Los componentes de la imagen (fragmento), por Gilles Deleuze (III)

india-song-1975-04-g

(viene de aquí)

Lo que constituye a la imagen audio-visual es una disyunción, una disociación de lo visual y lo sonoro, cada uno heautónomo, pero al mismo tiempo una relación inconmensurable o un «irracional» que los liga entre sí sin formar un todo, sin proponerse el menor todo. Es una resistencia surgida del derrumbe del esquema sensoriomotor y que separa la imagen visual y la imagen sonora pero las coloca tanto más en una relación no totalizable. Marguerite Duras avanzará cada vez más en esta dirección: centro de una trilogía, India Song establece un extraordinario equilibrio metaestable entre una imagen sonora que nos hace oír todas las voces (in y off, relativas y absolutas, atribuibles y no atribuibles, todas rivalizando y conspirando, ignorándose, olvidándose, sin que ninguna tenga la omnipotencia o la última palabra), y una imagen visual que nos hace leer una estratigrafía muda (personajes que mantienen la boca cerrada incluso cuando hablan desde el otro lado, a tal punto que lo que dicen está ya en pretérito perfecto, mientras que el lugar y el acontecimiento, el baile de la embajada, son la capa muerta que cubre un antiguo estrato ardiente, el otro baile en otro lugar) (1). En la imagen visual descubrimos la vida bajo las cenizas o detrás de los espejos, así como en la imagen sonora extraemos un acto de habla puro, pero polívoco, que se separa del teatro y se arranca de la escritura. Las voces «intemporales» son como cuatro lados de una entidad sonora que se confronta con la entidad visual: lo visual y lo sonoro son las perspectivas sobre una historia de amor, al infinito, la misma y empero diferente. Antes de India Song, La femme du Gange ya había fundado la heautonomía de la imagen sonora sobre las dos voces intemporales, y definido el final del film cuando lo sonoro y lo visual «se tocan» en el punto al infinito del que ellos son las perspectivas, perdiendo sus lados respectivos (2). Y, después, Son nom de Venise dans Calcula désert insistirá sobre la heautonomía de una imagen visual devuelta a las ruinas, desprendiendo un estrato aún más antiguo como un nombre de soltera bajo el nombre de casada, pero tendiendo siempre a un fin, cuando toque el punto común de las dos imágenes, al infinito (es como si lo visual y lo sonoro se completaran con lo táctil, con la «juntura»). Le camion puede devolver un cuerpo a las voces, en la trasera, pero en la medida en que lo visible se desincorporiza o se vacía (la cabina delantera, el trayecto, las apariciones del camión fantasma): «Ya no hay más que lugares de una historia, ni hay otra historia que la que no tiene lugar.» (3)

Los primeros films de Marguerite Duras estaban marcados por todas las potencias de la casa, o del conjunto parque-casa, miedo y deseo, hablar y callar, salir y entrar, crear el acontecimiento y sepultarlo, etc. Marguerite Duras era una gran cineasta de la casa, tema tan importante en el cine, no sólo porque las mujeres «habitan» las casas, en todos estos sentidos, sino porque las pasiones «habitan a las mujeres: así Détruire dit-elle, y sobre todo Nathalie Granger y, más tarde aún, Vera Baxter. ¿Pero por qué ve ella en Vera Baxter una regresión de su obra, tanto como en Nathalie Granger una preparación para la trilogía que le seguiría? No es la primera vez que un artista considera que lo que ha conseguido plenamente es sólo un paso, hacia adelante o hacia atrás, en relación con un fin más profundo. En el caso de Marguerite Duras, la casa deja de satisfacerla porque no puede determinar más que una autonomía de los componentes visual y sonoro para una misma imagen audio- visual (la casa es todavía un lugar, un locus, en el doble sentido de palabra y de espacio). Pero ir más allá, alcanzar la heautonomía de una imagen sonora y de una imagen visual, hacer de las dos imágenes las perspectivas de un punto común situado al infinito, esta nueva concepción del corte irracional no puede realizarse en la casa, ni tampoco con ella. Sin duda la casa-parque tenía ya la mayoría de las propiedades de un espacio cualquiera, los vacíos y las desconexiones. Pero era menester dejar la casa, abolir la casa, para que el espacio cualquiera no pudiese construirse más que en la huida, al mismo tiempo que el acto de habla debía «salir y huir». Sólo en la fuga los personajes debían reunirse, y responderse. Había que presentar lo inhabitable, hacer inhabitable el espacio (playa-mar en lugar de casa-parque), para que adquiriera una heautonomía, comparable a la del acto de habla que a su vez se ha tornado inatribuible: una historia que ya no tiene lugar (imagen sonora) para lugares que ya no tienen historia (imagen visual) (4). Y sería este nuevo trazado del corte irracional, esta nueva manera de concebirlo, lo que constituiría la relación audio-visuaI.

(1) India Song forma parte de los films que suscitaron gran número de comentarios sobre la relación visual-sonora: especialmente Pascal Bonitzer (Le regard et la voix, págs. 148-153); Dominique Noguez (Eloge du cinema expérimental, Centre Georges Pompidou, págs. 141·149); Dionys Mascolo (en Marguerite Duras, Albatros, págs. 143-156). Esta última obra contiene también artículos esenciales sobre La femme du Gange, por Joél Farges, Jean-Louis Libois y Catherine Weinzaepflen.

(2) Marguerite Duras, Nathalie Granger, seguido de La femme du Gange: cuando «el film de la imagen» y «el film de las voces», sin reacordarse, toca cada uno por su cuenta el punto infinito que constituye su «junta», los dos «mueren», al mismo tiempo que sus lados respectivos se aplastan (Marguerite Duras asigna este punto en La femme du Gange, págs. 183-184; de todas formas, el film prosigue, como si hubiera un «plus» o una supervivencia, que serán reinvestidos en el film siguiente, doble a su vez).

(3) Youssef Ishaghpour, D’une image à l’autre, Médiations, pág. 285 (esta fórmula se extrajo de un examen detallado de la obra de Duras, págs. 225-298).

(4) Marguerite Duras habla del «despoblamiento del espacio en India Song, y sobre todo de «la inhabitación de los lugares” en Son nom de Venise…: Marguerite Duras, págs. 21, 94. Ishaghpour analiza este «abandono del hábitat» desde La femme du Gange, págs. 239-240.

(sigue aquí)

duras-india-song

La imagen-tiempo, Paidós Comunicación, pp. 334-345. Traducción de Irene Agoff.

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