Casa de tolerancia. L’Apollonide. Conversación entre Laure Adler y Bertrand Bonello (1)

El día 24 de agosto se estrena en España Casa de tolerancia. L’Apollonide, de Bertrand Bonello. Con este motivo proponemos una conversación que sobre el origen y la realización de la película mantuvieron Laure Adler y Bertrand Bonello. 

GÉNESIS:

Laure Adler: ¿Cómo le entraron ganas de hacer una película sobre lo que en un tiempo se llamaron «casas de tolerancia»?

Bertrand Bonello: Hace diez años quise hacer una película sobre la reapertura de burdeles hoy en día. Luego abandoné la idea. Después de rodar De la guerre (De la guerra), mi anterior película, realmente quise hacer una película con un grupo de chicas, sobre la dinámica de un grupo. Fue mi compañera, Josée Deshaies, quien es también mi directora de fotografía, quien me sugirió que volviera a la idea de los burdeles, pero tratándola desde un punto de vista histórico. Luego empecé a documentarme y me encontré con su libro [La vie quotidienne dans les maisons closes 1830-1930], el primero que leí  sobre el tema. Me interesan los mundos cerrados. Todo mundo cerrado puede convertirse en un mundo ficticio, un mundo para el cine. Después decidí trabajar entre el documento y la ficción, entre la crónica y lo novelesco.

La prostituta siempre nos ha sido presentada a través de los ojos de los hombres: la mayoría fueron pintores o escritores que iban a los burdeles y volvían a casa para pintar un cuadro o escribir un libro. Es muy difícil encontrar el punto de vista de la propia prostituta.

L. A.: ¡Así que ellas se nos escapan! Mejor así. Pero también se nos escapan realmente cuando están vivas.

B. B.: Hay algo profundamente misterioso en ellas, razón por la que son un personaje de ficción recurrente en la historia del arte. La primera película en la que aparece una prostituta data de 1900. Apenas se había inventado el cine y la prostituta ya se había convertido en un personaje.

LA CASA DE TOLERANCIA:

L. A.: Usted describe admirablemente el hecho de que el burdel es un lugar para la sociabilidad. Es decir, que antes de subir a las habitaciones, se espera, se habla, se bebe.

B. B.: Muchos hombres ni siquiera suben, sólo vienen a tomar una copa.

L. A.: Lo que es realmente muy interesante en su película es que, por un lado, está el espacio de arriba y, por otro, el de abajo. Éste es un espacio suntuoso, un bello entorno que resalta la belleza de esas mujeres jóvenes que están allí para saciar los apetitos de los burgueses. Pero el burdel es también una prisión. Está el espacio de arriba, donde viven miserablemente y el de abajo, sonde están obligadas a interpretar su papel. ¿Cómo se las ha arreglado para invitarnos a este viaje al tiempo onírico y real en este espacio cerrado que es el burdel?

B. B.: Le decía a las actrices: «Sois actrices que salís a escena en un teatro». Intenté dividir el espacio en tres partes: los salones, las habitaciones y lo que yo llamo «la cocina». Quería mantener un equilibrio y no tener preferencias. Conseguimos rodar en un único decorado. Así, en un mismo plano pasamos de las buhardillas en las que ellas duermen, al pasillo que conduce a las habitaciones en las que trabajan, mucho más lujoso. Quería demostrar que ambas cosas conviven juntas, que sólo una puerta de distancia las hacía pasar de vestir un simple camisón a unos vestidos espléndidos y un montón de joyas de ensueño. La película trata sobre los contrastes.

VER Y SER VISTO:

L. A.: Un personaje muy enigmático, al que le sucede algo terrible, abre y cierra la película. Como ocurre a menudo en sus películas, se aborda la cuestión de ver y ser visto.

B. B.: Es también la relación entre la mente y el cuerpo, cómo éste afecta a aquélla. Creo que las películas de Cronenberg marcaron mi vida, pues él no habla de otra cosa: de cómo la relación con el cuerpo afecta al espíritu, hasta la locura. Vuelvo ahora a este personaje: cuando estaba escribiendo el guión soñé dos o tres veces seguidas con The Man Who Laughs (El hombre que ríe), una película de los años veinte, una adaptación de una obra de Victor Hugo. Así que me dije que intentaría inventar a la Mujer que ríe.

L. A.: Su película es una mise en abîme cinematográfica.

B. B.: Josée Deshaies también piensa que mis películas no son más que eso. Es cierto que podemos decir que el personaje interpretado por Noémie Lvovsky soy yo, el metteur en scène [director], quien dirige esa casa en la que ella, como yo, diseña su decorado; pide ayuda al prefecto, como yo se lo pido al Centro Nacional de Cinematografía mientras que el cliente es, quizás, el espectador.

L. A.: Supongo que no es casualidad que los principales personajes, como la madame de la casa de tolerancia  y  también los clientes más importantes, estén interpretados por cineastas.

B. B.: ¡Me di cuenta demasiado tarde! Fue un poco por casualidad. De golpe, estábamos en una habitación y nos dimos cuenta de que éramos unos diez. ¿Por qué tantos directores de cine? No lo sé, debía de ser también mi manera de hablar sobre el cine.

Continuará…

Conversación entre Bertrand Bonello y Laure Adler Abril 2011

Casa de tolerancia. L’Apollonide. Estreno en España el 24 de agosto de 2012. Distribuida por Intermedio. 

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