El desafío del compromiso espectatorial. Acerca de La ciénaga, Sólo por hoy y La libertad, por Adrián Veaute

Hoy extractamos un artículo de Adrián Veaute para la desaparecida revista otrocampo.com en que repasa tres obras principales del cine argentino de 2001, entre ellas “La Libertad” publicada por Intermedio DVD. La forma de componer el texto, dando por sobreentendido que el lector conoce al menos la existencia de las tres películas, el lenguaje utilizado, fruto no de las divagaciones de otros críticos, sino de la lectura y el análisis, extraño por otra parte en estos lares donde la crítica se ha convertido en un subgénero divulgativo,  no en el campo de traslación de la escritura fílmica a su correlato teórico, y el imbricado constante de las proposiciones del film en la sociedad y en la ideología, hacen de esta pieza un interesante ejemplo de cómo recuperar el espacio de la crítica cinematográfica como discurso y abandonar el estatus actual de propaganda, publicidad anecdótica o información más o menos literaria, en el peor sentido. Sin más preámbulos os dejamos con el texto.

La Libertad de Lisandro Alonso en Intermedio DVD

Tres son las obras fílmicas que relucen con más brillo en el fangal cinematográfico del 2001. Si hablamos sólo de éstas no es porque sean representativas del cine argentino contemporáneo en cuanto a asistencia de público. Todo lo contrario. Evidentemente, la reciente nominación de El hijo de la novia, de Juan José Campanella, al Oscar como mejor película extranjera, más la satisfactoria respuesta del público local (al margen del fuerte aparato publicitario) hacen que este film sea la excepción a la regla en el cine nacional. Sin embargo, haremos foco en otras propuestas altamente significativas.

La ciénaga, La libertad y Sólo por hoy son películas que fueron y siguen siendo invitadas a festivales internacionales y, además, obtuvieron diferentes premios y distinciones de la crítica especializada y del público durante el año pasado y en lo que va de éste, en muchos casos antes de estrenarse en nuestras salas. Si nuestra mirada crítica se centra en estos films, aún haciendo caso omiso de los demás, se debe a que desde diferentes puntos de vista y construcciones narrativas proponen un discurso agudo sobre el conjunto de la sociedad contemporánea, que desequilibra y produce un corrimiento del lugar tradicionalmente pasivo del espectador para incitarlo, a la vez, a una mirada reflexiva.

Dichas películas establecen una particular relación con el espectador puesto que, mediante un cuidadoso trabajo de la puesta en escena, del montaje y con historias que no pretenden quedarse en mera anécdota, aspiran a provocar una conciencia crítica sobre la “realidad” que, salvando las distancias, no se observa en el cine nacional desde los combativos años ’70, cuando una marcada visión político-partidista era más urgente para los fines inmediatos que en nuestros actuales tiempos globalizados.

La ciénaga es la metáfora perfecta de la decadencia simbólica y material de una familia burguesa de provincias de fines del siglo XX. La película se centra en las relaciones interpersonales que mantienen los integrantes de una familia numerosa basada en el parentesco de dos primas con sus respectivos núcleos familiares, uno en la ciudad y otro en el campo. La ciénaga, ese terreno pantanoso, ese suelo movedizo que no permite que nada haga pie sobre él, está literal y metafóricamente presente en el film. Por un lado, “La Ciénaga” como nombre de un pueblo imaginario signado por la humedad, las lluvias repentinas y el vapor permanente está anunciada en forma constante y explícita desde diferentes propuestas discursivas: un cartel que designa geográficamente el lugar, una vaca empantanada, etc. Por otro, la película misma es una ciénaga que metaforiza desde la construcción simbólica de su relato un mundo en decadencia cimentado sobre un terreno blando, enlodado que no soporta más sus estructuras.

Las mínimas acciones de los personajes no tienen ningún objetivo concreto, ya que se basan en una constante lucha contra el estancamiento. Cada una de éstas está empantanada y dominada por el agobio que genera la humedad y el calor durante el verano en el norte de nuestro país. Con el uso frecuente de cámara en mano, lo que ayuda a la configuración de este mundo encerrado y agobiante, el film construye su relato a partir de ideas sueltas y no de una sólida historia dramáticamente progresiva con resolución de conflicto. Así se observa el encadenamiento de escenas que son débiles, pero necesarias, en las que los tiempos muertos parecen transmitir al público lo asfixiante y pegajoso de ese ambiente climático y social sofocantes.

Construida a través de una sólida alegoría, La ciénaga presenta una suma de interrogantes al espectador, sobre todo mediante la vacilación y ambigüedad de los personajes, ante los cuales el film no ofrece respuesta alguna, induciendo así en aquél una distancia plenamente reflexiva. El perfecto equilibrio conseguido por la directora entre lo formal y el tratamiento temático hace de este film una obra que utiliza ciertos recursos, como el contraste entre la cámara movediza y las acciones muertas de los personajes, o la construcción siempre interrumpida del relato, para dejar en claro a partir de la mostración crítica de una familia en plena decadencia económica, social y moral el sentido ideológico que sustenta el film, sin ser redundante y sin hostigar la paciencia del espectador.

Sólo por hoy, el tercer largometraje producido por la Universidad del Cine, esboza un moderno tipo de familia que rompe con el ideal clásico burgués de tiempos pasados. A diferencia de La ciénaga, que mira el mundo adulto de una familia desde la óptica joven de su directora, este film construye una mirada fragmentada del mundo de los jóvenes actuales desde la visión igualmente joven de su realizador. De esta forma nos habla de los jóvenes y el lugar que ocupan en nuestra escindida sociedad post-industrial. Al mostrar sus sueños, amores, ilusiones y frustraciones el film actúa como doble filo, puesto que corta con su discurso crítico, tanto desde el tema que aborda como desde la producción formal del relato.

Sólo por hoy es la suma total de las miradas parciales y fragmentadas de cinco personajes acerca del mundo. Éstos son presentados mediante sus propios nombres, que recortan y singularizan sus visiones. Su relato se estructura sobre la base de acciones inmediatas, concretas y mínimas que sirven como golpe de efecto de algunas escenas pensadas estructuralmente desde el gag o sketch. Por esto se torna más arbitrario el enlazado narrativo entre los diferentes fragmentos fílmicos, a diferencia de la escritura clásica basada en la causalidad de lo narrado. Aquí se propone una visión joven de mundo a partir de retazos que una vez hilvanados dejan ver la costura de su construcción. Pero es el espectador, en definitiva, el que determina los posibles destinos de cada uno de los personajes, puesto que la obra no hace más que desbordar su propio relato para integrar a aquél de manera responsable.

La idea de fragmentación y descomposición está presente en el reflejo de la crisis de la familia tradicional y, a la vez, la reconstrucción más actual de un modelo familiar hecho a fuerza de circunstancias, coyunturas y voluntades personales. Al tiempo que comparten sueños y fracasos, estos jóvenes comparten, además, el espacio físico de la casa en la que viven. Cada uno de ellos carga con dignidad la soledad que sufren como sujetos individuales, y luchan por encontrar en el trabajo diario alguna verdad oculta del mundo, que les permita seguir soñando, ya que no están dispuestos a renunciar a esto.

La libertad sorprende por diferentes motivos, uno de ellos es que puede leerse como un documental ficcional o su reverso, una ficción documentada. La ambigüedad en la constitución de su género hace que esta película llame la atención del espectador habituado al documental clásico construido sobre la estructura “entrevistador-entrevistado”. La configuración de su relato es circular y, conjuntamente, delinea una forma iterativa. Es circular porque el film comienza y termina de noche, mostrándonos en forma sucinta un día en la vida de Misael, un hachero de la provincia de La Pampa. Pero, al mismo tiempo, es un relato frecuentativo que muestra una sola vez las rutinarias acciones que se supone el personaje ejecuta de igual forma todos los días. Muchas de éstas, como cocinar su comida, cortar y limpiar árboles, producen un alto grado de fascinación por la habilidad que el personaje exhibe en cada una de ellas.

