Garrel, tres bailes. Segunda parte: apuntes sobre los que no bailan

 

Al hilo de los bailes en Salvaje inocencia, Los amantes regulares y Un été Brûlant, de Philippe Garrel

 

No baila el pintor. No baila el poeta. No baila el cineasta.

Tres películas, tres bailes, y ninguno de ellos baila.

El cineasta, en Salvaje inocencia,  tiene excusa. Al fin y al cabo el baile forma parte de una película dentro de una película. (¿Qué sería por cierto, un baile dentro del baile?) Así que el cineasta no baila, mira. Es su oficio.

¿No baila porque es cineasta o es cineasta porque no baila? Quizás sea eso, ha encontrado el oficio para bailar sin bailar. Los hay que caen de pie.

Otro cineasta, Moretti, decía en Caro diario: En realidad mi sueño ha sido siempre saber bailar bien. Flashdance se llamaba aquella película que me cambió definitivamente la vida. Una película sobre baile, saber bailar. En cambio yo al final me encuentro siempre mirando, que también está bien, pero es otra cosa.

Sempre mirando. ¿Recordáis al joven paseante con aspecto de Courbet de En la ciudad de Sylvia? ¿Lo recordáis en el bar Les Aviateurs? Allí bailan todos. Todos, salvo el joven paseante, salvo el personaje que es apenas una mirada. Allí baila todo el mundo pero él se empeña en hablar. Allí la chica más guapa baila con el tipo más alto. Allí bailan todos menos tres chicas góticas y ese joven que dibuja esbozos.

El poeta de Los amantes regulares no baila. Todos sus amigos bailan, todos se encuentran en esa coreografía que apenas lo es, tan solo lo suficiente para provocar una felicidad triste y parecer casual.

Y el pintor de Un été brûlant tampoco baila. Mira. Todos bailan, empezando por su mujer, todos bailan, y lo que parecía bailar cada cual de su lado va confluyendo en una coreografía y acaban todos haciendo corro en torno a la mujer del pintor enredada en otro hombre alto y bailongo.

Todos menos el pintor. ¿Porque no quiere? ¿Porque no puede? ¿Porque no sabe? ¿Qué es lo que no sabe? ¿Qué secreto les ha sido dado a todos menos al pintor?

El baile es otro mundo. Un lugar al que no tiene acceso.

Al final el poeta muere. El pintor también. ¿De qué? ¿Qué tenían en común? Muchas cosas que quizás eran tan sólo una: no bailaban. ¿Mueren de no bailar? Pero entonces ¿y el cineasta? El cineasta no muere. Pero no olvidemos, tiene coartada. Y además, si nos fijamos, en su ficción dentro de la ficción, su actriz, su heroína, tampoco baila. La mujer ocupa por una vez el lugar del hombre espejo de Garrel, el lugar de la soledad mientras los otros bailan. Y, por supuesto, al final muere.

De los peligros de no bailar. Avisados estamos.

.

Apuntes de Pablo García Canga. Desarrollados de distinta forma y siguiendo otro hilo en Détour.

Philippe Garrel en Tienda Intermedio DVD. 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: