“Ludwig! Ludwig! Sei sordo, per Dio?” Godard con nada, por Manuel Asín

Hace diez años el hijo de Léo Ferré publicó en su propia casa de discos, en Monte Carlo, la última cinta de su padre. Eran nueve temas, una maqueta que esperaba arreglos, más trabajo y seguramente más canciones para un disco que, como siempre en los últimos años, Ferré pensaba grabar con la Orquesta Sinfónica de Milán. Esas nueve canciones estaban grabadas con toda sencillez, en una habitación de su casa de la Toscana, al piano. Había partes en las que se oían ruidos al fondo, pájaros, y a veces también las vacilaciones del cantante. Como siempre, a ratos hablaba y a ratos levantaba la voz, cantaba.
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El disco se llamó Métamec, algo así como “metatío” para nuestra torpe oreja de animales poco o nada musicales, pero quizá más probablemente, conociendo a Ferré, Métamec como el fabricante de preciosos relojes de mesa y pared ingleses: METAMEC.
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Ese disco fue importante para algunos de nosotros cuando llegó a Zaragoza, hacia 2000. Fue el que nos inició en el Ferré post-68, nos puso tras la pista de los discos de letanías con orquesta que en esos años se estaban empezando a reeditar en Francia. Trabajábamos en la FNAC y según salían de las cajas los íbamos comprando, sin pestañear (muy caros). Yo creo que ni siquiera se llegaron a poner a la venta en Zaragoza: Les loubards, La musica mi prende comme l’Amore, On est pas sérieux quand on a 17 ans, La violence et l’ennui. Los escuchábamos con devoción y muy extrañados, tratando de seguir la letra en el librito que, alternando enigmáticas fotografías, acompañaba cada disco.
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Canciones como “Michel“, en Métamec, dedicada a un locutor de radio que hacía un programa llamado “Campus“, en el 68, y que con Borja tarareábamos sin entender casi nada en la Plaza de los Sitios, y que yo le contaba a Manuel, que al parecer sí entendía:
Lo que no hay que decir lo dices, Miguel
Lo que no hay que hacer lo haces, Miguel
Cada noche en Campus
Con en el ojo y en la oreja
Los cantos perdidos de los confines de la tierra
Y de Nanterre
Acuérdate allá con los hippies
también yo estaba
como los de Nanterre y los de Campus
Miguel
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Lo que no hay que decir lo has dicho, Miguel
Lo que no hay que hacer lo has hecho, Miguel
cada noche en Campus
detrás de ese chico negro
con en el ojo los cantos perdidos de los confines de la tierra
acuérdate allá con los hippies
estábamos nosotros también
como los de Nanterre y los de Campus
Miguel
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¿Y esto, Ferré? Y esto a santo de la última película-canción de Godard, para la necrológica de Rohmer en la Cinemateca y sobre la que están corriendo ríos de tinta escritos por algunos que, desorganizados en red, intentan descifrar hasta la última de las referencias que allí parecen escucharse, pero que en muchos casos ni se escuchan porque lo que se escucha encima es la música, el instrumento de cuerda. En cambio veo que en las transcripciones y glosas que están apareciendo, y que sin excepción son sorprendentemente cortas, descorazonadoras (peores a veces que la ignorancia absoluta, brutales como delaciones… ¡descansa en paz, Fredéric C. Froeschel!) se dejan, fallan en cosas tan sencillas de escuchar, o de anotar, como los “síes” y los “noes” detrás de algunas frases. Es que no importa, cuestiones rítmicas. Y eso que a estas alturas del partido Godard ya sólo dice sí o no, hace películas sólo con un sí y con un no, como Faulkner y
Brackett hicieron con un sí y con un no, o con nada, El sueño eterno.
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