: Sabrá que está usted de plena actualidad con las nuevas leyes que hacen pagar impuestos a los clientes con las nuevas leyes. De nuevo se vuelve a hablar mucho de las casas de tolerancia y su película se cierra justamente con una de las chicas haciendo la calle en algún lugar de una ciudad de hoy en día.

B. B.: Sí, Porte de la Chapelle. Al final, una de las chicas pregunta: «¿Qué vas a hacer después?». La otra le responde: «No lo sé», y cien años después está haciendo la misma cosa. Para mí es la idea del destino novelesco: una consigue salir, mientras que la otra sigue siendo puta toda su vida. Lo que me interesaba era hablar del destino de una mujer que jamás se las arreglaría para salir cuando llevaba mucho tiempo soñando que lo conseguiría.

DE LA CARNE:

 L. A.: Y luego están las que quieren quedarse allí porque la muerte está omnipresente.

 B. B.: Sí, hay un peligro, especialmente la sífilis.

 L. A.: En ese aspecto, desde la perspectiva histórica, usted se mantiene fiel a lo que pasaba en la época. Los únicos hombres que tenían derecho a entrar en los burdeles, aparte de los clientes, eran los médicos. Hay una secuencia en la película en la que se obliga a las chicas a que se abran de piernas, no para ser pagadas, sino para que las inspeccione un médico. En esta secuencia se ve bien que esta carne fresca con la que trafica la burguesía ha de estar sana y limpia.

B. B.: Esa secuencia me parece muy cruel. El hombre que interpreta al médico es un ginecólogo de verdad y, cuando comenzó a recitar el texto de manera médica, me dejó helado. Y además, las chicas esperan, tienen miedo: estar o no embarazada, estar o no enferma. Tenía ganas de hacer una secuencia de terror. Vemos poco al médico, sobre todo vemos los rostros de las chicas que esperan su turno para que les digan el veredicto. Si la película tiene algo de política, espero que sea a través de secuencias como esta.

 L. A.: Era también la brigada contra el vicio la que estaba encarnada por estos médicos. Y además, uno de los principales médicos, Parent Duchâtelet, inventó la legislación para las casas de tolerancia, con visitas médicas obligatorias y la presentación de informes ante la prefectura. No creo que sea una mera casualidad que él mismo inventara las alcantarillas de París.

MELANCOLÍA Y DECADENCIA:

L. A.: En el fondo, me pregunto si no es una película sobre el paraíso perdido.

B. B.: Sí, como una especie de melancolía, de decadencia en el sentido etimológico. Está también la negrura del romanticismo. El plano del pétalo de rosa que cae es un plano totalmente romántico, pero el romanticismo es bastante grotesco y, si no lo es, se convierte en sentimentalismo.

L. A.: En relación con la idea de decadencia que evoca usted, hay una escena en la que la Mujer que ríe es exhibida como un animal de feria. ¿Cómo concibió usted esta escena?

B. B.: Como algo operístico. Es puro teatro, una puesta en escena dentro de la puesta en escena. Hay pocos planos. Hacía falta otra energía que no fuera la de la casa de tolerancia, es casi religioso. Pensé en cuadros, en composiciones pictóricas. A ella la vi como una estatua de mármol, con esa piel tan blanca. Las otras están sólo como décorum [belleza del aspecto exterior]. Estamos en el interior de la cabeza de ella. Todo es una puesta en escena, como en un espectáculo aristocrático.

L. A.: 1900, estamos en el paso de un siglo a otro, fecha en la que las casas de tolerancia han comenzado a disminuir porque las chicas empiezan a salir a las calles.

B. B.: Se trataba de mostrar cómo, sin salir al exterior, París, Francia o el mundo iban a cambiar. Muy rápidamente comprendemos que la casa va a cerrar, por lo tanto, no hacemos más que asistir a la degradación de las cosas y ver cómo se van estropeando las chicas. Creo que no hay nada más conmovedor que una forma de belleza que se va marchitando lentamente y que jamás volverá a nacer… Una lenta caída de la magnificencia… Una fiesta desesperada. Lo que viven estas mujeres para no derrumbarse.

Conversación entre Bertrand Bonello y Laure Adler Abril 2011

Casa de tolerancia. L’Apollonide. Estreno en España el 24 de agosto de 2012. Distribuida por Intermedio. 

A %d blogueros les gusta esto: