JLG/AK: retrato de diciembre, por Paula Pérez en Revista Detour (Parte III)

Cine Godard y Anna Karina

1963. Le mépris o la carta de desamor más cara de la historia

Al establecer el final de su relación en El desprecio me estoy olvidando de Natacha von Braun, de Paula Nelson, de Odile, de Veronica Dreyer, y de la más difícil de ignorar, Marianne Renoir. Sin embargo, por muy perfectas que sean cualquiera de esas películas, considero que ya no hay en ellas Jean-Luc y Anna, sino un director y su obra.

El tema de El desprecio son las personas que se miran y se juzgan, que después son miradas y juzgadas por el cine. Es también una historia fatal, un momento de dolor en el que Jean-Luc abandona a su musa y la cambia por la voluptuosidad de Brigitte Bardot, que es prácticamente una antítesis de Anna Karina. A pesar de ello, hay cierta crueldad en sustituir a tu mujer por otra mujer que la interprete. Porque es Anna la que está detrás de Camille, o quizás es Nana, la mujer que más amó Jean-Luc, con su mismo peinado y sus mismas frases. Una vez más, palabra por palabra.

Conozco algunas historias de desprecio. Hace muchos años leí en un libro una historia que no he sido capaz de olvidar. La contaba Anna Karina en primera persona, y decía que durante una crisis en su relación, localizada allá por 1963, Jean-Luc era cruel y mezquino con ella. La abandonaba constantemente, durante periodos de tiempo muy largos, sin darle explicaciones. Él se iba lejos, ella se quedaba sola. Una noche fueron a una fiesta, no recuerdo si fueron juntos o, lo que es peor, se encontraron allí. Él, como de costumbre, empezó a ignorarla y se fue con otras personas, y Anna, como buena mujer que es, se le ocurrió que podría ponerse a bailar con otro chico para así despertar los celos de su marido. Así lo hizo. Jean-Luc, al ver a Anna con otro hombre que no era él, se acercó a ella y le dio una bofetada en medio de la pista de baile. Anna, lejos de sentirse una víctima, llorar o correr, reconocía haberse sentido feliz, muy feliz porque, por primera vez en mucho tiempo, Jean-Luc parecía volver a quererla para él.

El desprecio es desgarradora, y es también la elegante manera que tiene Jean-Luc de decir adiós a esa chica que quiso dejar escapar tan fugazmente, que intentó cambiar de vestido, de peinado, de nombre, pero que acabó aburriéndole porque todas las personas son agotables y tienen un fin y un fondo. Los personajes, el cine, no lo tienen.

Jean-Luc Godard y Anna Karina pasaron 20 años sin verse y en 1987 les reunieron en un programa de televisión italiano. Él aparece fuerte y despiadado, ella parece rompible y afectada. El presentador les preguntaba que cómo era eso de pasarse el día rodando con alguien y luego volver a casa por la noche y encontrarte a la actriz en tu cama. Él responde que quería lo que todos esos directores que él admiraba tenían. De igual modo que Orson Welles tenía a Rita Hayworth, Sternberg a Marlene Dietrich, Renoir a Catherine Lesserine… Él quería un prototipo que le permitiera hacer películas. Este prototipo servía para filmar determinadas obras pero luego dificultaba volver a la vida real, por lo que no funcionó. Anna Karina rompe a llorar y se va del plató, aludiendo a que es muy emocional, o que está muy emocionada, que viene a ser lo mismo. Todos sabemos lo que acaba de pasar aquí porque ya hemos presenciado esta escena en 1965. Podemos olvidar esta cruel reinterpretación que es dolorosa porque pertenece a la vida, protegernos de esta dosis de realidad volviendo, una vez más, sobre la ficción:

JLG: ¿Por qué estás triste?
AK: Porque me hablas con palabras y yo te miro con sentimientos.
JLG: Imposible hablar contigo. No tienes ideas, solo sentimientos.
AK: En los sentimientos hay ideas.
JLG: Tratemos de hablar en serio. Dime lo que te gusta, lo que deseas, y yo haré lo mismo. Empieza.
AK: Las flores. Los animales. El azul del cielo. El ruido de la música, qué sé yo… todo… ¿y tú?
JLG: La ambición. La esperanza. El movimiento de las cosas. Los accidentes. ¿Qué más? No sé, todo…
AK: ¿Ves? Hace 5 años yo tenía razón. No nos comprendemos.

La Anna que todos conocimos y robamos para nosotros murió en 1966. Probablemente, el Jean-Luc que nos enseñó que filmar a una mujer y amar a una mujer son el mismo verbo tampoco volvió a ser nunca el mismo. Dijo que el tiempo de la acción se había terminado y que llegaba el tiempo de la reflexión.

1960s Anna Karina

· Artículo original de Paula Pérez en Revista de Cine Detour

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1 comentario
  1. dELMOULY Pierrette dijo:

    Si quieres comprender mejor lo que pudo pasar entre Ana Karina y Jean Luc Godard, te recomiendo que leas la excelente biografia de Antoine de Baecque publicada en 1910 en la editorial Grasset. Esta obra esta en francés y no sé si fue publicada en espanol. El episodio al que te refieres paso en una emision francesa de Ardisson y a éste le gusta provocar este tipo de incidente. Esta interviu no debiera haber pasado asi. Segun muchos testigos, Godard puede ser muy cruel y también muy tierno, es una personalidad compleja pero fascinante como suelen ser los grandes artistas. No me siento autorizada a juzgar ni al uno ni al otro pero los admiro a los dos, el director y la actriz.
    P; LEVET

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