Grecia a través del cine de Angelopoulos, por Pere Alberó, en cofre Theo Angelopoulos 1980-1986

Alejandro el Grande, de Theo Angelopoulos en Intermedio DVD

Grecia, en su historia; sus mitos; su geografía; su diáspora; la tragedia y la épica; la música y la danza; la tradición oral y popular, han fertilizado el cine de Angelopoulos con la fuerza de los que fueron dejando su rastro vivo a través de las generaciones; y al mismo tiempo –continuando esa cadena- su cine proyecta hacia el futuro una nueva experiencia de Grecia, en ese viaje hacía la isla a dónde conducen todos los viajes.

Yorgos Seferis, el poeta nacido en Esmirna, cuya voz acompaña el cine de Angelopoulos, retomando las palabras de otro poeta: T. S. Eliot, del que se escuchan los ecos de sus cuartetos en La mirada de Ulises, escribía: “El poeta debe tener y desarrollar continuamente la conciencia del pasado como presente (…) Eso obliga al hombre a escribir no sólo con su propia generación en los huesos, sino con la sensación de que toda la literatura, comenzando por Homero conforma un orden simultáneo”.

Ese orden simultáneo caracterizará el cine de Angelopoulos aunque, probablemente, en ninguna película alcance las cotas y la dimensión de Alejandro el grande. Situada en el inicio del siglo XX, en ella convive el tiempo del mito, donde la figura histórica de Alejandro de Macedonia ha sido pasada por la tradición oral, fijada y ampliada en el poema épico Fillada tou Megalexandros, retomado como personaje en el teatro de sombras Karaguiozis y encarnado en los bandoleros que en el imaginario griego tuvieron en vilo a los turcos durante los siglos de su dominio. Todas esas capas están presentes en el protagonista de la película que toma el aspecto de los kleftes (bandidos) de las montañas del siglo XIX, con claras referencias en su vestuario a los héroes de la Independencia de 1821, a diferencia del vestuario de sus hombres que pierden esa dimensión mítica para convertirse, simplemente, en hombres de la montaña con referencias que alcanzan hasta los partisanos de la Guerra Civil de la década de 1940.

Todo este substrato mítico se insiere en un tiempo histórico datado, con exactitud, en el primer día del año 1900 pero donde vendrán a convivir acontecimientos que ocurrieron en otro tiempo: El secuestro de un grupo de extranjeros en Maratón el año 1870; El bloqueo del puerto de Fáliro por la armada británica en 1850; o el motín campesino en Kipseli en 1910.

Pero además del trenzado de estos acontecimientos de la historia de Grecia, Alejandro el grande, desarrolla un tiempo más abstracto de reflexión sobre la Historia y los movimientos sociales que, si bien surgieron en el siglo XIX, sólo podrán valorarse por su desarrollo a través del siglo XX. Así, el pequeño pueblo de montaña donde se sitúa la acción, se convierte en un microcosmos europeo donde se representa un conflicto ideológico: la experiencia de la comuna; el anarquismo; el comunismo; el líder redentor y populista; el estado burgués con sus mecanismos de control; las potencias coloniales extranjeras son los elementos con los que Angelopoulos realiza una concisa radiografía sobre el desmoronamiento de las ideologías liberadoras que generaron la ilusión de crear un mundo nuevo.

Además, Alejandro el grande incorpora una compleja batería de recursos formales para definir a cada uno de los grupos y matizar cada situación. Así conviven los cantos anarquistas con los valses burgueses; las danzas guerreras de los hombres de Alejandro con las danzas populares de las montañas griegas; su música polifónica con los aires zíngaros de los Balcanes; o la música de la liturgia ortodoxa con la británica; y en la integración de todos estos elementos, la conciencia que se desarrolla en los relatos de Angelopoulos de que todas las generaciones, hasta Homero, son sus contemporáneos.

En este encadenado de las generaciones, el cine de Angelopoulos se aparta de la principal tradición narrativa cinematográfica: la novelística burguesa, para remontarse a través de la tradición popular escrita y oral a la figura central de las culturas pre-literarias: el aedo. Estos personajes heredaban y transmitían los mitos de la cultura a la que pertenecían, dándole su particular forma interpretativa. Angelopoulos, al igual que esos cantores, da forma a sus relatos a partir de un material común, muy poco es inventado, todo estaba allí y el poeta, tomando esos materiales, establece una nueva perspectiva de lectura.

Como la épica homérica, el cine de Angelopoulos es, en gran medida, una narración formular donde se repiten lugares: calles, cafés, mercados; se repiten paisajes con idénticos colores, con la misma climatología invernal; se repiten acontecimientos históricos; tipologías de personajes que una vez definidos por un vestido, lo mantendrán a lo largo de toda la película, para reaparecer en películas posteriores, igual que sus nombres que nunca cambiaran; se repiten bodas y fiestas de año nuevo que como un tema con variaciones se desplegará por todas sus películas; las escenas se retoman y algunas escritas para una película acabarán apareciendo en otra.

Con este texto quisiera hacer un repaso de todos aquellos referentes históricos y culturales relacionados con el mundo griego que Angelopoulos ha ido integrando a lo largo de su filmografía.

Alejandro el Grande, de Theo Angelopoulos en Intermedio DVD

( Continua en el libro que acompaña el cofre Theo Angelopoulos 19801986. Mañana publicaremos una extensa cronología también incluida en el libreto de este mismo cofre. )

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: