Comedias y proverbios o un cuento moral, por Lois Pereiro (poema)

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(Dear Prudence repitiéndose mil veces. Éric Rohmer en Coruña. En Madrid. En ninguna parte. Y los elementos de esas nuevas tecnologías, un poco envejecidas, ya habían elaborado casi totalmente nuestros dos afectos solitarios. Cuando haya un muerto más entre los dos mundos todo eso seguirá existiendo. Soy un experto en eso.)
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(Comedias y proverbios o cuento moral)
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“Dear Prudence, dear prudence…”  De la habitación vecina, de la que solo me separaba una larga pared, salía por la puerta esa canción que me decía tantas cosas hace veinte años. Dear Prudence, sí, dear Prudence salpicando de música y de palabras la espesa luz del sol vestido de lujo dominical.
El teléfono dio señales de vida.
Contesté a la llamada y era ella,
la que sobrevolaba a menudo mis insomnios,
breve,
y crucificaba mis noches sin saberlo,
pisando mis sueños en silencio.
Su voz sonaba animada y alegre, como si la vida
fuese en ese momento para ella
un baño relajante de indulgencia.
Y finalmente dijo que pensaba en mí y me
quería. Eso era cierto.
De alguna manera era cierto, supongo. Debía serlo.
Así y todo sé que no se sentía feliz por eso
exactamente. Tampoco
por saber desde el principio lo que yo la quiero.
Pero cierta paz cósmica me acoge, haciendo levitar
mi espíritu,
y aviva la energía que tengo yo a mis pies,
adormilada,
oyéndole decir esas palabras. Sintonizo la emisora
de su alma,
y absorbería yo todo su sufrimiento. Te quiero.
Sí, yo también te quiero.
Y su voz retrocede a la velocidad de la luz por el
interior de un cable;
atraviesa las marinas, las llanuras, las sierras, los valles,
y la inmovilidad del sol
que arde sobre el canto de los grillos
en la soledad
de los páramos de la meseta
central. Y al llegar a su meta se va evaporando
cierto rumo atlántico
que hierve sobre el asfalto.
Pienso en ella. Pienso en mí en esta tierra. Dos
esencias ausentes casi siempre.
Nuestra coexistencia es algo intangible, como un
Éric Rohmer en nuestras
vidas: describir sutilmente de qué manera va
creciendo la hierba a su alrededor.
Porque yo debo quererla como se querían los
príncipes en los cuentos de Grimm, o Andersen,
cuando desear todavía era útil.
Nada más. Nada menos.
 .
                                                          Julio, 1995
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En Poesia ultima de amor y enfermedad, de Lois Pereiro. Traducción del gallego Daniel Salgado. Libros del silencio, 2012.
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1 comentario
  1. Manuel dijo:

    También escribió un poema sobre Dwoskin:

    Dyn-Amo e Steve Dwoskin ós trinta anos

    A perfección era unha intuición fráxil
    na que habitaba un virus definido
    en cada movimento interpretado
    polo discurso estético da pel
    Talco e carmín
    seducción subcutánea
    a atrocidade orixinal das vísceras
    furia xestual en cada un dos seus nervos
    na sesión de strip-tease daquela noite
    Confusamente a imaxe dos seus lavres
    voando sobre Europa
    A vida sucesión de luz e sombras
    o segredo da perfección máis pura
    somentes unha sombra de dúbida nun xesto
    a lene distorsión nun dos seus movementos
    en fuxidía expresión de terror lúcido
    nos ollos e na boca
    esa era a perfección definitiva.
    Caíron logo os ollos os pezóns
    e coa furia da súa visión súpeta
    todo o que puido arrincar ledamente irada
    coa única forza das súas propias mans
    e o poder que posúe quen descobre a verdade.

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