Entrevista a Nicolas Klotz y Elisabeth Perceval, por Mariano Blejman en Página/12

El cine de ficción siempre ha sido un cine documental. Eso escriben los realizadores Nicolás Klotz y Elisabeth Perceval en el texto que presenta la trilogía sobre los magníficos films Paria, La blessure y La question humaine (que se dan en un foco del décimo Bafici, junto a sus dos cortos y un documental sobre ellos que dirigió su hija). Los tres films hablan de las migraciones entre fronteras, de la reducción de personas a meros números que proponen un filtro cuasi genético entre países, pueblos, colores de piel o dentro de una misma sociedad.

Mientras que La question humaine –que todavía está en los cines en Francia y ya suma 160.000 espectadores– habla de la relación de las técnicas de selección de personal con los métodos del nazismo para instaurar un nuevo orden, La blessure se mete con la inmigración de Africa hacia Europa, y la prepotencia del sistema francés para deshacerse (al menos en apariencia) de todo aquello que le “sobra”. Por otro lado, Paria retrata la vida de aquellos olvidados del Primer Mundo, que deambulan por las calles de París en busca del tiempo escondido. “El sistema capitalista no es contradictorio”, dicen el director Nicolás Klotz y su compañera y eterna guionista e investigadora Elisabeth Perceval a Página/12.

Nicolas Klotz y Elisabeth Perceval

– Sus películas, ¿son una manera diferente de contar la misma historia, la historia de la “selección”?

Elizabeth Perceval: – Está en la imaginación y en la mirada del espectador, en lo que le dice del mundo decidir de qué hablamos. No es un film el que debe aportar una historia y punto: nuestro cine trata de que cada espectador construya el film.

– ¿Este tema es para ustedes un aspecto de la vida cotidiana o se acercan de manera antropológica?

Nicolás Klotz: – La realidad, cómo decirlo… La televisión es incapaz de hablar de lo que pasa en La blessure. Hemos pasado mucho tiempo haciendo ese film. Hemos compartido la vida de estas personas, que viven en París. Hemos pasado mucho tiempo en los squats, la televisión no cuenta nada de eso. Todo lo que vemos en el film, las historias de los sin-papeles en Francia, es la historia de gente a quien se le niega el derecho de estar ahí. Pasamos mucho tiempo con ellos y en París nadie los ve.

E. P.: – El flujo migratorio sucede en todos los países, y en Francia, que en estos momentos tiene un gobierno duro, hay gente que se tira al Sena cuando tiene que pasar el control a la salida del Metro, o se tira por la ventana cuando viene la policía a pedir tickets en el tren. Los niños también confrontan con eso. En La blessure nos interesa mostrar qué hace el sistema con eso. No quiénes son los buenos o los malos: lo interesante es mostrar por qué el sistema que aplica directivas en ese aspecto no es inocente. Es el sistema capitalista, un sistema donde tiene que haber una cantidad de personas en una situación de dominación para poder explotarlos.

– O sea que no es una contradicción…

E. P.: – Por supuesto que no. El “tirarlos” es parte del espectáculo, porque no se los tira para nada. Es una máscara para rasurar el electorado, pero eso no tiene ninguna realidad. Los jóvenes continúan llegando a través de los barcos, porque ellos no tienen nada que perder. Es esta vieja democracia que piensa que el mundo es todavía así, está separado en países. Eso se terminó. La inmigración es más fuerte que eso. Sarkozy es un payaso. La inmigración es más fuerte.

– ¿Cómo trabaja durante los rodajes?

N. K.: – Hemos rodado, en 34 días cada una, La blessure y La question humaine, con el mismo tipo de financiamiento. Elisabeth escribió La blessure de una forma particular. Los jóvenes que aparecen en el film no son los que tuvieron que atravesar estas situaciones, pero son personas que han vivido las mismas cosas y que trabajamos para que dijeran sus monólogos.

– Parece un recurso similar al proceso de un documental…

N. K.: – No, porque está muy trabajado. En la primera fase sí, pero pensamos en un film de ficción. Hay una parte en un estudio, y hay otra que es el verdadero squat, reconstruimos el lugar tal como es. Porque en París han destruido los squats para hacer otros inmuebles. Ellos hicieron dibujos sobre las situaciones que vivieron y que nosotros no podemos ver. Nuestra intención era penetrar un territorio inaccesible, mientras que La question humaine sucede en el mundo rico,

– ¿La question humaine trabaja sobre del sistema de selección de personal?

