El paisaje sonoro, de R. Murray Schafer (Extracto)

Ahora no haré otra cosa sino escuchar…

Escucho todos los sonidos, que corren juntos, se combinan,

se funden, se suceden unos a otros:

los sonidos de la ciudad y los ajenos a ella, los sonidos

del día y de la noche…

Walt Whitman, Canción de mí mismo

 

El grupo del World Soundscape Project a la salida de la Simon Fraser University. De izda. a dcha.: R. Murray Schafer, Bruce Davis, Peter Huse, Barry Truax, Howard Broomfield.

El grupo del World Soundscape Project a la salida de la Simon Fraser University. De izda. a dcha.: R. Murray Schafer, Bruce Davis, Peter Huse, Barry Truax, Howard Broomfield.

(…)

Habitualmente formamos a nuestros alumnos en la grabación del paisaje sonoro pidiéndoles que graben sonidos concretos: el silbato de una fábrica, el reloj de un pueblo, una rana, una golondrina. No resulta fácil si el resultado ha de estar limpio de interferencias que distraen nuestra atención. ¿Cuántas veces el novicio al que se le ha encargado grabar el sonido completo de un avión al pasar no habrá apagado la grabadora antes de que el sonido desaparezca por completo? Incluso la vida del sonidista más experimentado está a menudo sujeta a los mayores azares. En una ocasión, por ejemplo, un niño había estado observando a los miembros de nuestro equipo colocando los dispositivos de sonometría y grabación para medir y grabar un silbato concreto que se producía a mediodía. En cuanto empezó, el niño, a quien habíamos dejado cerca del micrófono sin darnos cuenta, dijo: «Señor, ¿es este el silbato que quería usted?».

Una de las mayores dificultades que ha de afrontar un técnico de grabación de sonidos es la de idear maneras de grabar entornos sociales sin interrumpirlos. El equipamiento es llamativo y, con obstinada frecuencia, también lo es el técnico. Peter Huse refleja esta situación en su poema Waves (Olas):

Entramos tambaleantes en una sala.
Bruce produce crujidos enfundado en mi abrigo de cuero y señala con la barbilla mientras yo,
con el bolsillo de tweed forrado de cinta,
con unos auriculares como boina y mi áurea
Nagra
que, colgando de mi hombro,
me deja dos marcas en él,
coloco los micrófonos en sus trípodes como si
el aparato no estuviera preparado,
cuando todo está listo en realidad:

está grabando y escondido dentro de una maleta de cuero;
la cinta de grabación Scotch 206 asoma por los cabezales
en dirección a la bobina receptora y nosotros
obtenemos formas cardioides de la noche tardía que se superponen en la atmósfera fluorescente de un ferry, mientras una sirena rubia se acerca hacia nosotros.

(Movimiento de zoom entrecortado, tembloroso. Ruido sordo de motor. Una puerta que se balancea. Primer plano: su rostro se gira hacia la izquierda, mira completamente hacia la izquierda. Pies y sillas que se arrastran. Un
par de voces indistintas, la suya la más fuerte, la más chirriante.)

Observad su cabello decolorado. Oled su aliento borracho. Está ebria, a dos velas.

(Cortad para obtener al grupo entero: Tintoretto/película casera, solo luces fuertes, filtro azul. Dos hombres se ríen.)

Ella nos hace un gesto con la mano, está cantando

«I wanna hol’ your han’»

y la grabamos.

(R. Murray Schafer, El paisaje sonoro. Intermedio: 2013, pp. 291-292)

El paisaje sonoro en la web de Intermedio.

Una reseña en Mediateletipos, blog de referencia en el mundo del arte sonoro.

Otra mención del libro en La escucha atenta.

También desde Colombia llegan reseñas del libro, vía Sonic Terrain.

el paisaje sonoro

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