Maurice Pialat por Jacques Dutronc

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Para Van Gogh hizo pruebas a todos los actores de París. Y todos pasaron. Porque rodar con Pialat valía por todos los conservatorios, todos los oscars. Era la tarjeta de visita suprema. Pero una vez que eras elegido tenías que soportar su carácter. Era como un fusil que disparaba en todas las direcciones. Yo tenía cuidado para que no me diera una bala. Y había que tener estómago. Por ejemplo en el rodaje me caí de una carretilla y un rastrillo me perforó la mejilla, no paraba de sangrar, todo el equipo se inquietaba. Menos Pialat. Se quejaba: “¿Pero cual es el problema?” Y la script le responde: “No va a estar raccord“. No me acuerdo de todo porque durante el rodaje yo estaba enfermo, bajo hipnóticos. Pero me acuerdo de su encanto terrible. Tenía una sonrisa increíble. Era muy bello, realmente. Así que podía permitirse insultar a todo el mundo. Es un lugar común pero para amar a los otros, primero tienes que amarte a ti mismo. Y en su caso eso no estaba dado… No era tierno: más bien en su punto. Estaba obsesionado por el instante de verdad. Pero el problema con los actores es que les pagan por mentir. Entonces ¿qué es la verdad en un actor? La buscaba en otro lugar. Desde siempre me decía que quería rodar conmigo. Venía a verme a Córcega. Recuerdo su mirada sobre mí mientras yo regaba la plantas. Teníamos muchos puntos en común. Comprendía bien su forma de ser. A mí también cuando me gusta un tío puedo estallar y masacrarlo. Pero bueno, era difícil de digerir cuando uno era el testigo de eso. En el plató cuando linchaba a un tipo y todo el mundo tenía pinta de disfrutar ese espectáculo, yo tenía la impresión de ser un cobarde por no defender al tipo. Nos parecíamos. De hecho tras el rodaje me escribió en un menú: “Para Jacques, que es capaz de lo  mejor y de lo peor. “¡Eso es como una boda! Era un muy buen actor. Y como director de actores no era del tipo que ve a los otros activarse ante él, estaba en el corazón del plató. Se habla mucho de su tiranía, pero también podía poner a la gente muy alto. Hasta la caída… En el rodaje de Van Gogh había dado mucha importancia a una actriz. Yo le decía a la chica: “Ten cuidado, si te tira del bajo no hace daño, pero si te tira del sexto piso ahí te va a doler.” Y efectivamente, la tiró diciéndole que su cara estaba cubierta de granos. Fue terrible. Fui a verle en le momento del final. Me recordó a la muerte de Van Gogh en el primer piso de la posada, mientras que en la sala todo el mundo se da una comilona: Pialat yacía sobre su sábana blanca y abajo estaban bebiendo. A mí me pareció violento. Yo no puedo admirar a un tipo que se está yendo por una insuficiencia respiratoria. Para comprender al cineasta hay que saber que primero quiso ser pintor. Y un pintor considera siempre su cuadro como inacabado. Pialat era así con sus películas: a sus ojos ninguna de sus películas estaba conseguida. Sus películas son pintura que se mueve, que todavía no está seca. De hecho, los pintores no funcionan más que cuando están muertos. Va a ser igual con él: ahora se va a comprender qué talento era. Le quiero aún más cuando no está.

 

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Testimonio recogido por Olivier Nicklaus. Hors série Pialat. Les Inrockuptibles.

Pialat en Tienda Intermedio Dvd.

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