Emil Jannings, por Carl Theodor Dreyer

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De la interpretación del actor

(A propósito de la película de Jannings, Comedia trágica)

 

Un lector me reprocha, en una carta por lo demás muy agradable, no haberle hecho justicia al gran actor alemán en mi crítica de la película de Jannings (en el gran teatro).

No me negaré a precisar y justificar mi postura.

Según mi experiencia, los actores pueden dividirse en dos categorías: los que construyen su papel desde fuera y los que lo construyen desde dentro.

Los primeros construyen su papel casi como los escultores cubren de barro un esqueleto de madera hasta que cobra una apariencia humana. Le conceden mucha importancia a los detalles de enmascaramiento y de vestuario y dotan al personaje de pequeños rasgos y gestos característicos, por ejemplo una postura ligeramente encorvada, un gesto particular de la mano, un cierto tic con las gafas, una manera determinada de caminar, una dicción característica. Todo está conscientemente estudiado, reflexionado y medido de cerca. Cuando han modelado el barro durante el tiempo suficiente, se supone que el personaje está “vivo” y el hábil actor se esfuerza  en enlazar todos los elementos en un todo. Pero el “yo” del papel jamás llega a ser idéntico al “yo” del actor. Hasta en los momentos más dramáticos, el propio “yo” se queda fuera, contemplando fríamente, dispuesto a rectificar si el “yo” interpretado se sale de su papel.

Ese actor piensa su papel. Lo interpreta.

El actor de la otra categoría empieza por acostumbrarse al personaje que debe representar y no para hasta que su corazón late en el pecho del otro. Siente el papel, es el otro y, por consiguiente, no puede evitar convencernos. Todo lo esencial para el actor de la primera categoría es de una importancia secundaria para él. Puede interpretar con la única ayuda de su rostro, y le creemos sin dificultad, ya que la gesticulación, los rasgos, la actitud, la manera de andar y los gestos están determinados por el interior. Un ejemplo: Else Skouboe en el papel de Nora.

Jannings siempre ha pertenecido a la primera categoría de actores. Por más que piense en la larga seria de papeles que ha interpretado para el cine, no hallo ninguna excepción, de no ser por algunas escenas de El patriota (Patriot, de Ernst Lubitstch, 1928) donde alcanzó lo sutil de los sublime, precisamente porque, de pronto, se siente arrastrado no por su papel, sino por lo que él sentía. Olvidaba pensar y se sometía al dominio de sus sentimientos.

Cuando se trata de un hombre inteligente y dotado como Jannings, es del todo posible que su técnica, puramente exterior, pueda acercarse al arte de un actor intuitivo, surgido espontáneamente de un sentimiento y de un temperamento; pero siempre habrá una diferencia. La que, efectivamente, existe entre verdadero y falso, auténtico y ficticio, arte e imitación,

No abandonaré esa opinión, bien enraizada, aunque, para que mi lector no haya escrito su carta en vano, consentiré en confesar que la interpretación de Jannings en Comedia trágica representa quizás su trabajo más perfecto y armonioso hasta la fecha.

1936

 

Annex - Jannings, Emil (Last Command, The)_NRFPT_01

 

Recogido en Reflexiones sobre mi oficio, Carl Theodor Dreyer. Traducción de Nuria Pujol i Valls. Editorial Paidós.

Más sobre Jannings en Amistad, el último toque Lubitsch, de Samson Raphaelson. 

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