La verdad del presente: el arte de la conversación para Eduardo Coutinho


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El señor acostumbra afirmar que sus películas no son compuestas por entrevistas sino por conversaciones. ¿Podría hablar un poco sobre su preferencia por este término?

 

Si hay una cosa que  he aprendido, por razones oscuras, es conversar con los otros. Con cámara, porque sin cámara no hablo con nadie. La mayoría de los que hacen documentales, hacen, efectivamente, entrevistas. Y las entrevistas tienen un lado periodístico y testimonial. Entrevistas y testimonios son cosas para la Historia. Son cosas que se hacen con especialistas. Yo trabajo con personas comunes. Una persona cuenta un hecho histórico y que ese hecho sea cierto o no deja de tener importancia.

Las conversaciones son tal porque hablo con gente anónima -nadie es anónimo, pero me entiendes- gente común, personas “ordinarias” en el sentido antiguo del término. Tienen poco que perder y por eso son interesantes. Un intelectual o un político de izquierda o de derecha tiene mucho que perder. Entonces ellos se defienden. Y las personas comunes tienen poco que perder (quizás solo en su barrio). Esa es la primera razón por la cual las personas normales son más interesantes.

La segunda razón es que, en general, estas personas hablan de su vida privada. ¿Y qué es la vida privada? ¿Qué es la vida, en el fondo? Para mí es muy simple y, en cierto sentido, complicado. Todas las personas nacen, viven y mueren. Y, por cierto, por desgracia, sabemos que vamos a morir. El animal no lo sabe. Si el animal hablase, me interesaría también. En este espacio que tú no sabes cuánto va a durar, tienes una vida que puede ser intelectual o campestre, donde ambas están muy próximas por las condiciones: hay un origen que es familiar, étnico, cultural, religioso o de otra clase. Pero más allá de eso es muy simple: amor, sexo, matrimonio, los hijos, el dinero, la salud, y luego llegamos a la cuestión de la muerte. Este es el núcleo que me interesa. Ahí pueden entrar Lenin o San Francisco de Asís, con todas sus utopías y sueños.

Y en ese aspecto, yo no tengo que comprobar nada.  En Edificio Master, una mujer me dice: “Yo viví con un alemán por diez años”. No voy a comprobar si fueron realmente diez o cinco años, o si él era argentino. Le pregunté si era feliz y me dijo que lo era. Eso es lo que me importa. La verdad de ese presente. El pasado no me interesa, no voy a investigarlo. Solamente no me interesa la mentira de un mitómano, que es un hermoso tema cinematográfico pero que no tiene mucho sentido. Aparte de eso, para mí, la cosa más mentirosa del mundo es la memoria. Lo que no quiere decir que no sea verdadera. Hoy, tú me contarías sobre tu infancia desde una perspectiva como la concibes ahora. Si te encuentro de aquí a un año, me la contarás desde otra perspectiva.

Esta pregunta sobre lo verdadero y lo falso se resume en una escena de Edificio Master, cuando una chica me dice: “Soy una mentirosa verdadera”. Ella pensó que tenía una abuela que había muerto. No era así pero le gustó tanto la idea que pasó a ser realidad para ella. Al igual que el libro Assunção de Salviano, de Antonio Callado, sobre un tipo que es elegido para ser santo, para hacer milagros, y después de un tiempo él empieza a creer realmente que es un un santo. Y por eso se producen los milagros.

A partir de ahí tenemos una cuestión que considero espiritual. Trabajo en la incertidumbre, en la ignorancia. Porque yo no sé lo que es la vida del otro. Puedo tener mil tesis antropológicas, como en el caso de Santo Forte. A veces sé adónde voy a llegar, pero cómo llegaré, nunca lo sé. Lo que importan son las dispersiones, las vacilaciones, la reanudación de historias, los tartamudeos, los lapsos extraordinarios.

En toda mi experiencia de vida y por las películas que he visto, no importa si hay una investigación previa o si conozco algunos hechos: el azar está siempre presente. El problema es saber cuándo preguntar, qué preguntar, cuándo romper el silencio y cuándo no romperlo. Yo me pierdo a toda hora. Porque el documental se basa en la posibilidad del error humano. Hasta hoy pasa que me pregunto si debo intervenir o si no debo cortar el silencio. A veces me hago la pregunta equivocada. A veces sí hago la pregunta correcta. Y todo porque la voz en una película o en una historia oral es inmediata.

 

Eduardo Coutinho

Entrevista completa con Fernando Frochtengarten

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Coutinho, durante su paso por el festival Punto de Vista 2013 / foto: Punto de Vista / © txisti.com

 

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