Del Cine-Ojo al Radio Ojo, por Dziga Vertov (1)

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Pavlovskoie, una aldea próxima a Moscú. Una sesión de cine. La pequeña sala está llena de campesinos, de campesinas y de obreros de una fábrica cercana. El film Kino-Pravda se proyecta en la pantalla sin acompañamiento musical.
Se oye el ruido del proyector. Un tren aparece en la pantalla. Y después una niña que camina hacia la cámara. De pronto, en la sala, suena un grito. Una mujer corre hacia la pantalla, hacia la niña. Llora. Tiende sus brazos. Llama a la niña por su nombre. Pero ésta desaparece. Y el tren desfila nuevamente por la pantalla. “¿Qué ha ocurrido?“, pregunta el corresponsal obrero. Uno de los espectadores: “Es el cine-ojo. Filmaron a la niña cuando vivía. Hace poco enfermó y murió. La mujer que se ha lanzado hacia la pantalla es su madre.
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Un banco en un jardín público. El director adjunto y la mecanógrafa. Él le pide permiso para besarla. Ella mira a su alrededor y dice: “De acuerdo.” El beso. Se levantan del banco, se miran a los ojos y se alejan. Desaparecen. El banco vacío. Detrás de él, un macizo de lilas. El macizo de lilas se entreabre. Sale de él un hombre que arrastra un extraño aparato sobre un trípode. El jardinero, que ha observado toda la escena, pregunta a su ayudante: “¿Quién es?“. El ayudante contesta: “El cine-ojo“.
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Un incendio. Los inquilinos salvan sus enseres de la casa en llamas. Se espera un minuto a otro la llegada del coche los bomberos. La milicia. La multitud en tensión. Por el extremo de la calle aparecen los coches de los bomberos que se acercan rápidamente. Y mientras tanto, un automóvil salido de una calle adyacente para en la plaza. En el automóvil, un hombre hace girar la manivela de una cámara. A su lado, otro hombre dice: “Hemos llegado a tiempo. Filma la llegada de los bomberos”. “¡El cine-ojo, el cine-ojo!”, este grito recorre la multitud como una ola.
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La Sala de las Columnas de la Casa de los Sindicatos en Moscú. El cuerpo de Lenin expuesto en un ataúd elevado. Los trabajadores de Moscú desfilan día y noche. Toda la plaza y las calles próximas están abarrotadas de gente. De noche, bajo la luz de los proyectores, se edifica el Mausoleo, al lado, en la Plaza Roja. Nieva fuertemente. Hundido bajo la nieve, el hombre de la cámara vigila toda la noche por miedo de perderse algún acontecimiento importante e interesante. Una vez más, el cine-ojo.
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Lenin ha muerto, pero su obra vive“, dicen los trabajadores de la Unión Sovietica, y construyen con ardor el país socialista. En la reconstruida fábrica de cemento de Novorossisk, dos hombres están encaramados en una vagoneta colgada sobre el mar. El jefe y el operador. Ambos con una cámara. Los dos filman. La vagoneta avanza rápidamente. El jefe busca un punto de vista mejor, se encarama al borde de la vagoneta. Un instante después, golpea la cabeza con una viga de hierro. El operador se vuelve y ve a su camarada desmayado, ensangrentado, apretando su cámara entre las manos, colgado encima del vacío. Apresta su cámara, le filma y sólo después corre a ayudarle. Una vez más, la escuela del cine-ojo.
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Moscú. Finales de 1919. Un cuarto sin calefacción. El cristal del tragaluz está roto. Una mesa junto a la ventana. Sobre la mesa un vaso, el té de la víspera se ha convertido en un bloque de hielo. Junto al vaso, un manuscrito. Leemos: Manifiesto sobre el desarme del cinematógrafo teatral. Una de las variantes de este manifiesto, titulada Nosotros, se publicó más adelante (1922) en el número 1 de las revista Kinophot(Moscú).
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Después de eso, la importante toma de posición teórica de los adeptos del cine-ojo fue el famoso Manifiesto sobre el cinematógrafo sin actores que, bajo el nombre de “La revolución de los kinoks (Kinoki Derevonod)”, se publicó en el número de junio de la revista LEF (1923).
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Ambos manifiestros fueron precedidos por la actividad de su autor en la Sección de los noticiarios cinematográficos, a partir de 1918, donde realizó varios Kino-Nedelia y algunos noticiarios sobre un tema dado.
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Al principio, desde 1918 a 1922, los kinoks existían en singular, es decir, que sólo había uno.
Desde 1923 a 1925, ya fueron tres o cuatro. A partir de 1925, las ideas de cine-ojo estaban ampliamente difundidas. Mientras que el grupo inicial aumentaba, el número de los que popularizaban el movimiento crecía. No sólo se puede hablar del grupo, no sólo de la escuela del cine-ojo, no sólo de una parte del frente, sino incluso de todo un frente de “cine documental sin actores”.
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Continuará…
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Recogido en Textos y manifiestos del cine. Editorial Cátedra.
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