El vampiro y el criptólogo, por Paulino Viota (final)

Viene de aquí

En una entrevista en Cahiers du cinéma, Jean Renoir ha visto muy bien, hablando de los espectadores, una actitud semejante a esta que estoy tratando de caracterizar, del cineasta espectador.

…y todos los oficios están hechos no sólo para aficionados (en español en el original, el modelo para Renoir es el de las corridas de toros), sino para cómplices; en realidad hacen falta cómplices, hacen falta colegas; 

(…)las cualidades, los dones o la educación que hacen a un pintor son los mismos que los dones, la educación y las cualidades que hacen al aficionado (amateur) a la pintura; dicho de otro modo, para disfrutar de un cuadro hay que ser pintor en potencia; hay que decirse : Ah, yo, yo lo hubiera hecho asá; hay que hacer películas uno mismo, quizá únicamente en la imaginación, pero hay que hacerlas, sino no se es digno de ir al cine.

Así Renoir, frente a la actitud habitual de los medios culturales de elevar el nivel de los espectadores en tanto que críticos, de que cada espectador llegue a ser un crítico, propone algo mucho más sutil y seguramente más enriquecedor: que todos fantaseemos nuestras propias puestas en escena, que todos los espectadores nos convirtamos en cineastas.

El espectador-cineasta es como el amante de una mujer de la que el espectador-crítico sería el psicoanalista. Uno es el que disfruta viendo, palpando, olfateando; disfruta tanto con el sonido de la voz de su amada que ella se da cuenta de que él no entiende lo que ella le dice; el psicoanalista entiende incluso y sobre todo lo que ella no le dice. El amante disfruta del cuerpo del film, de su materialidad inmediata y opaca -o transparente si lo preferís, pues en ambas palabras lo que importa aquí es la idea de algo que no se puede referir a otra cosa, a un sentido; el psicoanalista disfruta del film hecho palabra, lenguaje, sentido. Quizás el psicoanalista conozca más profundamente a la mujer, pero me gusta más cómo la disfruta el amante. Ese es mi punto de vista en este asunto en el que, como cineasta, soy parte muy parcial. Como dice Susan Sontag al final de Contra la interpretación:

En lugar de una hermenéutica, necesitamos una erótica del arte. 

Aquí concluye El vampiro y el criptólogo.

Paulino Viota en En torno a Peirce, Asociación de Estudios Semióticos de Barcelona, 1986.

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