Sobre “Número dos”, entrevista a Jean-Luc Godard, primera parte

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Hacer películas posibles allí donde se está

Entonces, ¿se trata de un retorno?

– Nunca me fui. Siempre he hecho dos o tres películas al año dentro del sistema industrial, pero no siempre en Francia o sólo en el cine. Para mí, por ejemplo, la verdadera influencia de Mayo de 1968 fue la de ampliarme a la información en general, teniendo en cuenta el echo de que esta, en mi campo -imágenes, sonidos, un salario- emana tanto de la televisión como del cine.

La singularidad de Número dos es la de ser una película concebida por la televisión y vestida por el cine. Singularidad y miseria, porque los vestidos no le van a al criatura. La televisión por la que ha sido concebida esta película no existe lo bastante y el cine existe demasiado. Todo el mundo sabe que la televisión no permite la originalidad y que el cine sólo autoriza las ideas admitidas.

Asumir esta contradicción, ganándose la vida, obliga a tomar riesgos. Para mí, cineasta, confesar que uno balbucea, que es medio ciego, que sabe leer pero no escribir, en nuestro marco cotidiano -es decir, el de imágenes, sonidos, un salario- significa responder en términos más honestos a esa famosa cuestión de la “comunicación”.

¿Cómo comunicar?

– La comunicación es lo que se mueve; cuando no se mueve, es pornografía. Una imagen o un sonido se mueven no porque representen un movimiento, o su ausencia, sino porque antes hay algo y después hay algo. Resulta que ese algo son mujeres y hombres, y entre ellos hay la televisión, tarjetas postales, cartas de amor, giros telegráficos, SOS, cine , es decir, medios de comunicación. Saber comunicar es plantearse la cuestión de los medios. Por ejemplo, si quiero pedirle a mi amada que está de vacaciones noticias suyas o de su hija, escribo una tarjeta postal. Pero si no tengo en el bolsillo con qué comprar el sello, todas mis grandes palabras de amor serán letra muerta.

Hacer cine o televisión, técnicamente, es enviar 25 tarjetas postales por segundo a millones de personas, sea en el tiempo, sea en el espacio, cosa que a la fuerza es irreal. Nadie tiene los medios, salvo quienes son a la vez todo el mundo y nadie, es decir, por ejemplo, en Francia la ORTF, Thompson o Publicis.

Nuestro problema, pues, no es ya tanto tener ideas nuevas o viejas, sino simplemente el de tenerlas, de poder tenerlas y de querer ese poder.

Hacer otras películas es vivir el trabajo de hacer una película de otra manera, tanto económica como psicológicamente. Es partir de donde se está más bien que de donde no se está. No es decir: “Voy a ver lo que pasa en Portugal”; es tomarse en serio el tiempo de decir: “He partido de “aquí” y esto es lo que ese “fuera de aquí” me aporta, o me quita, “aquí”.”

Sigue aquí…

 

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Le Monde, entrevista de Yvonnne Baby, 25 de septiembre de 1975.

Jean-Luc Godard en Tienda Intermedio DVD.

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