Godard con dinamita, entrevista en los Inrocks 3

 

Viene de aquí.

 

En uno de los episodios Serge Daney le dice que su generación, la de la Nouvelle Vague, estaba destinada a hacer una historia del cine.

Estábamos en la mitad del siglo y en la mitad del cine. Por lo tanto, podíamos mirar al mismo tiempo hacia atrás y hacia adelante. Hoy más bien avanzo retrocediendo hacia el futuro, pero avanzo hacia atrás de buena gana. Hice una ecografía de la Historia a través del cine. Gracias a su materia, que es a la vez el tiempo, la proyección y el recuerdo, el cine puede hacer una ecografía de la Historia haciendo su propia ecografía. Y dar una vaga idea del tiempo y de la historia del tiempo. Porque el cine es tiempo que pasa. Si empleáramos los medios del cine -que está hecho para eso-, obtendríamos un pensamiento que permitiría ver las cosas. Pero no queremos hacerlo, preferimos hablar y tener sorpresas desagradables. El hombre es un animal particular al que le encanta vivir en la desgracia, que se llena de chocolate para estar enfermo cuando se siente bien. Así como el psicoanálisis -que nació al mismo tiempo- es un modo de decir , el cine es un modo de ver. Y ninguno de los dos han sido tenidos en cuenta por el pensamiento moderno. Se dice que están pasados de moda. En el cine el documental fue muy pronto abandonado en provecho de la ficción, ¡y de qué ficción! Y así se empobreció. El cine debería ser una herramienta visual, para mirar en vez de hablar. Pero la gente no quiere eso… Todo esto conduce necesariamente a una catástrofe.

 

¿Cuándo empezó el proyecto de las Histoire(s) du cinéma?

Es una idea que el 75-76 le propuse a Langlois, director de la Cinemateca. Al mismo tiempo le propuse dinamitar la Cinemateca, conservando dos o tres películas, para que quedara como elq ue as salvó del desastre. Bajo una forma imaginara eso se transformó en los programas y los libros: Hay que quemar las películas -con el fuego interior, por supuesto. Langlois iba a dar cursos en Montreal y cuando murió los canadienses me propusieron reemplazarlo. Así nació el primer libro, Introduction à une veritable histoire du cinéma: la transcripción de los cursos que di frente a dos o tres desgraciados. Después traté varias veces de poner los ocho programas en marcha. Ya tenían los mismos títulos, sin que supiera qué iba adentro. Pero los títulos quedaron y me ayudaron con la clasificación: ocho carpetas para ocho programas.

 

¿Considera que el proyecto está definitivamente terminado?

Podría durar eternamente…Pero en algún momento hay que poner el punto final, si no puede durar treinta años. Además, mi material se volvió obsoleto, son películas artesanales, con imágenes que ya tienen varias generaciones y que apenas se reconocen. No son malas reproducciones, sólo recuerdos de emociones respetuosos frente a la obra. La comparación y la metáfora son los medios científicos y sencillos, adecuados tanto tanto para los programas como para los libros. Porque toda imagen es una metáfora. Y el cine, incluso hoy, es profético, predice y anuncia las cosas -más allá de que la película sea buena o mala.

 

¿Qué status jurídico tienen para usted las películas, los textos o las pinturas que utiliza?

Cuando usan mis imágenes de Brigitte Bardot desnuda en el desprecio para hacer una publicidad sin mi autorización, les hago juicio, porque están explotando las imágenes y por lo tanto tienen que pagar. Si uno extrae algún provecho artístico o comercial hay que pagar. Si Baudelaire estuviera vivo hubiera tenido que pagarle el fragmento de el viaje que usé: hubiera sido normal y moral. Como con Belhaj Kacem, que es pobre: le pagamos su fragmento casi diría demasiado caro, pero normal. El límite es difícil de determinar. En cada caso hay que interrogar la honestidad moral del artista en relación con eso, ver lo que saca de ahí, si cita porque es incapaz de escribir algo propio. Yo tomé un fragmento de Elie Faure, cambiando la palabra “Rembrandt” por la palabra “cine”, pero no siento que lo haya explotado, sino que lo incorporé a una historia de la que forma parte, le devolví los intereses de lo que recibí de él. En literatura el derecho de citar permite citar x cantidad de líneas; en música tantos compases. Pero en el cine está el copyright y listo, no hay  ningún derecho de cita. Pienso que Gaumont se equivoca cuando pone un ejército de abogados a negociar los derechos de los fragmentos que usé. Tienen miedo de dar un paso en falso, que apliquen el mismo razonamiento con sus propios archivos. No es Hitchcock pensando en pedirme plata por el plano de una niña tirada en el suelo de Los pájaros, porque forma parte de mi familia y en un momento lo reconocí… Lo que tengo en común con los pintores es que siempre vendí mis pinturas para seguir haciendo otras o para pagar este cuarto. No pude conservar ninguno de mis derechos. Esta vez Gaumont compró mis telas. lo único que puedo lamentar es que no las muestren de vez en cuando.

 

Continuará…

 

 

Entrevista Frédéric Bonnaud y Arnaud Viviant. Recogida en Los Inrockuptibles edición argentina, noviembre 1998.

Jean-Luc Godard en Tienda Intermedio DVD. 

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