¿Qué es la nueva cinefilia?, por Aarón Rodríguez y Óscar Brox en Revista Détour (Parte I)

Peter Hutton - NY PORTRAIT PART1

La cinefilia ha sido, desde el primer número de Détour, una cuestión abierta a la que no hemos dejado de añadir intervenciones. En un primer momento, nos acercamos a los posos de aquella nostalgia por una cinefilia en proceso de extinción; a continuación, nos sumergimos en una tentativa de recuperar la intensidad de nuestras emociones como una clave para acceder (y preservar) esa cinefilia secreta que nos pone en comunicación con el cine; analizamos, a tumba abierta, el presente de la cuestión y el qué de esa Cinefilia 2.0 cada vez más latente. El último peldaño, por ahora, lo constituye una singular indagación en torno a esa cinefilia underground y resistente atrincherada en los márgenes de la crítica oficial, que reivindica otro sentido y otro estatuto para la escritura cinematográfica. Sin embargo, teníamos pendiente enfrentar algunas de esas cuestiones e impresiones en un diálogo, un intercambio de ideas que pusiese en práctica lo que, hasta el momento, ha constituido uno de los ejes de nuestra revista. Lo que sigue a continuación es un primer paso en esa dirección. Un paso lleno de preguntas, dificultades y deseos encaminados a desentrañar qué podemos entender por Nueva Cinefilia, ese lugar común al que acabamos redirigiéndonos cada vez que surge la cuestión.

Óscar Brox

Te comento aquellos puntos que he subrayado de tu texto.

Por un lado, me parece interesante cómo te haces eco del pálido reflejo que suponen, después de tantos años en liza, las Movie Mutations recién traducidas al castellano. Y también me interesa, como apuntas en uno de los párrafos, cómo el placer se ha diluido en favor de otra clase de aspectos en los textos. Todo ello para concluir que, nos guste más o menos, la nueva cinefilia repite las estructuras decadentes de la vieja cinefilia, por lo que mantiene inmóviles los postulados iniciales (lo que podemos observar en la errática política de Cahiers España).

Yo, que he sido el impulsor de este debate desde el primer número de Détour, tengo unos rasgos alternativos para definir qué es la nueva cinefilia. En primer lugar, coincido contigo en que hay que leer (o saber leer) las Movie Mutations desde un punto de vista histórico no canónico. Dicho de otra manera: hay que saber rescatar aquellos elementos que pueden sernos útiles para construir una imagen de nuestra cinefilia. Pero, ¿realmente existe esa nueva cinefilia? Pienso que sí, y a continuación lo explico:

Efectivamente, Internet ha generado una cantidad brutal de cine, de blogs, foros y otras comunidades. Es posible que en un tanto por ciento elevado, nada de lo que haya salido goce de cierto relieve e interés. Sin embargo, hay que saber aprovechar sus ventajas: Internet ha estrechado lazos donde antes sólo había lugar para el encuentro festivalero; ha dado con la fórmula para deslocalizar las redacciones de revistas y crear puntos de encuentro virtuales en los que poner en común intereses. Pero, sobre todo, Internet ha creado cierta exigencia, una exigencia dirigida a todos aquellos que escribimos; una exigencia basada en que la libertad y la democratización que ofrecen los soportes digitales también requieren de un esfuerzo y, fundamentalmente, de una voluntad de transmitir esas ideas. De nada sirve tener un blog, una revista o un foro si luego nos ponemos unas orejeras abstrayéndonos del paisaje. En breve, la generación que hemos madurado en Red, que hemos escalado desde nuestro pequeño blog hasta otras publicaciones progresivamente más relevantes, hemos aprendido la importancia de transmitir (y, por supuesto, modular) nuestras reflexiones y el trabajo de vertebrarlas, de optar por una forma literaria adecuada, para distinguirlas de la cantidad de ruido de fondo que produce a diario la Red.

Dicho esto, pienso que la clave de la nueva cinefilia está en saber recuperar el valor de la transmisión y del intercambio, porque ninguno de los dos conceptos está politizado. Cuando leo Cahiers Francia y veo una reivindicación sensata y entusiasta del cine de Wes Craven, lo que pienso es que están escribiendo sobre aquello que les gusta. Y ese es el modelo que me gustaría seguir, porque creo que es el más fértil y cohesionador. Es un error mantener esas viejas estructuras de conflicto, porque nos han llevado a establecer una serie de ghettos culturales basados en el resentimiento. Sin embargo, si echo un vistazo a la cantidad de revistas digitales que hay actualmente en España (por ceñirnos a lo local), pienso que estamos caminando en una dirección opuesta, aprendiendo a relacionarnos entre nosotros, compartiendo y construyendo lo más cercano a una comunidad cinéfila, plural y heterogénea. A diferencia de otras épocas, ya no resulta difícil encontrar una defensa argumentada, sin imposturas, de un blockbuster de temporada, de la misma manera que estamos aprendiendo a leer a Godard o a Eustache sin tomar las gafas de nuestros padres o antecesores. Y esta efervescencia, con todos los matices que queramos ponerle, cuaja en lo que entiendo por nueva cinefilia.

Con esto creo que basta para introducir la discusión, por lo que ahora mismo me gustaría conocer tu opinión y hasta qué punto podemos compartirla.

Aarón Rodríguez

En efecto, esa nueva cinefilia que acotas y que se acerca a la definición de cinefilia 2.0 emergida aquí mismo, en Détour, existe y participa de manera activa. Formamos parte de ella, y nos enfrentamos a sus contradicciones y a sus logros. Te robo -porque me parece brillante y sintomática- la introducción de la expresión “exigencia dirigida a los que escribimos” para lanzar mi primera carta sobre la mesa. La cinefilia 2.0 funciona mayormente como escaparate para la difusión, o mejor aún, como fabricación de listas cuasi obligatorias de autores para descubrir o cine invisible, utilizando la bendita expresión de moda.

Ahora bien, ¿en qué se concreta ese movimiento mayor de difusión? ¿Tenemos a estas alturas del partido un trabajo sólido realizado en torno a la sociología o a la ideología de la nueva cinefilia? Mi primera intuición es que no. En lugar de eso, hay un magma de opiniones, de voces y de cabeceras que trabajan de manera dispar en torno a iconos y corrientes de moda, pero sin llegar a concretar realmente qué es lo que dicen. Difusión de textos masivos y de opiniones masivas, cacofonía. Lo que me parece divertido -no seré yo el que proponga unas líneas que hermanen a nadie con Tel Quel o con Der Stürmer, tanto da-, pero también me provoca una cierta nostalgia lejana ante la posibilidad de unificar los esfuerzos singulares en torno a un bien común. En torno a una búsqueda común.

La cinefilia puede ser entendida como una bendición -a nivel de difusión de textos en el que quizá sea el peor período de la distribución oficial de cine en España-, pero también entraña un síndrome de púlpito vacío, de suma de voluntades relativistas, de leer a los amigos y señalarse con el dedo diciendo: “Tú eres bueno”. Lo que ha ocurrido siempre a nivel académico en España, con la diferencia de que no tenemos textos fundacionales, no encontramos obras de cohesión que, por lo menos, intenten perfilar una hoja de ruta. Porque para hacer eso, en primer lugar, se necesita el tiempo y el esfuerzo intelectual que sacamos a duras penas para invertirlo en nuestros blogs y en nuestras críticas para las revistas en las que colaboramos.

Te pongo dos ejemplos patrios, dispares y que sin duda te resultarán disonantes. Pensar la imagen de Santos Zunzunegui o el Clásico, manierista, postclásico de González Requena. Ambos libros suponen polaroids de un tiempo y de un universo cinéfilo, de una metodología y de una búsqueda. Podemos estar más o menos de acuerdo con ellos, pero suponen dos esfuerzos titánicos por sistematizar, limpiar, clasificar, ofrecer. No se agotan en una lectura, sino que acaban siendo la cartografía de una década y de sus malestares. Primera pregunta: ¿somos nosotros ahora los responsables de tomar ese testigo? ¿Tiene sentido seguir trabajando en una dirección académica y exhaustiva, o la Nueva Cinefilia se debe a la rapidez y a la inmediatez del medio online? ¿Están las editoriales preparadas para recibir estos trabajos, o -como ya ocurre con algún título actual de cuyo nombre no quiero acordarme-, los autores deberían comenzar poniendo una fecha de caducidad a sus propias reflexiones?

