Los exilios de Chantal Akerman, por Carlos Reviriego en “El cultural”

Diarios filmados, correspondencias, cuadernos de viaje… la obra de Chantal Akerman, una de las cineastas en activo más valiosas de la modernidad europea (junto a coetáneas como Agnés Varda), pertenece a la estirpe de los autores que vuelcan intimidad y rigor cinematográfico en su filmografía -debutó en 1968 con Saute ma ville y ha realizado 45 películas-, con una voluntad creativa que se mueve indistintamente en los territorios de la ficción y el documental, fundiendo ambos registros con asombrosa naturalidad. En su largometraje más (re)conocido, Jeanne Dielman, 23 Quai du Comerse, 1080 Bruxelles (1975), su poética interesada en el estatismo de la cámara y el minimalismo narrativo alcanza su máxima expresión. A lo largo de 200 minutos, la cámara de Akerman escrutina durante tres jornadas el quehacer diario de una ama de casa, interpretada por la musa del cine francés Delphine Seyrig. Seguiría después desarrollando su discurso doméstico, a la vez que inevitablemente político, en obras como Je tu il elle (1976) y Les rendez-vouys d’Anna (1978), si bien aparte de la dedicación al cine íntimo, la actividad de la cineasta belga la convierte en una directora versátil y compleja. A lo largo de los años, su filmografía recorre tanto obras con vocación experimental, como filmes de orientación comercial (Tout une nuit, 1982; Romance en Nueva York, 1996; La Captive, 2000), cortometrajes, documentales y hasta tv-movies.

El cofre Exilios, como si fuera un cuaderno de bitácora, permite seguir la evolución del cine de Akerman a través de los viajes que ha realizado en los continentes europeo y americano de 1992 a 2006, “desplegando los temas del exilio, del racismo, y abriendo su cine a las experimentaciones, por entonces, nuevas, de la videoinstalación”, según explica el crítico Cyril Béghin en el libreto que acompaña la edición de las películas. En Del Este, filmada en 16mm, Akerman emprende una travesía por Europa, de Berlín a Moscú, para registrar en diversos planos fijos el nuevo paisaje y el imaginario descompuesto de los países del Este tras la caída del comunismo. El origen judío de Akerman también es un tema perpetuo en sus intereses creativos, que queda reflejado en Allá, donde la cineasta se encierra en un piso en Tel Aviv, y mientras filma su entorno más próximo elabora reflexiones en torno a su identidad, el acto creativo, recuerdos de infancia y la memoria de la exterminación y del exilio. Este filme mantiene ciertas correspondencias con los Diarios (1973-1983) de David Perlov (Re-voir, Francia), otra figura destacada del cine en primera persona.

Chantal Akerman

El artículo completo en “El Cultural”.

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