La cuestión humana: algunas ideas en sus contornos, por Ricardo Adalia Martín en blog Juventud en Marcha

La Cuestión Humana en Intermedio DVD

Nuestro imaginario colectivo llamado Historia está constituido por una incalculable cantidad de imágenes en continua actualización a las que no prestamos atención. Su origen, referente, construcción, obtención y registro, o sea, la memorización del hecho real, ya fue objeto de estudio en otra época de fabricación cinematográfica. La inabarcabilidad de las imágenes memorizadas (reales o no, ya no es la cuestión) necesitó de un índice para su clasificación y un resumen para su estudio. El resultado fue una serie de imágenes prefabricadas de historia, mecanizadas por el cine, convertidas en arte, y, sobre todo, establecidas como elemento instrumentalizador de nuestra forma de hacer memoria.

La idea del Holocausto como imagen prefabricada es el punto de partida de La cuestión humana para poner en forma las relaciones y las tensiones existentes entre su propia existencia histórica, su memorización mecánicamente fabricada y la colonización de la memoria por ese constructo genérico en forma de síntesis devuelto por la formas artísticas en su afán fabricador de narración de la tragedia.

Para desarrollar estas ideas nos situaremos en el travelling inaugural de La cuestión humana. Dicho travelling nos dibuja el recorrido de Simon sobre los números de un parking, a modo de introducción a su narración memorística de un suceso que le ha conducido a encontrar un sentido en el suicidio.

Para entender ese travelling y lo que está pasando sobre él, tendremos que dar la vuelta al aforismo Godariano y empezar a pensar que la moral es ya una cuestión de travellings, ya que no estamos tratando de tomar una posición con la que filmar la memoria, puesto que la memoria está más que registrada. En la actualidad, la cuestión está en pensar la cantidad de memoria que tenemos registrada y resumida, habiendo desplazado el problema de las tragedias al campo de la representación de las mismas. A base de tomar posiciones con las que narrar y filmar tragedias, hemos llegado a unificarlas en una única posición, que corresponde con la posición del punto de vista de las victimas. La asunción de esa posición como única ha conllevado la construcción de una moral (a base de travellings) acomodaticia desde la que mirar al horror (real), y que ha acabado transcendiendo y convirtiéndose también en única sobre la que pensar la historia (representada).

La homogenización de la posición ha creado una nueva figura de victima (en nosotros), que es la que representa Simón desplazándose sobre ese travelling, con la mirada hacia suelo, convertido en victima del victimismo que encierra la moral con la que miramos todos hacia las imágenes prefabricadas de una historia (como desvelará la escena final), que es la historia de las imágenes. Quizá sea esa conjunción de mirar hacia lo que ya no es mas que su representación, desde una posición que no es la nuestra, lo que haga pesar un pasado que nos gustaría que no existiera.

Tras el travelling, una imagen fija de una fábrica humeante nos remite a algo en lo que pensar. Nuestra memoria nos remite al Holocausto, aunque no lo creamos creer. Tendremos que esperar a la mitad del metraje para corroborar nuestras sospechas. Es en el momento donde aparece la carta técnica nazi donde se desvela el sentido de la memoria de Simon y en consecuencia de nuestra memoria. Todas las imágenes que han ido apareciendo, cargadas de nostalgia (el peso del propio fotograma, azul y frio) nos revelan nuestra condición de victimas ante las imágenes. No hemos vivido el Holocausto, pero estamos viviendo su puesta en escena. Y encima nos gusta.

Una vez desvelado el sentido de las imágenes de su/nuestra memoria, la película comenzará a construir la tesis de la problemática de lo prefabricado. Simon comienza a investigar más profundamente en la vida de directivo Just. Just le ofrecerá una narración (histórica) de su vida, que colonizará su memoria de manera que las imágenes de su vida personal y laboral aparecerán como una repetición de las ofrecidas por la narración de Just. Las imágenes de su novia y de la mujer de Just, las posiciones de los ejecutivos en los espacios de la empresa, el movimiento de los cuerpos de los ejecutivos en las raves, todas se repiten, y en su repetición, además, todas esas imágenes nos conducen a pensar a imágenes del Holocausto narradas por Just. La memoria está atrapada por la historia, por las imágenes de historia. Hasta tal punto que Simon, y en consecuencia nosotros, creemos que la historia se repite, cuando lo que se repite son sus imágenes. Incluyendo las que no vemos, como la imagen final de la película, que será una imagen en negro donde Simon recitará unas palabras en el momento de su muerte, asfixiado por los gases de un coche en un parking, tratando de emular la imagen del intento de suicidio de Just, y que a modo de coda, viene a completar la repetición de imágenes de historia, y que construiremos en nuestra memoria a pesar de haber sido advertidos por la película del peligro de la colonización de esas imágenes de la película, que sobre esa pantalla en negro ya son historia.

Pero, ¿cómo hemos llegado a esto? Quizás por olvidar la diferencia que existe entre hacer memoria y hacer historia. Lo que separa a ambas es una cuestión humana verdadera. Y es aquí donde aparece el arte, como simulación de esa cuestión humana, articulando el discurso que simula e instrumentaliza nuestros sentimientos. En la película esto se nos dibuja muy bien a través de la banda sonora. Aparecen muchos géneros, corrientes y edades musicales, pero todas tienen el punto en común de la nostalgia. Esa nostalgia hacia no se sabe muy bien qué, inyecta el victimismo en quien escucha de la misma manera que un travelling en el cine (que es arte también, pero que aquí diferenciaremos) al que mira. Esa nostalgia es la forma de colonización de la historia. Nos trae un pasado al presente haciéndonos participes de él. Es un pasado simulado, que no nos pertenece por estar representado, pero que nos duele por ser narrando en el presente. Siendo además un pasado del que no podemos librarnos, por la necesidad que tenemos de Arte.

Arte, o lo que hemos convertido en arte, que ha conseguido hacernos victimas de sus productos, de la misma forma que lo son los ejecutivos de la fábrica para la que trabajan. Necesitan de ella para vivir, pero son estudiados y manipulados para que trabajen de la manera necesaria para que todo funcione dentro de los límites que marca, resume y actualiza la propia empresa.

¿Qué manera tenemos de liberarnos? ¿Cerrando lo ojos y tapándonos los oidos? Puede que sí, pero desde luego que si lo hacemos, no debemos hacerlo recitando palabras de otro(s).

La Cuestión Humana en Intermedio DVD

· Artículo original de Ricardo Adalia Martín en el blog “Juventud en Marcha”, publicado el 5 de Febrero de 2009

· La Cuestión Humana en Intermedio DVD. Gastos de envío por mensajería a península gratis en pedidos desde 1 €. Islas e Internacional precios reducidos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: