Pialat por Willy Kurant, azul Magritte

“Llegué a ser el director de fotografía de Bajo el sol de Satan de una manera muy rara. Desde A nuestros amores (en la que había rodado bastantes escenas, sin por otra parte aparecer en los créditos) casi no había vuelto a ver a Pialat. Por aquel entonces yo vivía en Estados Unidos. Había vuelto a Bélgica para ver a un osteopata. Estaba en su consulta cuando sonó el teléfono. Era para mí. ¿Cómo podía alguien saber que yo estaba en la consulta de un osteopata en Waterloo? Era el director de producción de Pialat, Jean-Claude Bourlat. Llegué al rodaje al día siguiente, sin saber qué es lo que me iba a hacer Pialat- con todo el afecto que yo sentía por  él. No tenia ni idea del drama en curso: la película la había comenzado un muy buen director de fotografía italiano, Luciano Tovoli. Pero su estilo no le había gustado a Pialat. Maurice había empezado a acosarlo con bastante violencia. Tovoli había enfermado. Había pedido ser remplazado. Fui al rodaje y allí había otro director de fotografía, Jacques Loiseleux, cuyo trabajo tampoco satisfacía a Maurice. Se suponía que Loiseleux, que era un buen operador, iba a asistirme. En realidad tuve más problemas con él que con Maurice. A Pialat le encantaban nuestras confrontaciones. Es ahí donde encontraba su fuerza creadora. Yo no había hablado con Pialat de lo que quería. Había leído a Bernanos, hace tiempo… Pero soy del Norte. En seguida sentí que había que hacer algo con la luz del Norte. Me puse a hacer una luz como la de la pintura holandesa, que viene de un solo punto, con, de vez en cuando, alguna pequeña excepción. El primer día había un plano bastante complicado con un travelling que pasa a través de un pasillo muy oscuro. Y ahí puse un contraluz violento. Al día siguiente Toscan du Plantier llamó para decir que a la producción le encantaba la foto. Así que Pialat puso cara de pocos amigos. Yo no quería que la imagen de Bajo el sol de Satan fuese estetizante. Quería dar a la luz una dirección inspirada tanto en los maestros flamencos como en fotografos como Paul Strand. Y yo diría que también, de vez en cuando, hay un poco de Magritte. De manera inconsciente en los cielos, por ejemplo, o en las escenas de noche. Había hecho fabricar unos filtros muy particulares, azulados, con un poco de cian y un poco de niebla, para las noches americanas. Nos saltamos todas las reglas. ¡Mezclé noches auténticas con noches americanas! Y a Pialat le deslumbró. El problema es que su búsqueda de la verdad con los actores me limitaba en mis iniciativas. Maurice quería que se viese del todo a los actores mientras que yo quería jugar con las luces y las sombras. La gente tenía miedo de él: ¿como preparar un plano sabiendo que al llegar él lo iba a cambiar? Era agotador. Creo que involuntariamente Pialat me ayudó a ser mejor con la imagen. En realidad su relación con aquel que se ocupaba de la cámara consistía en pedirle el esbozo de un movimiento o de una puesta en situación, y luego destruirla de manera sistemática porque era en ese momento en el que encontraba lo que quería. Necesitaba ver para poder romper. Nunca he visto ese juego de construcción/destrucción alcanzar un grado tal de intensidad en cualquier otro. “

Palabras recogidas por Jean-Baptiste Morain para Les Inrockuptibles, especial Pialat

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