Sobre Nico y sobre el espíritu del mal, por Philippe Garrel

 

Nico

La verdadera razón de la película es la muerte de Nico, que se produjo justo antes del rodaje de Baisers de secours. Sentía la urgencia de hacer una película dedicada a Nico. Pero eso no me la devolvió viva. El cine me hace pensar en el mito de Fausto. Si se quiere imitar la perfección de la naturaleza uno ha perdido de entrada. Una película siempre está llena de defectos respecto a la perfección de la naturaleza. Y en lo que respecta a actuar sobre la vida, tampoco es que tenga muchas consecuencias. El cine no nos devuelve a la gente de la que hablamos. Es tan lamentable como despertarse de un sueño. El cine no puede devolvernos ni la naturaleza de las cosas ni los seres. Hacer hacer el papel de una persona a otra persona me parece que conduce directamente al fracaso. Así que no tomé esa vía. Intenté tratar la película como si fuese una dedicatoria. Pero no me preocupé lo más mínimo por la similitud de los hechos. El único momento de la película que coincide con la realidad es el momento en el que voy a la tumba de Nico en Alemania. Pero no lo muestro de verdad. No he trabajado diciéndome que tal persona era así o asá. Por ejemplo, Benoît Régent no es como yo. No hay que tirar demasiado de la realidad de la película hacia uno mismo. Cuanta más gente hay en el plató que pone algo de su propia vida más cerca se está de la verdadera naturaleza del cine, es decir, un arte en común.

 

Espíritu del mal

Por un lado los hombres son Dios y por otro, como lo ha escrito Freud, el hombre es un perverso polimorfo. La película intenta sugerir esa dialéctica. Y al mismo tiempo es bastante tímida. Estoy convencido, como muchos otros, de que no se hace buen cine con buenos sentimientos. Pero hay a pesar de todo un límite que no se consigue sobrepasar en el cine, salvo quizás Polanski en Rosemary’s Baby. En cuanto uno lee a Baudelaire, por ejemplo, se da cuenta de que la literatura es mucho más audaz. Están todos esos poetas que pretenden haber firmado un pacto con el diablo para poder escribir sus poemas. No hay en el cine ese espíritu del mal, mezcla de un gran valor y de  provocación. El cine es un arte que todavía tiene un enorme superyo. Pienso en ese cuadro de Marx Ernst, El ángel del hogar, que representa a una mujer con los rasgos de un terrible dragón con zapatos de clavos. En el cine nadie se permitiría tal ferocidad . El cine es a pesar de todo un arte de buenos sentimientos. A mi nivel intento ir un poco más allá. Pero la autocensura no es tan sólo económica.

 

 

Palabras recogidas por Thierry Jousse. Cahiers du Cinéma, septiembre 1991.

Philippe Garrel en Tienda Intermedio DVD. 

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