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Llegado el minuto veinte de France/ Tour/ Détour/ Deux/ Enfants, es decir, llegado el final, había un plano de un bar, un tipo con traje, una copa, una mujer detrás del tipocon traje, tres hombres que parecen jugar al pineal, una canción de Ferré y un zoom que se acerca y se aleja.

 

La gente, convendría no conocerla más que disponible

a ciertas horas pálidas de la noche

cerca de un tragaperras, con problemas de hombres, simplemente

problemas de melancolía

entonces, se bebe un trago, y se mira a lo lejos en el espejo de la barra

Y se piensa que es muy tarde, que es muy tarde

 

Hemos tenido nuestras noches así, yo y yo

Acodados en este bar frente a la cerveza alemana

Cuando vuelvo a vernos así a veces me pregunto

Si los colegas de entonces vivían a veces.

 

Richard ¿estás bien?

 

Si los colegas se partían el alma de tanto exprimir

el limón de la noche en las brumas del pernod

Si las chicas se tomaban el tiempo de decir una palabra

A esta noche que las atrapaba y las acunaba

 

Richard, ¿estás bien?

 

A esta noche como una hermana de caridad

Largo vestido arrastrada bajo sus pasos de desafío

Acariciando con el dobladillo a los pálidos camaradas

Que venían para hablar de nada o de amistad

 

Richard, ¿estás bien?

 

Hemos tenido nuestras noches así, yo y yo

Acodados en este bar frente a la cerveza alemana

Cuando vuelvo a vernos así a veces me pregunto

Si los colegas de entonces vivían a veces.

 

Richard. ¡Eh! ¡Richard!

 

La gente, convendría no conocerla más que disponible

a ciertas horas pálidas de la noche

cerca de un tragaperras, con problemas de hombres simplemente

problemas de melancolía

entonces, se bebe un trago, mirando a lo lejos en el espejo de la barra

Y se piensa que es muy tarde, que es muy tarde

 

Richard, ¿una más para el camino?

Richard, una más rápido

Eh, señor Richard, una más, ¡para el camino!

Jean-Luc Godard en Tienda Intermedio DVD. 

 

 

Acampábamos en el oasis. Los viajeros dormían. Un árabe, alto y blanco, pasó adelante; ya había alimentado a los camellos y se dirigía a acostarse.

Me tiré de espaldas sobre la hierba; quería dormir; no pude conciliar el sueño; el aullido de un chacal a lo lejos me lo impedía; entonces me senté. Y lo que había estado tan lejos, de pronto estuvo cerca. El gruñido de los chacales me rodeó; ojos dorados descoloridos que se encendían y se apagaban; cuerpos esbeltos que se movían ágilmente y en cadencia como bajo un látigo.

Un chacal se me acercó por detrás, pasó bajo mi brazo y se apretó contra mí como si buscara mi calor, luego me encaró y dijo, sus ojos casi en los míos:

-Soy el chacal más viejo de toda la región. Me siento feliz de poder saludarte aquí todavía. Ya casi había abandonado la esperanza, porque te esperábamos desde la eternidad; mi madre te esperaba, y su madre, y todas las madres hasta llegar a la madre de todos los chacales. ¡Créelo!

-Me asombra -dije olvidando alimentar el fuego cuyo humo debía mantener lejos a los chacales-, me asombra mucho lo que dices. Sólo por casualidad vengo del lejano Norte en un viaje muy corto. ¿Qué quieren de mí, chacales?

Y como envalentonados por este discurso quizá demasiado amistoso, los chacales estrecharon el círculo a mi alrededor; todos respiraban con golpes cortos y bufaban.

-Sabemos -empezó el más viejo- que vienes del Norte; en esto precisamente fundamos nuestra esperanza. Allá se encuentra la inteligencia que aquí entre los árabes falta. De este frío orgullo, sabes, no brota ninguna chispa de inteligencia. Matan a los animales, para devorarlos, y desprecian la carroña.

