Un país lejano, Michaux/Marker

“Habría que demoler la Sorbona y poner a Chris Marker en su lugar”, escribió el poeta y pintor Henri Michaux. (Quizás, quizás, porque Chris Marker es, a su manera, un hombre enciclopedia. Una universidad él solito.)

La admiración era recíproca. El título La jetée era un homenaje a un poema de Michaux y el famoso inicio de Carta de Siberia, “Te escribo de un país lejano…”, retomaba el título de un segmento de Lejano interior. Cartas desde un país lejano que, bien mirado, podría ser el nuestro. Un país cercano donde es una extraña mirada la que crea el alejamiento. A continuación, porque ningún día es malo para leer a Michaux, un fragmento de “Te escribo de un país lejano…

IV.
Añado una palabra más, mejor una pregunta.
¿También fluye el agua en tu país? (No recuerdo si ya me los has dicho). Y, si es ella realmente, produce escalofríos.
¿Que si me gusta? No sé. Cuando está fría una se siente tan sola dentro de ella. Pero es una cosa distinta cuando está tibia. Entonces. ¿Cómo juzgar? ¿Cómo juzgan ustedes, dime, cuando hablan de ella sin disimulo, a corazón abierto?

V.
Te escribo desde el fin del mundo. Es necesario que lo sepas. A menudo tiemblan los árboles. Recogemos las hojas. Tienen una increíble cantidad de nervaduras. ¿De qué sirve? Nada queda entre ellas y el árbol. Nosotras, molestas, nos dispersamos.
¿Será que la vida en la tierra no podría continuar sin viento? ¿O será preciso que todo tiemble siempre, siempre?
También existen movimientos subterráneos, y en la casa cóleras que vienen a enfrentarme, como seres despiadados que quisieran arrancarte confesiones.
Nada vemos, salvo aquello que importa poco ver. Nada, y sin embargo temblamos. ¿Por qué?

VI.
Todas vivimos aquí con un nudo en la garganta. Aunque soy muy joven, has de saber que en otros tiempos fui aún más joven, al igual que mis amigas. ¿Qué significa esto? Seguro que hay algo horrible.
Y en ese tiempo cuando, como ya te dije, éramos aún más jóvenes, teníamos miedo. Alguien podría haberse aprovechado de nuestra confusión, diciéndonos: “Pues bien, el momento ha llegado, vamos a enterrarlas.” Y nosotras, pensando: “Es verdad, bien podríamos ser enterradas esta noche si se comprueba que es el momento.”
Y sin atrevernos a correr demasiado, jadeantes, sin poder dar un paso más, frente a la fosa abierta, sin aliento, sin tiempo para decir una palabra.
Dime, ¿cuál es el secreto de todo esto?

Chris Marker. Mosaico 1968-2004. Tienda Intermedio DVD. 

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