Estas acciones, que en otro tipo de relato serían tiempos muertos, es decir, dispensables narrativamente, se tornan dramáticas por la relación activa que mantiene el sujeto con su entorno. Lo cotidiano en la vida del personaje se vuelve fascinante y mágico por la destreza que documenta la imagen. La libertad habla de la difícil relación entre la soledad y la libertad en el hombre. El personaje expresa su libertad a cada momento, en cada uno de sus actos. Pero, igualmente, es un hombre extremadamente solo que tiene pocos y esporádicos contactos con otros. En suma, él es su única familia.

El director respeta en muchas de las escenas la continuidad del tiempo real de acciones que embelesan, por algún motivo, la mirada atenta del espectador. Por momentos, el film tiene un trabajo estético pensado a partir de la composición del plano y uso plástico de la iluminación. Esto se observa, por ejemplo, en el trabajo sobre la profundidad de la noche, que se construye sobre las luces contrapuestas de los relámpagos y el fuego. La libertad es, sin duda, un film argentino diferente que pone al espectador en una situación de voyeurismo activo ante la realidad del mundo, ya que lo deja preso de la incertidumbre y las interrogaciones que en el relato quedan flotando.

Mediante las películas arriba presentadas podemos presumir un esbozo de configuración de un nuevo tipo de espectador en el cine nacional que recupera al de los modelos contra-hegemónicos europeos de los años ’60, cuando a partir de la noción obra abierta el espectador se volvía una pieza decisiva a la hora de proponer desde su visión una lectura con legitimidad propia.

Esta suerte de responsabilidad espectatorial parece tener una nueva posibilidad en nuestra cinematografía actual porque a diferencia de lo que en los estudios narratológicos se denomina focalización espectatorial del relato, que es la asunción obligada por parte del espectador de un saber superior al de cualquiera de los personajes del film, el compromiso espectatorial que provocan los films mencionados tiende a incluir al espectador de otra manera en la obra, no ya desde lo narrativo, sino desde el sentido a construir.

Aquella metodología narrativa venía bien al típico procedimiento hitchcockiano mediante el cual se configuraba el famoso suspense, se amarraba al espectador a los manipuladores deseos del director y se lo convertía en una simple marioneta. En cambio, nosotros apelamos a la recepción artística desde otro punto de vista. Este es el de una situación reflexiva que excede el hecho cinematográfico mismo, ya que el juego de interrogantes e incertidumbres que motivan una presencia activa del espectador respecto de los films continúa aun terminada la proyección de éstos.

Pero a no confundir. No es que durante todo este tiempo no se tuvo en cuenta al espectador, sino que éste era utilizado como un sujeto pasivo que sólo unía su mirada al recorrido propuesto de antemano por la película. El quiebre espectatorial que proponen estas películas recientes genera el traspaso de una cierta responsabilidad de la pantalla al público, exigiéndole un mayor compromiso con la obra.

Con el recorrido propuesto sobre estas tres películas queríamos dejar constancia de lo más relevante del cine nacional durante el transcurso de 2001 y en qué medida intentan trazar nuevos rumbos en una industria sin grandes innovaciones. Estas obras son relevantes de alguna manera porque, siendo óperas primas, no caen en el estereotipo de aquellos directores que aspiran al éxito económico y comercial con su primer largometraje. Son films que escapan a las normas establecidas del lenguaje fílmico. Esto se logra con un abordaje formal responsable y acorde a aquellas ideas que se transmiten. Son sólo miradas de jóvenes que reflejan en sus films las imágenes de una sociedad cada vez más distante y escindida. El hombre solo, la fragmentación social y la decadencia moral y espiritual del mundo actual son los tópicos que proyectan estos jóvenes realizadores desde la pantalla.

Lamentablemente, estas películas no tuvieron el respaldo que necesitaban del público local. Sin embargo, creemos en estos directores y en lo que hacen, porque crearon obras que, sin ser magistrales y perfectas, marcan para el futuro un rumbo esperanzador en la cinematografía nacional. Con una visión crítica de la realidad renuevan la capacidad analítica del espectador y nos exigen la asunción de responsabilidad social. Descentrar nuestra ubicuidad pasiva como público es, en definitiva, el desafío que estos films nos proponen.

Adrián Veaute

La Libertad de Lisandro Alonso en Intermedio DVDLa Libertad de Lisandro Alonso en Intermedio DVD

Cofre Lisandro Alonso en Tienda Intermedio DVD

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