-No hables tan fuerte -le dije-, los árabes están durmiendo cerca de aquí.

-Eres en verdad un extranjero -dijo el chacal-, de lo contrario sabrías que jamás, en toda la historia del mundo, ningún chacal ha temido a un árabe. ¿Por qué deberíamos tenerles miedo? ¿Acaso no es un desgracia suficiente el vivir repudiados en medio de semejante pueblo?

-Es posible -contesté-, puede ser, pero no me permito juzgar cosas que conozco tan poco; debe tratarse de una querella muy antigua, de algo que se lleva en la sangre, entonces concluirá quizá solamente con sangre.

-Eres muy listo -dijo el viejo chacal; y todos empezaron a respirar aún más rápido, jadeantes los pulmones a pesar de estar quietos; un olor amargo que a veces sólo apretando los dientes podía tolerarse salía de sus fauces abiertas-, eres muy listo; lo que dices se corresponde con nuestra antigua doctrina. Tomaremos entonces la sangre de ellos, y la querella habrá terminado.

-¡Oh! -exclamé más brutalmente de lo que hubiera querido- se defenderán, los abatirán en masa con sus escopetas.

-Has entendido mal -dijo-, según la manera de los hombres que ni siquiera en el lejano Norte se pierde. Nosotros no los mataremos. El Nilo no tendría bastante agua para purificarnos. A la simple vista de sus cuerpos con vida escapamos hacia aires más puros, al desierto, que por esta razón se ha vuelto nuestra patria.

Y todos los chacales en torno, a los cuales entre tanto se habían agregado muchos otros venidos de más lejos, hundieron la cabeza entre las extremidades anteriores y se la frotaron con las patas; habríase dicho que querían ocultar una repugnancia tan terrible que yo, de buena gana, con un gran salto hubiese huido del cerco.

-¿Qué piensan hacer entonces? -les pregunté al tiempo que quería incorporarme, pero no pude; dos jóvenes bestias habían mordido la espalda de mi chaqueta y de mi camisa; debí permanecer sentado.

-Llevan la cola de tus ropas -dijo el viejo chacal aclarando en tono serio-, como prueba de respeto.

-¡Que me suelten! -grité, dirigiéndome ya al viejo, ya a los más jóvenes.

-Te soltarán, naturalmente -dijo el viejo-, si tú lo exiges. Pero debes esperar un ratito, porque siguiendo la costumbre han mordido muy hondo y sólo lentamente pueden abrir las mandíbulas. Mientras tanto escucha nuestro ruego.

-No diré que el comportamiento de ustedes me ha predispuesto a ello -contesté.

-No nos hagas pagar nuestra torpeza -dijo, empleando en su ayuda por primera vez el tono lastimero de su voz natural-, somos pobres animales, sólo poseemos nuestra dentadura; para todo lo que queramos hacer, bueno o malo, contamos únicamente con los dientes.

-¿Qué quieres entonces? -pregunté algo aplacado.

-Señor -gritó, y todos los chacales aullaron; a lo lejos me pareció como una melodía-. Señor, tú debes poner fin a la querella que divide el mundo. Tal cual eres, nuestros antepasados te han descrito como el que lo logrará. Es necesario que obtengamos la paz con los árabes; un aire respirable; el horizonte completo limpio de ellos; nunca más el lamento de los carneros que el árabe degüella; todos los animales deben reventar en paz; es preciso que nosotros los vaciemos de su sangre y que limpiemos hasta sus huesos. Limpieza, solamente limpieza queremos -y ahora todos lloraban y sollozaban-, ¿cómo únicamente tú en el mundo puedes soportarlos, tú, de noble corazón y dulces entrañas? Inmundicia es su blancura; inmundicia es su negrura; y horrorosas son sus barbas; ganas da de escupir viendo las comisuras de sus ojos; y cuando alzan los brazos en sus sobacos se abre el infierno. Por eso, oh señor, por eso, oh querido señor, con la ayuda de tus manos todopoderosas, con la ayuda de tus todopoderosas manos, ¡córtales el pescuezo con esta tijera! -Y, a una sacudida de su cabeza, apareció un chacal que traía en uno de sus colmillos una pequeña tijera de sastre cubierta de viejas manchas de herrumbre.

-¡Ah, finalmente apareció la tijera, y ahora basta! -gritó el jefe árabe de nuestra caravana, que se nos había acercado contra el viento y que ahora agitaba su gigantesco látigo. Todos escaparon rápidamente, pero a cierta distancia se detuvieron, estrechamente acurrucados unos contra otros, tan estrecha y rígidamente los numerosos animales, que se los veía como un apretado redil rodeado de fuegos fatuos.

-Así que tú también, señor, has visto y oído este espectáculo -dijo el árabe riendo tan alegremente como la reserva de su tribu lo permitía.

-¿Sabes entonces qué quieren los animales? -pregunté.

-Naturalmente, señor -dijo-, todos lo saben; desde que existen los árabes esta tijera vaga por el desierto, y viajará con nosotros hasta el fin de los tiempos. A todo europeo que pasa le es ofrecida la tijera para la gran obra; cada europeo es precisamente el que les parece el predestinado. Estos animales tienen una esperanza insensata; están locos, locos de verdad. Por esta razón los queremos; son nuestros perros; más lindos que los de ustedes. Mira, reventó un camello esta noche, he dispuesto que lo traigan aquí.

Cuatro portadores llegaron y arrojaron el pesado cadáver delante de nosotros. Apenas tendido en el suelo, ya los chacales alzaron sus voces. Como irresistiblemente atraído por hilos, cada uno se acercó, arrastrando el vientre en la tierra, inseguro. Se habían olvidado de los árabes, habían olvidado el odio; la obliteradora presencia del cadáver reciamente exudante los hechizaba. Ya uno de ellos se colgaba del cuello y con el primer mordisco encontraba la arteria. Como una pequeña bomba rabiosa que quiere apagar a cualquier precio y al mismo tiempo sin éxito un prepotente incendio, cada músculo de su cuerpo zamarreaba y palpitaba en su puesto. Y ya todos se apilaban en igual trabajo, formando como una montaña encima del cadáver.

En aquel momento el jefe restalló el severo látigo a diestra y siniestra. Los chacales alzaron la cabeza, a medias entre la borrachera y el desfallecimiento, vieron a los árabes ante ellos, sintieron el látigo en el hocico, dieron un salto atrás y corrieron un trecho a reculones. Pero la sangre del camello formaba ya un charco, humeaba a lo alto, en muchos lugares el cuerpo estaba desgarrado. No pudieron resistir; otra vez estuvieron allí; otra vez el jefe alzó el látigo; yo retuve su brazo.

-Tienes razón, señor -dijo-, dejémoslos en su oficio; por otra parte es tiempo de partir. Ya los has visto. Prodigiosos animales, ¿no es cierto? ¡Y cómo nos odian!

Straub y Huillet en Tienda Intermedio DVD.

 

DVD_1 REMINISCENCIAS DE UN VIAJE A LITUANIA (Reminiscences of a Journey to Lithuania)
EE.UU. · 1972 · 16 mm · color y b/n · 88 min.

EXTRAS THIS IS A BOLEX · Alberto Cabrera Bernal · España · 2012 · vídeo · color · 9 min. · ENTREVISTA CON JONAS MEKAS · Revista Lumière · España · 2012 · vídeo · color · 22 min.

DVD_2 EN EL CAMINO, DE CUANDO EN CUANDO, VISLUMBRÉ BREVES MOMENTOS DE BELLEZA (Parte 1) (As I Was Moving Ahead Occasionally I Saw Brief Glimpses of Beauty)
EE.UU. · 2000 · 16 mm · color · 123 min.

DVD_3 EN EL CAMINO, DE CUANDO EN CUANDO, VISLUMBRÉ BREVES MOMENTOS DE BELLEZA (Parte 2) (As I Was Moving Ahead Occasionally I Saw Brief Glimpses of Beauty)
EE.UU. · 2000 · 16 mm · color · 162 min.

Incluye un libro de 64 págs. con escritos de Miguel García (“Poeta en Nueva York”), Peter Kubelka (“Una carta”), Jonas Mekas (“Yuri Zhukov. Pravda y un viaje a Lituania”), Adolpho Arrietta (“Cheers!”), P. Adams Sitney (“La retrospección de Mekas”) y Rubén García López (“Textos sobre una práctica (I): Cámara en mano”).

 

Disponible en Tienda Intermedio DVD a partir del 3 de diciembre. 

.
Tic tac tic tac tic tac tic tac…
.
Tómate el café, se va a enfriar
Tómate el café, se va a enfriar.
Todas las mañanas me lo dices
Tómate el café se va a enfriar
Pero en el fondo de mi camita
Mi camita de plumas de oca
Me despierto suavemente
Y me estiro tranquilamente
.
Te digo que sueño todavía
Te digo que apenas amanece
Que tenemos tiempo de despertarnos
Tiempo de remolonear
Que es tan agradable dormir bien
Que nunca debería terminar
 .
Tómate el café, se va a enfriar
Tómate el café, se va a enfriar.
Todas las mañanas me lo dices
Tómate el café se va a enfriar
Pero en el fondo de mi camita
Mi camita de plumas de oca
Me despierto suavemente
Y me estiro tranquilamente
 .
Yo tengo un sueño que terminar
Sin duda se va a evaporar
Y si fueses un hombre tierno
Ese café podría esperar
Y si fueses, y si fueses
No dirías, no dirías
 .
Tómate el café, se va a enfriar
Tómate el café, se va a enfriar.
Todas las mañanas me lo dices
Tómate el café se va a enfriar
Pero en el fondo de mi camita
Mi camita de plumas de oca
Me despierto suavemente
Y me estiro tranquilamente
.
Te digo cinco minutos todavía
Las persianas no había que subir
En los ojos me da luz
Además, además además, llueve.
Y suspiro y murmuro
Y bajo las sábanas me meto
 .
Tómate el café, se va a enfriar
Tómate el café, se va a enfriar.
Todas las mañanas me lo dices
Tómate el café se va a enfriar
Pero en el fondo de mi camita
Mi camita de plumas de oca
Me despierto suavemente
Y me estiro tranquilamente
.
Pero… lo has dejado enfriar
Me tenías que avisar
Quiero cruasáns, quiero tostadas
Date prisa, estoy hambienta
Y digo esto, digo lo otro
Y luego olvido que ahí está.
 .
Tómate el café, se va a enfriar
Tómate el café, se va a enfriar.
Todas las mañanas me lo dices
Tómate el café se va a enfriar
Pero en el fondo de mi camita
Mi camita de plumas de oca
Me despierto suavemente
Y me estiro tranquilamente
 .
Drriinng
 .
,
con Rosette y Pascal Gregory
letra y música Jean-Louis Valéro
planificación Éric Rohmer
1986
.

Éric Rohmer en Tienda Intermedio DVD.

En Gorgomancy, la web que imaginamos de Chris Marker, si uno se fija, acaba econtrando un enlace que lleva a una imagen del planeta Tierra, imagen sobre la cual están anotadas varias de las apariciones del Mr Chat de Thomas Vuille por el mundo. En Lisboa la aparición está acompañada por un breve vídeo de Louise Traon. Aquí podéis verlo. Como  una carta nos dice:

Lisboa, primero de mayo 2008,

Ambiente de jardín botánico, fin de jornada, Lisboa. En ese jardín los humanos se parecen a esos animales vistos en las paredes del palacio del marqués de la Fronteira. Bajo la mirada del hombre transformado enlechuza, un hombre sentado en el suelo como un pequeño mono dibuja un animal imaginario, nacido del encuentro entre un gato y un pájaro. Se posa sobre las paredes para el viajero, el curioso o simplemente para aquel a quién le gustaperderse por Lisboa. Al fondo del parque Mayer, en los muros del barrio alt, o también en las escaleras que conducen a Príncipe Real, os lo encontrareis quizás, vosotros, a ese extraño animal.