N. K: – El mundo hoy está todo comunicado. Pero las épocas también están comunicadas. La cultura humana trabaja con eso: una época de hoy, que continúa después de otra época y son los fantasmas que reaparecen. Hay una resonancia, La blessure habla de la colonización que es una manera precaria de posesión del otro.

E. P.: – La selección de personal no es interesante en sí. Sino que sirve para ver cómo al interior del sistema capitalista se reproduce la historia industrial. La civilización industrial se basa en un modo de hacer. Considerar al hombre rentable es un proceso de historia industrial, el nazismo fue generado por el mundo industrial.

– ¿El nazismo es el “verdadero” estado capitalista?

N. K.: – Lo que pasa es que hay una cosa violenta, que genera ondas de maldiciones entre generaciones futuras. Y el capitalismo está todavía empañado de esta maldición. Yo hago films de vampiros, de horror, de fantasmas, de lo fantástico. Lo primero que se ve en el film es una máscara africana: la magia negra, la maldición, al mismo tiempo la colonización y los esclavos.

– Podría interpretarse que la historia de Francia es como un boomerang: todo aquello que se sembró durante siglos vuelve a casa.

E. P.: – La empresa genera muerte. La empresa se vuelve el modelo de funcionamiento de la ciudad. No importa en qué lugar de la sociedad sucede este funcionamiento. Es extremadamente eficaz. El hombre va a producir una sociedad capitalista. A partir de un momento, la máquina funciona porque da beneficios: así el mecanismo se vuelve mundial.

– La reducción de personal en Europa habla de lo que los franceses llaman delocalización.

E. P.: – No es sólo en Francia, ustedes han tenido también la misma cosa: el neoliberalismo. Todos estos soldados que se ven en La question humaine hablan de que ésta es una guerra económica: la guerra de religión o de territorio se antecede a la esperanza de encontrar un espíritu de una paz, de una reconstrucción. Pero en la guerra económica no hay paz: las muertes son provocadas por soldados, que ven que los enemigos son los que no producen, son los que sobran. Es ese mecanismo que tiene algo de fascista.

– ¿Y por qué deciden adoptar la ficción como estética para contar esto?

N. K.: – Para llegar a filmar lo contemporáneo me interesa la superposición del documental y lo fantástico, como hacía Fritz Lang. En Paria, La blessure y La question humaine se pretende superponer estas cosas de las épocas. Para poder entrar en la época que se trabaja es necesario el cine fantástico, y su aspecto irracional. Para poder meterse en los espacios es necesaria la ficción.

E. P.: – La empresa de La question humaine no existe. Es absolutamente ficticia. Lo que interesa es ver el funcionamiento. Tuve varias conversaciones con los jóvenes que quieren ser candidatos a este mundo, a dominar el liberalismo, que salen de las escuelas y se sienten los más poderosos y los más lindos.

– ¿La armada capitalista?

E. P.: – Voilà. La armada cósmica y cosmética: son muy cool, son simpáticos, son hombres de negocios muy lindos. Les gusta mucho la droga, muy regularmente hacen sus paradas y con un poco de coca siguen en combate. Son muy competitivos, se creen los mejores, los más fuertes. Son muy inteligentes pero son amnésicos: no tienen historia, no la conocen en absoluto.

N. K.: – La porosidad entre las épocas es una cosa real. Para documentarla hay que pasar por la ficción porque los espacios, por ejemplo, las oficinas, hemos decidido remodelarlas con muebles de los años ’30 o de los años ’70. Hay una superposición de épocas, que funciona así. Me gustan las historias de fantasmas, de vampiros, porque el cine trabaja así. Hay que desembarazar a los fascistas, Pasolini pone esta cuestión. Eso se transmite de generación en generación. La question humaine ha provocado un debate interesante: hay que encontrar una palabra nueva para hablar del “liberalismo”, que es un sistema totalitario. Hay gente que vio la película dos o tres veces, y muchos jóvenes están discutiendo el tema. Es extraño, pero para mí es una película de fantasmas.

E. P.: – Ya se decía en la Escuela de Frankfurt en los años ’40: el que no habla del capitalismo, no tiene el derecho de hablar del fascismo.

Nicolas Klotz en el Festival de Gijón 2011

· La entrevista en el diario de Buenos Aires Página/12

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