La Cuestión Humana, por Francisco Algarín Navarro

La revista de internet Kane3 publicó este artículo de Francisco Algarín Navarro coincidiendo con el estreno de “La cuestión humana” de Nicolás Klotz, primera incursión de )Intermedio( en el mundo de la distribución. La tesis que Algarín Navarro extrae de libro y película es una tentación a reflexionar profundamente: la lengua neutra es una lengua corrupta. Los que trabajamos con la palabra lo sabemos, la generación de discursos neutros da pié a muchos malentendidos de los que en último término nos sentimos responsables, como si preveyéramos que el lenguaje se va a convertir en algo opuesto a la verdad una vez que el lector imagine lo que unas discretas palabras le inducen a creer sin que haya nada real tras ellas.

Para el autor, y este es uno de esos artículos donde el crítico se imbrica perfectamente en el pensamiento de un film, esa lengua es la lengua de la muerte. La lengua también de la transacción comercial entre pares desiguales, donde uno habla y no dice nada para que el otro crea todo lo que no ha sido dicho. Sin más preámbulos os dejamos con este excelente artículo que rescatamos de una revista de la que no sabemos su historia.

La Cuestión Humana de Nicolas Klotz en Intermedio DVD

Fui durante siete años empleado de una multinacional a la que me referiré con el nombre de SC Farb. Esa empresa de origen alemán tenía una importante filial en una ciudad minera del nordeste de Francia. Allí trabajaba yo como psicólogo en el departamento llamado de recursos humanos“. Así comienza La cuestión humana de François Emmanuel (libro) y la de Klotz (película). Su mujer, Élisabeth Perceval, no cambia ni una palabra. La verdad está en el texto.

Multiplicación de los tonos de la voz de Simon: presentación precavida de las fisuras de la lengua, lectura epistolar compungida, presencia cambiante. Cualidad del relato oral, hendidura tardía. El tiempo avanza como los latidos de un corazón fatigado, el de Just, con sus pausas, sus huecos, sus derivas. Sístole y diástole en el camino hacia el horror en una espiral. Adición de estados, en una amalgama de sueño, letargo, pesadilla, cansancio. La divina comedia en un viaje nocturno en barca (ceguera de Caronte), en el paso de los violines a los perros, en la confusión de Louisa por Isabelle, en la chimenea por la noche rodeada de círculos azules, en la tonadilla del interior de un peluche en la cuna de un niño muerto hace años.

La música, una droga inyectada a los cuerpos para liberarlos, para limpiar sus conciencias, para integrarlos, para salvarse en lo sublime (placer y terror). Una proyección física multiforme, relación íntima y mortal hasta la que nunca habíamos llegado. Instrumento de adocenamiento en su sistematización jerárquica. Schubert solo para las clases altas, Les Chicros (en la rave) y New Order para la plantilla, como recomienda Paolini preservando su esfera. Una música que se escucha de pie y en movimiento. Frente a ella, como una ofrenda exótica de lenguas, el flamenco (Poveda) y el fado, espectáculo para los puestos intermedios ante el cual se permanece sentado.

Frente a la horizontalidad de La blessure (2004), relación vertical, la del acercamiento capitalismo – nazismo a través del historia de la empresa (productora del gas de las cámaras) y del lenguaje común. Une forme qui pense. Una película de cuerpos en pie, cuya altura delimita el margen superior de la caja-encuadre: cortinas, trazos de la pared, puertas, cristales, chimeneas. A mayor nivel de conciencia, mayor agonía, hasta que el cuerpo se dobla sobre sí mismo por el peso insoportable de la revelación de la verdad, el formar parte de (un silencio involuntariamente cómplice), con Simon desnudo, al borde de la cama, llorando. Eso, nos habla también de una genealogía: los hijos del nazismo son ahora los padres del capitalismo.

Recorrer hacia atrás los pasos de un camino que empieza en la Shoah. Tantas cosas que ya no serán posibles: la necesidad de salir del sistema, la imposibilidad de abrazar a alguien sin recordar el aplastamiento de los cuerpos en pedazos, la desconfianza en una lengua “muerta, neutra, técnica” que Simon ha venido empleando durante siete años en su trabajo. Solo Claude Lanzmann hizo leer estos mismos manuales, pero en sus tesis, Klotz, a través de Adorno, nos dice lo que nunca se ha dicho: la neutralidad de la lengua es la ceguera que esconde los signos no ya solo limitados, sino también corruptos, que vienen directamente de la muerte. Inversión del poder de la palabra. Hay que hacer un punto y aparte, buscar en otro lado. A lo irrepresentable se une lo indecible. Minima moralia.

Se lo dirá Louisa: “eres otro hombre, un hombre muy frío“. Simon es el hombre que observa los videos para buscar la inseguridad en los gestos de los candidatos, analiza el “rendimiento“, “condena” los malos actos, controla la “mercancía“. El hombre que se echa el pelo hacia atrás, se afeita, que viste con colores oscuros, que siempre parece estar resfriado, que rechaza la comida.

Palabras que se expulsan de la boca como el humo de las chimeneas contamina el cielo de Europa. Con respecto a la Francia de La blessure, en el cierre de la trilogía de lo contemporáneo (formada también por Paria, 2000) hay una reducción del espacio (la fábrica, la historia del relato), pero también una apertura (el continente, la gran Historia). Esta es la brutal ambición de La cuestión humana: exilio, deportaciones, condiciones de trabajo, éxodo. Relaciones de cautiverio en sus diferentes formas.

Perceval ancla su guión al presente, añade las variantes musicales e introduce subtramas surrealistas que Klotz filma en brillantes performances en la llegada de la mañana (limpiar la herida de la piel “manchada“, sustituir el alcohol concentrado en el hígado por el etílico, dejar que los cuerpos se tumben en el suelo, a la salida de la rave o en un portal, cuando no pueden soportar el cansancio).

Pasar de un pasaje a otro en un estado de hipnosis. Filme-experiencia. Lugares inciertos, en medio de ninguna parte, a los que no sabemos cómo hemos llegado. Huecos rellenados por la música de Syd Matters, “Like Horses, Like Humans, Like Maybe“. Desplazamiento hacia la abstracción mediante la pista de sonido. Es la potencialidad siniestra de una película que hace que nos miremos la mano para descubrir un punto rojo en la yema de los dedos. Cuando Arie Neumann diga sus palabras y comience el último concierto en el campo, Simon verá nítidamente las imágenes “de la puerta metálica al retirar la tranca“. Nitidez, pantalla en negro, como la masa de cuerpos. A estas palabras, no les deben corresponder ninguna imagen. La lucha desarrollada entre ambas, palabra e imagen, durante el film, cesa. La palabra prudente, dolorosa, liberada, en soledad, resiste:

Moisés, Moshe, mi hermano, Roberto, mi padre, Armand, Miguel, Amos, Hannah, Samuel, Stücke (pedazos), mi madre, mi amor, pedazos, mi hermana, Simón, Magdalena, cada uno de esos cuerpos emergiendo de ese vasto mar desnudo, para caer uno sobre los otros, a pares, en bultos, en el agujero oscuro de la mina. Oscuridad. Un mar de cuerpos enterrados, engullidos“.

La Cuestión Humana de Nicolas Klotz en Intermedio DVD

La Cuestión Humana de Nicolas Klotz y Elisabeth Perceval en Tienda Intermedio DVD

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