Chris Marker en Tienda Intermedio DVD. 

La plataforma audiovisual Vimeo se ha convertido en el gran depósito de piezas de vídeo de calidad de la red. Hoy os presentamos dos obras de Albert Alcoz pero hay muchas más. Las revistas Transit, Lumière y Contrapicado publican allí sus vídeos, también las distribuidoras de películas experimentales Playtime y Hamaca, Fernando Franco, Lluís Escartín, Mia Makela, Chus Dominguez, Andrés Duque y un sin fin de realizadores y vídeoastas que difunden sus trabajos en la red a través de los canales de Vimeo.

Albert Alcoz en Vimeo

Revista de Cine Transit en Vimeo

Revista de Cine Lumière en Vimeo

Revista de Cine Contrapicado en Vimeo

Playtime Audiovisuales en Vimeo

Distribuidora Hamaca en Vimeo

Fernando Franco en Vimeo

Lluís Escartín en Vimeo

Mia Makela en Vimeo

Chus Dominguez en Vimeo

Andrés Duque en Vimeo

Y muchos más…

[vimeo http://vimeo.com/36755698]

Imagen: E. J. Marey / Palabras: Alain Badiou, Jean-Luc Godard / (cc) Julius Richard 2012 for cinentransit.com.

La historiografía cinematográfica ha considerado, de forma consuetudinaria, que el origen del cine es bifronte: por un lado nos encontramos a los Lumière con el descubrimiento del documental y del cinematógrafo como arte de la proyección; por el otro a Méliès como el epítome de la ficción, del arte de la representación mágica. Presentación contra representación: así se nos presentó el orto cinéfilo. Si bien es cierto que actualmente, gracias a los dispositivos de proyección mínimo-individual, es Edison quien gana la partida a los hermanos franceses en términos de difusión, quienes, por lo demás, se habían saltado la dogmática supuestamente docu al filmar al regador regado o el muro ralentizado, no lo es menos que una Tercera Vía se nos abre como posibilidad original que seccione ambas cabezas de un tajo. Posibilidad verde.

Frente a presentación y representación: el gesto loco, diferante y procrastinador, de “la producción del sentido, la tarea de hoy” (Deleuze dixit). Pensar con/entre imágenes: un pensamiento que, como querían Nietzsche y Wittgenstein, es primeramente solo un balbuceo, “un pensamiento arrugado”.

Quien empieza desnudo tiene derecho a la abstracción más simple”. Una secuencia, o un círculo que se desdoblara: deportistas blancos / mamíferos / insectos / deportistas blancos / mamíferos / insectos / negros caminando / insectos / mamíferos / deportistas blancos / insectos / mamíferos / deportistas blancos. Pero sobre todo, el gesto: el shock de lo abierto. La ap/ver/ntura del pensamiento con/entre imágenes.

Una mano, una mosca, una burbuja: el cine -primero- nos mostró la forma de caminar del hombre, “pero no se quiso ver. Se prefirió hablar y decir: eso nunca más”.

Porque este pequeño cine, con un pensamiento balbuceante y una mirada que escucha, es aún una burbuja autoinmune, pura interioridad, pura posibilidad: el espíritu libre, transfigurado, transformado y feliz. Porque “los seres humanos son los seres que erigen mundos redondos y cuya mirada se mueve dentro de horizontes”. En una teoría general de los receptáculos autógenos, el cine aún puede ser ese “territorio”, o ese “paraíso”: nuestra burbuja autógena.

La tercera vía / El gesto diferante. Julius Richard

· Artículo y vídeo original de Julius Richard en Revista de Cine Transit. 

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