Los colaboradores que conformamos esta Nueva Cinefilia que propones -y que vamos agrupándonos, conociéndonos y leyéndonos- necesitamos también una logística editorial/de difusión que sea capaz de dar esa pátina de rigor a nuestros textos. Es decir, necesitamos una industria cultural propia en un momento económico completamente catastrófico. Escribir de cine -no nos engañemos- es casi siempre perder pasta. Por supuesto, las revistas online nos han acercado a la posibilidad real de participar en un debate activo, pero limitado. Muy limitado. ¿Nos leen desde Cahiers? ¿O seguimos siendo los adolescentes diletantes que publican en su blog o en una versión ligeramente más compleja que el fanzine de toda la vida de Dios? ¿Tenemos las herramientas para decir más y mejor, o por el contrario, tartamudeamos precisamente por la falta de coherencia interna?

Y repito -cerrando ya la intervención, que he propuesto demasiadas preguntas- que esto sólo ocurre con los estudios cinematográficos. La sociología, la teoría de la literatura e incluso si me apuras la crítica musical -con ejemplos como Kiko Amat– llevan más de cinco años revolucionando y revolucionándose. ¿Estamos nosotros haciendo lo mismo o seguimos bailando pegados al cadáver de la modernidad?

Óscar

Has puesto sobre la mesa bastantes temas, y todos ellos interesantes, así que intentaré ofrecer una serie de respuestas que puedan abrir camino.

En primer lugar, es cierto que existe un apego especial a arrogarse el papel de descubridores de cineastas, en ocasiones, ensalzando su obra prematuramente. Y también que, de tanto gastarla, hemos quitado valor a lo que supuso el concepto cine invisible como reivindicación crítica de una serie de obras completamente marginadas por la distribución o los medios de información masivos. Ahora bien, ¿de qué nos sirve? Como bien dices, ese movimiento no parece concretarse en algo sólido y, en su lugar, cunde cierta dispersión entre ghettos que compiten por elevar a su cineasta (o su idea, línea política, etc.).

Efectivamente, ni España ni nuestra generación tienen un texto fundacional ni mucho menos un sentido acusado de hacer grupo o comunidad. A cada cual, lo suyo. Lo que me preocupa no es sólo nuestra generación, porque hemos sabido recoger un gusto por el cine y la escritura que asegura su supervivencia. No, lo que me preocupa es que también deberíamos exigirnos otro papel, sobre todo, en relación a las generaciones que nos sucederán. Como en tantas otras cosas, el principal activo del cine y la escritura radica en su transmisión, es decir, hacer accesible, comprensible y manejable a otros aquello que vemos, sentimos o trabajamos. En breve, compartir. Si bien ese, precisamente, es un problema que Internet ha solucionado en materia de distribución, la parte de producción intelectual permanece intacta. Es por esto que, respondiendo a tu primera pregunta, siento que lo que necesitamos es una divulgación y una pedagogía alternativas, es decir, fuera de la educación que hemos recibido. Ese podría ser un buen principio para describir y enfocar todo el trabajo que llevamos a cabo en la Red, dándole una dirección. En lugar de palmaditas en la espalda o del síndrome del púlpito vacío, crear sentimiento de pertenencia, de comunidad, de que estamos transmitiendo al lector, a cualquier lector el valor inherente a todo esto, que no es otro que construir la imagen de nuestro tiempo y nuestra cultura.

En segundo lugar (y siento que en el anterior párrafo he abordado parte de tu siguiente pregunta), sí creo que somos responsables de tomar ese testigo, entre otras cosas, porque siempre somos responsables, aunque sea en la coyuntura de un blog personal, de lo que escribimos. A medida que nos hacemos mayores, la responsabilidad también se desplaza, adhiriéndose a cada una de las empresas que llevamos a cabo. Por supuesto, no creo que sea un trabajo que dé resultados inmediatamente. Eso explica que mi principal reserva con respecto a la Nueva Cinefilia sea la velocidad con la que se generan ciertas dinámicas de entusiasmo que, desgraciadamente, luego corren peligro de evaporarse. Lo digo más claramente: nuestra responsabilidad, estemos en Red, en un centro universitario o en una publicación impresa, no es otra que la de sumar esfuerzos para cuajar una política cultural a nuestra medida, siempre abierta y, especialmente, siempre atenta.

En lo que respecta a la logística editorial, se trata de un paso que requiere de unos anteriores que todavía no hemos dado. El paso inicial consiste en definirnos, en términos de generación, y observar qué elementos nos unen y qué nos separa (cosa que no ha sido hasta hace poco que hemos empezado a hacer, aunque en esta historia nosotros seamos los jóvenes). ¿Por y para qué una Nueva Cinefilia? Esa es la cuestión. Efectivamente, mis razones son mías y se deben a una serie de circunstancias que no sé si son las de más personas. Por eso quiero conocer más opiniones, más razones, más voces. Este no es un trabajo individual, sino colectivo. Hace falta escuchar más, discutir más y, sobre todo, definir qué es lo que cada uno (escritor, editor, gestor cultural, programador, etc.) busca alcanzar, transmitir a través de su trabajo. Eso es lo que entiendo por Nueva Cinefilia.

Por último, supongo que Cahiers lee publicaciones online. Ahora bien, ¿debería importarnos si no fuese así? Tenemos las herramientas para decir más y mejor. Las tenemos desde el mismo momento en el que, por curiosidad o preocupación, decidimos discutir sobre lo que hacemos, sobre adónde nos lleva eso que hacemos, etc. Internet, así como los festivales, los cinefórums u otras plataformas afines a nuestra educación sentimental, nos ha puesto en contacto y, en algunos casos, ha reflejado que compartimos gustos, problemas y objetivos. Perfecto, ahora la cuestión estriba en decidir si nos animamos a hacer algo con ellos o no. ¿Qué está en juego? Mantener con vida la cultura.

Siento que he sido algo impreciso, así que espero tu respuesta para seguir perfilando las cuestiones que estamos tratando.

Aarón

Óscar, creo que por fin empezamos a encontrar puntos de contacto con respecto a diferentes ideas. Sigo tu intervención y rescato algunas ideas que me parecen especialmente intensas.

Creo, en efecto, que esa hipotética Nueva Cinefilia que somos -o nos pretendemos- debería empezar a fijar urgentemente sus coordenadas. No sé si metodológicas o ideológicas, pero definitivamente vinculadas con la pedagogía de la imagen. Reconozco que de entrada la expresión me pone los pelos de punta y me sugiere una serie de sombras totalitaristas, así que voy a intentar clarificarla. En primer lugar, probablemente el primer problema serio con el que nos enfrentamos es el manejo, la difusión y la interpretación de la herencia de nuestros hermanos cinéfilos mayores. Las labores con las que se han desenterrado los Contracampos en la Editorial Cátedra resultan estimulantes pero insuficientes. El placer de encontrar los viejos números de dicha revista o de otras publicaciones más o menos underground desde las que disparaban propios y extraños responde casi más a una filia personal que a una corriente sólida. Con lo que mi primera sugerencia -quizá ofrecimiento- sería: ¿podemos/debemos utilizar las plataformas online para rescatar/reinterpretar los textos seminales de nuestra historia crítica reciente? ¿No tendría sentido reivindicar con fuerza a Pérez Perucha, a Company, a Vidal Estévez, e invitarles a que nos ayuden a empezar a pensar(nos)? Quizá es una sensación aislada, pero a veces me aterra contemplar cómo una gran parte de todo ese trabajo analítico comienza a desaparecer por sumideros editoriales y hemerotecas polvorientas hasta quedarse en un silencio incómodo. En segundo lugar, al hablar de una pedagogía de la imagen, me refiero también a la invitación de clarificación de contextos, autores y herramientas. A veces sonroja encontrarse la falta de precisión con la que se operan los textos, cómo las fobias y las filias obturan por completo la posibilidad de trabajar exhaustiva pero rigurosamente. Y yo me coloco el primero en el foco de este problema, por supuesto. En tercer lugar, creo que resultaría coherente no limitar nuestra acción a la palabra escrita, sino buscar fórmulas y exposiciones de difusión tan dispares como la palabra oral grabada, el trabajo abierto en Seminarios, la colaboración en foros… Y, por último -y me dejo lo más radicalmente importante para el final-, la necesidad de reivindicar una libertad total y absoluta, libertad de expresión, libertad de estilo, libertad de cátedra, libertad de error. Si no somos capaces de -como proponía en el texto con el que abríamos la discusión- reivindicar a Sasha Grey como objeto de estudio, entonces estamos vendidos. Si no somos capaces de incorporar elementos transversales o transmedia, disfrutar el placer de la escritura, incorporar boutades, jugar y compartir los juegos, acabaremos quizá convertidos en ratas de filmoteca. Y de esas, hay muchas y suelen ser intolerablemente aburridas.

Quizá en cierto momento perdimos la posibilidad real del riesgo. Lo arriesgado no es reivindicar a un director emergente, sino cómo reivindicarlo. Cómo se utiliza el estilo para herir, para insultar, para agradar, para jugar a la zalamería fílmica. En ese sentido, ciertos análisis -y de nuevo me señalo- pecan de un corsé académico derivado de nuestros tics universitarios que horroriza -y con razón- a una parte importante de nuestros lectores. ¿Para quién escribimos? Y lo más importante: si no nos divertimos y no nos arriesgamos escribiendo, ¿qué sentido tiene hacerlo? Hace poco citabas el ejemplo de Cahiers Francia y Wes Craven. Ahí está la clave. Ojalá eso fuera la Nueva Cinefilia.

Es decir: la Nueva Cinefilia será la hostia, o no será.

Y cierro con una idea que has dejado flotando en tu último párrafo y que no puedo evitar estrujar: Creo que debería importarnos, y mucho, que Cahiers lea/piense las revistas online. En cierto sentido porque estamos siguiendo su estela -para lo bueno y para lo malo, no olvidemos cómo y dónde se reivindica con fuerza a Rosenbaum y otros tics teóricos que a veces se nos filtran-, pero sobre todo porque, como diría el Godard de los Dziga Vertov, una parte del debate debería ser con ellos, hacia ellos y contra ellos. No se trata de matar al padre, sino de decirle que estamos ardiendo. De maneras distintas y por motivos distintos, con palabras distintas y con voluntades distintas. Pero ardiendo.

Óscar

De nuevo has vuelto a poner el acento sobre cuestiones que también me preocupan, así que voy a intentar sintetizar algunos de esos aspectos.

Estaba pensando que uno de los rasgos que más detecto en nuestra generación es, sobre todo, su carácter apátrida, probablemente porque el sustrato de esa cinefilia se ha constituido (aunque también la haya aprovechado) fuera de nuestra formación académica. Por eso, en lo que a mí respecta, me cuesta reconocer el relieve de una serie de figuras, aunque también tenga mis referentes en el campo de la escritura cinematográfica (no voy a negar mi aprecio por gente como Daney, Lenne o Bordwell). Pero creo que nosotros trabajamos con otras herramientas y participamos de otra educación: trabajamos con la intuición, así como con el riesgo, y si hemos llegado a alcanzar algún resultado destacable es, básicamente, porque Internet nos permite conseguirlo, porque nos equivocamos y podemos corregirnos, acertar, encontrar un camino y continuarlo, etc. algo que nos diferencia de generaciones anteriores, que carecían de esos instrumentos. ¿Qué quiero decir con esto? Que no sé hasta qué punto nuestra generación no ha cuajado una escuela aparte, menos preocupada por tener un referente directo como por modular su forma de ver las cosas. Es verdad que en ocasiones nos movemos por reacción, esto es, cuestionando los dogmas y los discursos monolíticos. Pero no es menos cierto que a toda generación le toca revisar y reelaborar los conceptos, es decir, mostrar que ni mucho menos se han agotado y se les pueden dar nuevos usos, inventándolos a partir de nuestras propias inquietudes.

Me dirás, con razón, que conviene llevar a cabo un trabajo de archivo, de investigar lo que se dijo y cómo se dijo y, sobre todo, de recuperar a determinadas figuras que ahora forman parte de la retaguardia. Pero, antes de dar ese paso, como te decía, sigo pensando que falta dar con una o varias imágenes, uno o varios sentimientos que nos unan de alguna manera. Sé que repito esta sensación demasiado, pero encuentro fundamental establecer una base para, a continuación, canalizar todo el trabajo. ¿Cómo hacerlo? Tú lo has dicho: no basta con limitar la actividad al papel o al medio digital, sino que conviene ponerlo en acción, a través de encuentros, seminarios, programaciones alternativas. Resulta contraproducente y, también, patético escuchar ese tópico de que hay que apostar por los jóvenes. Maldita sea, apostemos de verdad, porque nos sobra confianza en nuestras posibilidades, pero nos falta atención. Y con esto retomo lo que comentabas de Cahiers. Evidentemente, me parece perfecto si le prestan atención a las publicaciones online -que, por otro lado, pienso que hacen y, en algunos casos, me consta que es así. Pero, a título personal, no confío en la viabilidad de ese debate que propones, fundamentalmente, porque no hay predisposición para que tenga lugar. Quizá se derive de que, a pesar de todo, lo digital y las publicaciones en prensa continúan siendo esferas separadas y a duras penas comunicadas; o quizá a que ese relevo generacional no acaba de solidificar en algo concreto y, como tantas otras cosas, también somos invisibles. En cualquier caso, me preocupa más un problema paralelo: el poco o nulo esfuerzo que hacemos por buscar una forma o un canal en el que todos o, al menos, unos pocos, nos sentemos y pongamos en común nuestras preocupaciones. ¿Realmente hay tan poca voluntad de hacerlo o es que no hemos encontrado ese momento oportuno?

Encuentro muy interesantes tus propuestas, pero cada vez que las pienso caigo en la sensación de que (nos) falta algo. Sí, desde luego que es importante el cómo de la escritura, reivindicar una libertad de formas y estilos que nos pertenece, porque estamos modelándola en cada nuevo texto. Pero a tu pregunta de ¿para qué escribimos?, le añadiría otra: ¿para qué queremos constituir una nueva cinefilia, dando carta de validez a las inquietudes de una o varias generaciones? Daré una respuesta, a la espera de conocer tu opinión sobre estos temas: existe un sentimiento de orfandad, del que Internet nos ha puesto sobre la pista a medida que hemos intercambiado y transmitido cine, ideas o reflexiones. Tal vez suene exagerado decir que, a diferencia de otros momentos en la Historia, este ha supuesto una oportunidad única para darle forma, evitar que se pierda entre el marasmo de información y opiniones, dando el valor que se merece a todo ese trabajo, porque es esa la educación que tantos de nosotros ha compartido durante años. Cómo darle forma o cómo enfocar, de una manera heterogénea, esa posible pedagogía es algo en lo que conviene que intervengamos. Ahí es donde empieza todo.

Espero que puedas dar con alguna respuesta más definida que mis preocupaciones más o menos habituales. En cualquier caso, prometo abordar en el próximo mensaje algunos puntos de tu intervención que merecen más atención por mi parte.

La Cecilia - Jean Louis Comolli

· Artículo original de Aaron Rodríguez y Óscar Brox, con ilustraciones de Vanessa Agudo, en Revista de Cine Détour

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5 comentarios
  1. Sólo añadiré que en Fuerza Vital (revista de cine) llevamos desde el año 2009 reivindicando la crítica pasional, rara, fallida, personal y alineal. De hecho lo pueden seguir en: http://fuerzavital.wordpress.com reflexiones acerca de la ilegalidad en el cine, Carlos Aured, Jurassic Park, Roy Andersson, Abel Ferrara, James Benning…

    • Hola, me parece que hemos publicado algún artículo en el blog o lo hemos recomendado en Facebook, pero el hecho es que conozco Fuerza Vital. Muchísimo ánimo 🙂

      • Ah que ilusión que haya feedback! Ánimo para vosotros también que lo hacéis genial. En mi dvdteca la palabra “intermedio” se repite mucho: Monteiro, Straub-Huillet, Lisandro Alonso, Pedro Costa…

      • Hum… pues prepárate para añadir el Chris Marker que sacamos próximamente (más detalles en breve)

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