Gatos encaramados: una conspiración benévola, por Rubén García (adelanto Mosaico Marker)

3. Este M. Chat, bien lo sabemos, llueve en realidad sobre mojado en la obra de Marker, abundante en miradas benévolas de gatos o lechuzas, y que afirma tener al fantasma del gato Guillaume-en-Égypte como constante colaborador. Hay más gatos, pues, en Gatos encaramados , y más animales, incluso en museos o carteles. Pero el rango se amplía a varios humanos: rostros singulares, femeninos casi siempre, en las calles, el metro, las manifestaciones… Muchos miran a cámara, con agrado o incomodidad, algunas de estas miradas duran un simple fotograma como la de la mujer de Guinea-Bissau en Sin sol  (1983). Gatos encaramados  tiene mucho de celebración de la presencia de aquello que simplemente agrada, que gusta ver, de la intrascendencia al más puro estilo de un Jonas Mekas, y como en él, la trascendencia específica de la propuesta radica en ello: alguien ha convertido en graffiti a un gato y su presencia en las paredes de París semeja un ritual de protección y resistencia bajo cuyo signo medra la actividad de los manifestantes, el ánimo necesario para salir de los trabajos, las casas o los colegios y exigir transformaciones en/de una realidad tenida por injusta. La alegría del gato se reencuentra en los manifestantes, toda una comunidad de rostros, gestos, cantos, movimientos, hechos y presencias intrascendentes, sin importancia, mostrando sin embargo resistencia al devenir de la historia entre cuyas líneas se insertan. No debe olvidarse la presentación del gato en la película, como figurado anfitrión de un flashmob sin contenido político evidente, una especie de ritual o acto poético. Es el mejor modo de mostrar que en las manifestaciones que muestra Marker se canta no ya cierta protesta —que también, baste comparar el trato que dispensa a las manifestaciones más derechistas— sino su actividad misma, el entusiasmo, valga decir, activista, y se afirma que lo que aquí se pone en marcha es el ejercicio mismo de eso que al menos el autor puede ver en los rostros de muchas mujeres, hombres, niños, animales, músicas, obras de arte…

Todo muy abstracto, se puede objetar (a Marker o a mí), y posiblemente con razón. Gatos encaramados  sería como uno de esos discursos vitalistas que mueven a la acción más con su defensa de la alegría que le es inherente que con la crítica a las condiciones que motivan las protestas, aunque tampoco se deje de hacer esto. Más vitalismo que política, en suma. Pudiera ser que en un tiempo donde (ciertas) ideologías y utopías han sido expulsados del campo de lo pensable o concebible, y que se postula como punto final que no admite más mejora que la reforma, que no concibe propiamente la novedad salvo como categoría útil en el campo de la propaganda, ante la consiguiente victoria de las pasiones tristes que comporta esto haya que impulsar otras vías para despertar las alegres, acudiendo con fuerza a todo aquello que sirva a tal objeto. Y también pudiera ser que tampoco estemos tan lejos del “culto” francés al concepto de acontecimiento, rodeado a veces de tantos atributos mágicos que casi se diría milagro, e hijo en buena medida de la conjunción de la progresiva lejanía del mitificado Mayo del 68 y la creciente imposibilidad de una revolución. Pero a este respecto habría de hacerse un matiz: si en buena parte del cine post-mayo 68 el acontecimiento es aquello que está detrás, en Gatos encaramados ya no es así, y si hay uno está delante. Las imágenes trucadas para parecer antiguas dan fe de que el pasado se aparece sobre todo a los ojos de Marker, el protagonista —que cumplió 80 años el 2001, en el mismo mes (julio) que la célebre contracumbre de Génova, y poco antes del comienzo de la película. Una manifestación, en realidad, busca un acontecimiento futuro: que las tropas estadounidenses se vayan de Irak, que Raffarin dimita, que se reconozcan los derechos de los sin papeles. Unas veces hay éxito, otras no.

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Fragmento de Gatos encaramados: una conspiración benévola, por Rubén García López, proximamente en Mosaico Chris Marker.

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